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Publicado el 27 de octubre, 2014

Ricardo López Murphy: “Las expectativas favorables sobre Chile han disminuido y eso me parece un costo enorme”

Autor:

Renato Gaggero

En entrevista con “El Líbero”, el ex candidato presidencial de Argentina se refiere a la situación chilena y augura la derrota electoral del kirchnerismo.
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Renato Gaggero

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Desde Reñaca, hasta donde llegó la semana pasada para participar como charlista de un seminario organizado por el Cato Institute y la Fundación para el Progreso, el ex candidato presidencial de Argentina, Ricardo López Murphy, repasa en exclusiva con “El Líbero” el panorama actual de Chile y los cambios que impulsa el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet: “Yo tiendo a tener una visión muy valiosa de la experiencia chilena y me llama la atención cuán subestimada está por los propios actores del país”, dice de entrada. “Los humanos siempre tienen la tentación de hacer el paraíso en la tierra y eso yo lo veo muy peligroso”, agrega.

Respecto de la situación de Argentina, quien fuera ministro de tres carteras en el gobierno de Fernando de la Rúa aventura una derrota del kirchnerismo en las próximas elecciones, aunque advierte que “será muy traumático el proceso de superación de este experimento. Creo que va a quedar un recuerdo terrible y que vendrán unos años dificilísimos en Argentina”.

– ¿Cómo se ve desde el extranjero el giro que ha dado Chile desde marzo hasta ahora? Algunos en el oficialismo han planteado que hay que avanzar en las modificaciones al modelo económico y social pasando una aplanadora o una retroexcavadora.

– En general, la idea de la aplanadora no es un buen criterio y en general la idea de crear consensos y de avanzar por acuerdos e ideas muy potentes de la sociedad pluralista me parece que es mejor. Seguramente hay insatisfacciones y cosas por corregir como ocurre en todas las sociedades, pero espero que se actúe con la lógica de consensos. En el caso de Chile, como ha funcionado esa forma de manera tan exitosa, yo sería muy cauteloso. ¿Y qué quiere decir exitosamente? Cuando usted compara con el resto de Latinoamérica, que son los países parecidos sociológica y étnicamente, a ustedes les ha ido muy bien, entonces no arreglen lo que funciona… esa es un regla que yo he adoptado hace muchos años. Me parece que hay que preguntarse qué hay que mejorar, y ahí hay cosas que parecen razonables y a veces hay sueños de carácter mesiánico. Los humanos siempre tienen la tentación de hacer el paraíso en la tierra y eso yo lo veo muy peligroso.

– ¿Es la economía de Chile, como lo dijo el Financial Times la semana pasada, el mejor ejemplo de la “nueva mediocridad”?

– Yo veo que Chile tuvo una performance económica formidable cuando uno lo compara con el resto de los países latinoamericanos en muchas dimensiones: en crecimiento per cápita, en la dimensión de la calidad institucional, en los resultados sociales. Yo siempre comparo los resultados educacionales de Chile con los resultados de Argentina y nuestro sistema muy estatista ha tenido resultados catastróficos en términos de resultados en la pruebas PISA y nosotros superábamos marcadamente a Chile y ahora estamos marcadamente rezagados. Entonces, me parece que en términos de resultados económicos, institucionales, sociales, de comportamiento, de moral y decencia pública, el régimen chileno ha sido ejemplar. Yo tiendo a tener una visión muy valiosa de la experiencia chilena y me llama la atención cuán subestimada está por los propios actores chilenos. Probablemente hay un momento en que se alcanzan ingresos medios –Chile debe estar cerca de los 20 mil dólares de ingreso per cápita- donde se producen tensiones por una mayor igualdad de resultados y a veces esa búsqueda crea limitaciones a la innovación y la competencia. Espero que esa tensión la resuelvan inteligentemente.

Me parece que detrás de la idea de la mediocridad está algo como ‘hagamos una sociedad de resultados más parejos aunque eso implique menor performance’ y yo no sé si eso es una buena combinación. Yo estaría más interesado en hacer ese experimento con 40 mil dólares per cápita que con 20 mil.

– ¿Cree que el paquete de reformas estructurales que impulsa el Gobierno va a hacer que Chile tenga un retroceso?

– Todas las reformas en un país exitoso tienen que tener el test de su eficacia. La pregunta es, ¿ese test se va a cumplir o no se va a cumplir? Yo creo que el sistema tributario chileno había generado dos cosas muy importantes. En primer lugar, un volumen de ahorro institucional muy grande y, en segundo lugar, había generado un liderazgo empresarial no prebendario, es decir, capitalista, innovador, no acostumbrado a un régimen de un asilo o de una incubadora, sino un régimen abierto y competitivo. Yo no me animaría a dar un juicio definitivo sobre la reforma tributaria sino que diría ‘en qué medida esto ha estado afectando, en qué medida el costo de generar esos desincentivos se va a traducir en una menor tasa de crecimiento que produzca un desánimo colectivo’. Yo en ese sentido sí he notado que las expectativas favorables sobre Chile han disminuido y eso me parece un costo enorme. No lo atribuyo a la reforma exclusivamente, pueden estar jugando distintas razones, pero me parece que sí es un punto.

En materia de reforma educacional, el régimen que yo conozco y que es muy malo es el de Argentina, que ha producido un enorme gasto presupuestario –tenemos un gasto que excede a todos los otros gastos de los países desarrollado y subdesarrollados- y los resultados son catastróficos. Entonces, yo algo que no haría en Chile sería el régimen argentino. Ahora, ¿cuál es la lógica de la reforma? ¿La lógica es mejorar la calidad, es mejorar la cobertura del régimen, es crear las oportunidades de movilidad social adecuadas? Yo me haría esas preguntas.

