Señor Director:

Chile enfrenta una crisis de natalidad histórica, con una Tasa Global de Fecundidad de 0,97. Según el INE, en 30 años los nacimientos han caído un 47%, la caída más brusca del mundo. Hay menos embarazos, menos niños, nacen más tarde y llegan fuera del matrimonio porque la gente no se casa, 75% nacen fuera del matrimonio.

Las causas pueden ser muchas y complejas. Aspiraciones de desarrollo personal y mejor estándar de vida. La percepción de que no existen condiciones económicas ni sociales seguras para tener hijos. Temor a no poder acceder a una vivienda y tener recursos para educar a sus niños. La alta carga de responsabilidad maternal que recae desproporcionadamente en las mujeres, lo que impacta negativamente en su inserción laboral.

La maternidad también ya no es vista sólo como una etapa obligatoria de la vida, sino como un proyecto opcional condicionado por el estilo de vida actual. Hay cambios culturales fuertes y marcados.

Sin entrar a discutir temas valóricos, éticos, morales o religiosos, me gustaría saber cuánto habrá influido en la situación actual las políticas públicas anticonceptivas incluyendo, pastillas, inyecciones, preservativos, dispositivos intrauterinos, la «píldora del día después» y la lucha y la presión por legalizar el aborto a todo evento (considerando las cifras negras desconocidas, no las oficiales que son bajas). Hasta la esterilización masculina.

No se discute la libertad ni el derecho a garantizar el acceso universal, gratuito y confidencial a métodos de planificación para proteger la autonomía reproductiva, pero otra cosa es promoverlos como adoctrinamiento, a tal punto que estamos donde estamos.

Una sociedad que lucha por el aborto, defiende a las lagartijas, las arañas, los sapos, los perros asilvestrados, etc… pero no tiene contemplación con un inocente en el vientre de su madre, está perdida, a la deriva o cayendo por el precipicio, sin darse cuenta.

¿Qué podemos hacer como sociedad para recuperar el valor y el coraje que requieren la maternidad, la paternidad y la familia? ¿No será que también puede haber políticas que desincentivan el matrimonio y/o la unión civil porque las personas pierden beneficios si contraen vínculos?

Tenemos que volver a recuperar la fe, la esperanza, la austeridad y la sencillez. Antes teníamos mucho menos, Chile hasta el año 85 era un país pobre, pero lleno de niños, las cosas se iban arreglando por el camino, no había que tenerlo todo para poder casarse y recibir a los niños.

La aprobación de la ley de sala cuna universal es una buena señal para comenzar a detener y a revertir como sociedad esta grave y preocupante realidad que ya no da para más.

Josefina Sutil Servoin

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2 Comments

  1. Excelente análisis este de Josefina Sutil. Pone el dedo en la llaga. Detrás de la crisis de natalidad por la que atraviesa Chile, y que pone en riesgo su sobrevivencia, puede haber motivos plausibles; pero, fundamentalmente, lo que hay es la campaña demoledora que se inició hace cerca de 60 años para imponer las píldoras anticonceptivas. Ellas venían de ser descubiertas y el Papa Paulo VI, en la encíclica Humanae Vitae levantó su voz advirtiendo las nefastas consecuencias que podían seguirse de su consumo masivo. A pesar de denominarse «cristiano», el gobierno de entonces (Eduardo Frei Montalva) hizo caso omiso de las enseñanzas del Papa activando una abrumadora campaña anticoncepción. A eso se ha añadido en tiempos más próximos la destrucción del matrimonio como unión de por vida entre un varón y una mujer con el fin de procrear y, lo que es más grave, la propaganda proaborto. Si queremos recuperar la natalidad en Chile es perentorio recuperar una cultura que le sea amigable y, para eso, hemos de combatir estas tendencias que desgraciadamente se han impuesto en las últimas décadas y cuyas consecuencias hoy padecemos.

    Gonzalo Ibáñez S.M.

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