Señor Director:

El nombre de la operación “Cancerbero», referida al traslado de los presos de alta connotación delictual a la cárcel de Talca, no le hace justicia conforme es el objeto de la reclusión y de la condena. La misión del perro, en la mitología griega, era impedir la salida y la entrada de los habitantes del inframundo.

Acertada o no su denominación, la acción del Ejecutivo parece ser la correcta.

No han faltado, debido a que el traslado se hizo público, las críticas superficiales, desubicadas y torpes de los que no han sido capaces de mover un dedo para humanizar las cárceles. 

«Si los perros ladran, Sancho, es señal que avanzamos».

El traslado de los presos, de manera transparente y sin ocultamientos, habla de tomar en serio el tema carcelario. Con ello se espera terminar con la tiranía de gendarmería que hace creer que son los únicos que saben de rehabilitación.

En ese mismo sentido, ahora, vuelven las esperanzas para las organizaciones civiles, reconocidas y calificadas, para que desplieguen sus conocimientos exitosos, con voz y voto, en tareas rehabilitadoras y de recuperación social con los internos.

Al fin alguien se hace cargo del desorden y de la manipulación arbitraria en este ámbito. Dura será la tarea del gobierno para erradicar y eliminar la corrupción, las colusiones, el hacerse los desentendidos, el laissez-passer, ello orquestado, muchas veces, por algunos uniformados de gendarmería. 

Segregar a los más comprometidos delictualmente entraña esperanza, nuevos horizontes y sobre todo oportunidades para su recuperación.

Hablamos de hacer realidad el que puedan nacer de nuevo, encender la mecha humeante, volver a sentir el primer abrazo materno, escuchar su canción profunda, recordar las campanadas de la iglesia de su pueblo, la mirada de la abuela, el pan en la mesa familiar.

Tenemos a un ser humano que se extravió entre los afanes y sus miedos, por sus hambres o el deseo de comprar zapatillas en las tiendas a precios inalcanzables. Siempre fue un niño que lo perdió, la madre o él, quien le soltó la mano.

A aquel, tenemos el deber de encontrar y devolverlo libre a la comunidad, educado y capacitado. Sólo así se evitará convertir el traslado de los internos a ese lugar en un vertedero humano o en un campo de exterminio.

Notable sería para cautelar el fin último de toda condena, que en Talca se formara una comisión de personas reconocidamente probas para que visiten a los encarcelados periódicamente y se mantengan alertas ante cualquier distorsión del espíritu rehabilitador, el que siempre debe primar entre los privados de libertad.

Cuidar y proteger la dignidad humana y todo lo que deriva de ella es un derecho incuestionable constitucional (Cap. III, art, 19), y sagrado.

Sería una señal potente que integrara la comisión el señor Obispo, don Galo Fernández.

Pbro. Nicolás Vial Saavedra – Presidente Fundación Paternitas 

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1 Comment

  1. Un tanto confuso el artículo. Primero apunta a que está conforme, ya que da oportunidad a que en las otras cárceles poder recuperar al joven que extravió el camino. Luego gira y su preocupación es por criminales en cárcel de Talca. Estimado, los presos narcos y crimen organizado no tienen rehabilitación, nunca. Trabaje por su gente humilde que cayó en desgracia inducido por los subhumanos de prisión de Talca

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