– ¿Por qué el modelo argentino de educación superior gratuita no se debe imitar? ¿Cuáles han sido los costos?

– Nuestros graduados son muy caros, tenemos muchos estudiantes, pocos graduados, carreras muy largas, muy baja productividad y en general ha habido unos problemas organizativos y un desperdicio extraordinario. Me da la sensación de que ese modelo funciona muy mal, no ha habido incentivos a mejorar, hay universidades que tienen unos indicadores catastróficos y sólo pueden funcionar porque viven de un subsidio estatal. El hecho de que el usuario del servicio no controle el servicio es un problema de incentivos brutal.

– Perú ha tenido un rol relevante en la región a nivel económico…

– Ha crecido mucho, ha mejorado enormemente su calidad institucional, sus resultados sociales. Yo creo que Perú copió en gran medida los logros de la organización económica chilena y le ha dado un gran resultado. Me da la sensación de que ahí ha habido una gran modernidad, aunque también con circunstancias externas favorables, pero han capitalizado una profunda transformación, lo mismo que Colombia, lo mismo que México. Todo lo que es la Alianza del Pacífico ha tenido una actitud muy inteligente y constructiva. Me parece que el que más disfrutó de eso fue Chile y entendió que el baricentro había cambiado del Atlántico y de Europa hacia el Pacífico y eso fue una gran lucidez.

– ¿Y el surgimiento de estos liderazgos en la región no han opacado el rol estelar que ha tenido Chile en las últimas décadas?

– No, porque en general la percepción que todos tenemos es que el país donde mejor funcionó el esquema fue en Chile. Yo le confieso una cosa. Yo venía a Chile en los años ochenta y llegaba a Pudahuel y me parecía un aeropuerto de provincia de Argentina. Hoy llego a Pudahuel y el cambio es dramático respecto de Ezeiza. Antes uno salía de Ezeiza y llegaba a Pudahuel a una sociedad mucho más pobre, y ahora es al revés. Uso ese ejemplo también para los hoteles. Cuarenta años atrás no había un hotel bueno y hoy es una cosa extraordinaria, lo mismo que las autopistas. A mí no me han contado los cambios de Chile, a lo largo de mi vida personal los he visto y han sido dramáticos y creo que esa es una información muy importante.

– En 2011, con el surgimiento de las marchas y cuando comenzó a manifestarse una suerte de malestar social, algunos intelectuales de izquierda acuñaron la frase de que el modelo de desarrollo de Chile se había derrumbado y que había que cambiarlo…

– Bueno, no da la sensación de eso, viendo de afuera uno tiende a la visión de que Chile ha sido muy exitoso.

“En Argentina estamos metidos en un lío impresionante”

– ¿Cuál es el panorama argentino de cara a las elecciones presidenciales del próximo año?

– Argentina está en una crisis muy grave de carácter económico y social, su PIB está cayendo, tiene una crisis en su sector industrial y en su empleo, tiene un enorme agujero fiscal, tiene una tasa de inflación de más del 40%, tiene unas crisis de pagos externos extraordinaria, tiene una crisis, yo diría, parecida a la venezolana, pero menos grave. Este ha sido un experimento fallido, catastrófico, que se construyó bajo las mejores circunstancias que tuvo Argentina en su historia. Entonces, si con las mejores circunstancias hemos terminado con estos resultados, a mi me parece que el juicio es contundente. Creo que vamos a una crisis muy profunda, la cual ha creado un daño estructural muy grande porque el país se ha descapitalizado de manera abrumadora en su energía, en su infraestructura, en su seguridad social. Estamos metidos en un lío impresionante y creo que va a ser muy traumático el proceso de superación de este experimento. Creo que va a quedar un recuerdo terrible y que vendrán unos años dificilísimos en Argentina.

– ¿A nivel político, ve opciones reales de que el sector que hoy gobierna Argentina salga derrotado en las elecciones?

– El gobierno debe tener hoy un 25% de apoyo y creo que está fuera de duda que va a tener una derrota impresionante. Pero que tenga una derrota no quiere decir que los otros estén en condiciones de formular una opción, porque están muy fragmentados, tienen a veces una lectura muy superficial de las cosas. Por ejemplo, los líderes opositores dicen que no van a cambiar nada, entonces ¡para qué los van a elegir!, tienen un temor enorme a la opinión pública, me parece que no hay una comprensión cabal del fracaso que tenemos.

– ¿Usted ya está retirado de las elecciones o no descarta a futuro ser una carta presidencial, como ya lo ha sido anteriormente?

– Yo no creo en eso que usted se descarta o no, eso depende de la opinión pública. Yo hoy no veo que tenga los recursos económicos y organizacionales para una competencia, pero si la opinión pública virara hacia mis posiciones y mis encuestas fueran bien, no se preocupe que me voy a poner el overol de combate. Pero no lo digo con cinismo, lo digo con realismo, o sea uno elige participar y después tiene que ser elegido y ese proceso no es tan sencillo. Yo ya competí cuatro veces en Argentina, es difícil que tenga una oportunidad adicional, pero no me he retirado. Si se diera, si ocurrieran las circunstancias que me permitieran hacer un aporte, yo siempre he tenido una gran vocación de servicio. Aunque yo diría que mi gran preocupación actual es la del debate cultural y el debate político más que la del debate electoral.

 

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