Señor Director:
El aluvión del jueves 8 de octubre en Las Condes nos dejó imágenes duras, pero también otras que vale la pena guardar: jóvenes, vecinos, conductores, bomberos y carabineros metidos en el barro para sacar a desconocidos de autos atrapados. Nadie preguntó sus nombres ni si eran de Las Condes o no. Simplemente ayudaron.
Esa escena dice algo sobre Chile que a veces olvidamos: nos necesitamos. La solidaridad no es sólo un gesto durante una emergencia. Es la misma lógica que sostiene una economía productiva, donde el trabajo de cada uno depende del de otros y donde la confianza es el activo más valioso. Un país que coopera crece.
Por eso duele ver circular memes que se burlan de los afectados, como si vivir en determinado barrio los hiciera indignos de empatía. Parece una triste necesidad de dividirnos entre buenos y malos.
Ese día el barro no distinguió entre unos y otros, y los que ayudaron tampoco. Quizás ese sea el país que nos cuesta ver, y el que vale la pena construir.
Catalina Cabello R.

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Efectivamente indicas lo positivo y lo negativo de estas jornadas de solidaridad. También no toda la prensa a la altura de las circunstancias.
Así es sin embargo nunca faltan los resentidos