Señor Director:
En la ya eterna discusión política sobre una necesaria reforma previsional, podemos encontrar, con matices, un punto común: hay que reformar el sistema de pensiones… lógico, como diría el humorista Iván Arenas (Profesor Rossa).
En cuanto a los avances, la mesa técnica convocada por el Gobierno y la Comisión de Trabajo del Senado entregó un informe con recomendaciones de aspectos a cambiar en el proyecto de ley que hoy se encuentra en tramitación. Además, lo que más ha destacado en la semana es la situación de la competencia en el sistema de pensiones, donde la “licitación de stock de afiliados antiguos”, medida empujada por el economista Salvador Valdés durante casi 20 años, con una regulación e institucionalidad bien hecha, incentivaría a que entren nuevos inversores privados y empujen a la baja las comisiones a pagar a las AFP. Esto último se ve como algo necesario debido a que el sistema se ha vuelto caro para el nivel de rentabilidad que han tenido los multifondos, con rendimientos decrecientes, y donde las cotizaciones van tomando cada vez más peso en la pensión que la rentabilidad, de acuerdo al último cálculo de la Superintendencia de Pensiones.
Para sorpresa de nadie, las AFP y un sector de la derecha se oponen a mejorar el sistema desde la perspectiva de la competencia. Sus críticas más acertadas al proyecto de ley del Gobierno están en las propuestas de separar la industria, destinar la mayor parte del 6% de cotización adicional a reparto y también la falta de incentivos al empleo formal. Sin embargo, esa consistencia se pierde en las críticas a la licitación de stock de afiliados antiguos, medida compleja de implementar por el nivel de regulación requerida, atacada con ideas vacías como la “cercanía con la sucursal”, “libertad de elección” o “lo barato cuesta caro” (respecto a la comisión), mostrando una defensa al negocio de las AFP y no a la capitalización individual. Además, insisten con el slogan “tu pensión es 70% rentabilidad y 30% cotización”, asumiendo que ello aplica a todos los afiliados e ignorando la mala combinación entre rentabilidades decrecientes, ingreso promedio bajo y los altos costos del sistema. ¿Para qué cotizar en una AFP cara si ello no se traduce necesariamente en un buen servicio y en buenas rentabilidades como alardean algunos?
Es de esperar que lo logrado por la mesa técnica de pensiones del Senado genere un cambio en los atrincherados políticos de izquierda y derecha, y que el Gobierno vaya dándose cuenta de que su proyecto original de reforma previsional era mediocre. También es de esperar que una buena reforma signifique una caída en las comisiones obligatorias a pagarle a las AFP, aunque también es esperable que el lobby feroz de la Asociación de AFP y personajes de derecha ligados al grupo sigan defendiendo sus intereses por sobre la capitalización individual.
Felipe de la Fuente Benítez
Lo caro no siempre es sinónimo de bueno
Por Felipe de la Fuente Benítez
