Señor Director:

No cabe duda que tanto el Ministro de Justicia y de DD.HH. con sus subsecretarios, como el alcalde de Santiago tienen las mejores intenciones en cuanto a que se evite un estallido carcelario y cualquier conflicto asociado, debido a la bomba de tiempo producida por el gravísimo hacinamiento del cuadrante Pedro Montt en donde se cuestiona la ampliación de Santiago 1.

No olvidemos que ello también es un problema que afecta, si no a todas, a una inmensa mayoría de los centros penales del país.

Creo que los actores del desencuentro no están equivocados en sus planteamientos, pero tal vez mal enfocados.

Por un lado, es importante y urgente terminar con esa sobrepoblación y, por otro, una vez construida la ampliación, los temores son que se vuelva a la perversión degradante y deshumanizante de siempre.

En los próximos meses, y antes de terminada la anunciada ampliación, esperada para el 2030, saldrán en libertad unos 17.000 sujetos que cumplirán sus condenas. Ello dejará un número de plazas importante a ocupar.

Lo de fondo, y parecería lo más razonable, sería que se adelante la salida de la libertad para aquellas personas que mantienen las fechas más cercanas al cumplimiento de su pena. Eso, de manera progresiva, hasta extinguir con el último candidato que, por ley, inexorablemente, tendrá que egresar.

Para este proceso, en el caso de anticiparlo, el mejor indicador para una salida adecuada, bien informada, analizada y responsable, debería ser la conducta intachable del interno durante el tiempo de reclusión, junto a otros elementos potenciadores que justifiquen esta emergencia carcelaria.

En el mismo sentido, se podría pensar en la opción que se hizo para los tiempos de pandemia. Es el indulto conmutativo. Se trata de cambiar la pena restante de privación de libertad en la cárcel por el arresto domiciliario 24/7 con vigilancia telemática.

Por otro lado, aunque sea más compleja, tenemos la polémica propuesta de ley, que duerme pacíficamente en el Congreso, y que de aprobarse podría beneficiar a unas 12.000 personas, todas ellas con enfermedades crónicas severas, invalidez, fases terminales o quienes cuentan con 80 años o más.

Hay que concentrarse en el problema de fondo y no solamente en la forma del manejo del hacinamiento. Impidamos, a toda costa, ahora, la anunciada explosión carcelaria con consecuencias inimaginables.

De concretarse lo expuesto, y en el más corto plazo, se podrían crear miles de nuevas plazas. Posterior a eso, trabajemos para construir la nueva «era» carcelaria. Es decir, la conversión de todas las cárceles en exitosos Centros de Educación y Trabajo (CET).

Lo anterior, más la atención espiritual y médica, con espacios dignos y el trato humano que corresponde, se terminará con más de una centuria de la podredumbre y nacerá, al fin, la primavera de la reinserción para todos los privados de libertad.

¿Primará la cordura, la razón y el sentido común?

Pbro. Nicolás Vial Saavedra – Presidente Fundación Paternitas

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