Señor Director:

Desde su presentación, el nuevo sistema de Financiamiento de la Educación Superior (FES) ha sido objeto de numerosas críticas y estudios que han dejado en evidencia las debilidades de su diseño. El proyecto se sostiene sobre supuestos poco realistas, que ignoran comportamientos previsibles como la búsqueda de alternativas o la respuesta oportunista de los estudiantes que necesitan financiar sus estudios. Diversas pruebas de sensibilidad y proyecciones más realistas coinciden en un diagnóstico: el FES sería un sistema fiscalmente insostenible, que aumentaría la segregación en la educación superior y generaría un alto costo para el Estado en un momento en que la situación fiscal es especialmente estrecha.

Frente a esta avalancha de observaciones críticas, el Ministerio de Educación ha propuesto introducir copagos dentro del nuevo esquema, intentando así responder a una de las múltiples objeciones al proyecto. Sin embargo, las deficiencias del FES trascienden este punto: son estructurales y de fondo. Creer que el sistema puede corregirse mediante ajustes marginales o cosméticos es desconocer que el problema está en su concepción misma. Por lo tanto, el debate ya no debiera centrarse en cómo modificar el FES para hacerlo aprobable, sino en qué tipo de sistema realmente necesitamos para reemplazar al CAE.

El actual Crédito con Aval del Estado (CAE), con todas sus limitaciones, posee virtudes esenciales. Permite que los estudiantes financien sus estudios pagando efectivamente lo que su carrera costó, bajo una tasa de interés baja del 2%. Aún así, tiene problemas que hoy representan una carga significativa para el fisco, en especial en el contexto de un presupuesto público ajustado. Dos son los principales: primero, que el CAE no se cobra efectivamente; segundo, el creciente desinterés de las instituciones financieras por seguir participando en el programa.

Ambas falencias, sin embargo, pueden resolverse con medidas simples, sin necesidad de adoptar un sistema completamente nuevo. Algunas de las ideas que se han planteado en el debate -como que la recaudación la realice el Servicio de Impuestos Internos o que el financiamiento provenga directamente del fisco en lugar de la banca- no son atributos propios del FES, sino mecanismos administrativos que podrían incorporarse perfectamente a un sistema contingente al ingreso.

En síntesis, no se trata de rescatar ni “mejorar” el FES, sino de mantener la estructura correcta de un sistema de crédito contingente al ingreso, y complementarla con ajustes de implementación que lo hagan más eficiente en su operación y más justo en su cobro. Solo así podremos avanzar hacia un esquema de financiamiento que combine responsabilidad fiscal, acceso equitativo y sostenibilidad en el tiempo.

Francisco Rosende J.

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.