Señor Director:
En Chile y en América Latina, el rol de los padres en el cuidado temprano ha cambiado, al menos en el discurso. Hoy se espera que los hombres participen activamente en la crianza de sus hijos desde el nacimiento. Sin embargo, esta expectativa no ha sido acompañada por transformaciones equivalentes en los sistemas de salud, las políticas públicas ni las prácticas cotidianas.
En la práctica, los sistemas continúan operando bajo un modelo centrado exclusivamente en la madre. Las prestaciones de salud, los espacios clínicos e incluso las políticas de cuidado no consideran de manera sistemática la presencia del padre. Por ejemplo, el permiso de paternidad sigue siendo limitado y poco utilizado, en parte debido a culturas laborales que desincentivan su uso.
Esto genera una paradoja: se espera que los padres participen, pero no se les entregan las condiciones para hacerlo. Luego, su baja participación se interpreta erróneamente como falta de interés, reproduciendo así su exclusión. Esta brecha no es menor. Cuando los hombres no son considerados actores relevantes en el cuidado temprano, se pierden oportunidades clave para fortalecer el desarrollo infantil.
La participación paterna no es una cuestión individual —de motivación o voluntad—depende en gran medida de factores estructurales. Políticas de corresponsabilidad, prácticas clínicas inclusivas y reconocimiento institucional son determinantes para que los hombres puedan ejercer plenamente su rol de padres.
Avanzar hacia un sistema que realmente incluya a los padres requiere fortalecer a las familias en su conjunto. Reconocer a los hombres como cuidadores legítimos no es solo una cuestión de equidad, sino una inversión en el desarrollo y bienestar de las nuevas generaciones.
Daniela Aldoney y Soledad Coo – Investigadoras Facultad de Psicología. Universidad del Desarrollo
