Sr. Director:
No suelo responder a cartas de opinión política, pues respeto que cada quien tenga su visión. Sin embargo, me encontré con una carta firmada por otro Roberto Munita (de segundo apellido Herrera), y dado que no comparto su tesis, decidí ofrecer un contrapunto, siempre desde el respeto… un amistoso “Munita versus Munita”.
No comparto la idea de mi tocayo de que la centroderecha vivió un drama electoral. De hecho, creo que el balance del domingo fue bastante positivo. La oposición incrementó sus gobernaciones de una a seis, y dio batallas importantes en regiones clave, como la Metropolitana, donde hace meses se anticipaba un arrasador triunfo de Claudio Orrego en primera vuelta.
Además, de los diez gobernadores que ganó el oficialismo, nueve buscaban la reelección y sólo uno es un rostro nuevo: René Saffirio. Esto refleja un déficit en la capacidad del oficialismo para generar nuevos liderazgos regionales, lo que debería generar al menos una preocupación en la izquierda y la centroizquierda.
Creo que la lectura que han hecho varios (no sólo mi homónimo) de que a la derecha le fue mal, se olvida el hecho de la elección de gobernadores está marcada por criterios locales y de gestión: de los 13 gobernadores que postularon a la reelección, nueve ganaron (todos oficialistas), mientras que cuatro perdieron (uno de derecha y tres de izquierda). Es evidente que el electorado priorizó la gestión sobre afinidades políticas y que hubo bastante voto cruzado, como lo demuestra la región de Antofagasta, donde en la capital regional triunfó la centroderecha, pero en la disputa por la gobernación avanzaron dos figuras de izquierda.
Por supuesto, no se trata de ser autocomplaciente: la oposición tiene lecciones que aprender; no fue un triunfo abrumador, pero tampoco hay espacio para el derrotismo. Al contrario, los resultados de esta segunda vuelta dejan pistas valiosas para que la centroderecha afronte el próximo ciclo electoral con mayor claridad y estrategia.
Roberto Munita Morgan

👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