En “Sebastián Piñera, del gobierno a la historia”, Alejandro San Francisco recorre los objetivos y resultados de la administración saliente. Recuerda cómo la noche del 17 de diciembre de 2017, tras el triunfo de Piñera en la segunda vuelta presidencial, “todo parecía ir bien encaminado”… y cómo luego todo empezó a cambiar. “El 18 de octubre se produjo el ‘estallido social’, como fue rápidamente bautizado un proceso que nació con una violencia extrema, que se expresó en la destrucción de numerosas estaciones de metro. El tema era mucho más profundo: se había iniciado una verdadera revolución, y rápidamente dirigentes comunistas pidieron la renuncia del Presidente, surgieron demandas sociales y constituyentes, todo en medio de una movilización pocas veces vista. Ese 18 de octubre se acabó, de hecho y políticamente, el gobierno de Sebastián Piñera, aunque extendiera su administración hasta el 11 de marzo de 2022”.

Para el historiador, el segundo gobierno de Piñera culmina con dos legados objetivos, aunque no fueran ni prometidos ni esperados: la redacción de una nueva constitución y el gobierno de Gabriel Boric. Y concluye: “Esta transición desde Chile Vamos a Apruebo Dignidad –coalición del Frente Amplio con el Partido Comunista– es la transformación más radical de la política chilena en los últimos treinta años”.

En “Los duros dilemas de Boric”, Sergio Muñoz Riveros señala cuáles son a su juicio son los principales desafíos del ahora Presidente Gabriel Boric. “¿Qué es lo más importante para el nuevo presidente?”, se pregunta. “No naufragar. De nada le servirá convertirse en un símbolo de las izquierdas de aquí y de allá si al final le va mal como gobernante”. Ante lo cual, afirma Muñoz Riveros, el principal enemigo potencial para el gobernante es el desorden y la inestabilidad. La cuestión del orden público, una prueba de fuego para su gobierno. Lo mismo la Convención Constitucional: “Boric cometería un error gigantesco si une la suerte de su gobierno a lo que pase en la Convención, como le pidió Fernando Atria en una entrevista en El Mercurio (…) Quizás solo ahora percibe ciertas cosas que no vio el 15 de noviembre de 2019, cuando firmó el acuerdo que, supuestmente, iba a limpiar a Chile de los pecados de la transición. Ya debería haberse dado cuenta de que el orden constitucional vigente cumple con los requisitos de la democracia representativa en todo el mundo y que, gracias a ello, él ganó la Presidencia”.

Otro desafío lo constituyen la acción de los grupos armados que actúan en la Araucanía y en el resto de la macrozona sur, así como el desempeño de la economía. Como sea, Boric deberá demostrar con los hechos que quiere gobernar para todos los chilenos y que desea tener como referentes para su gestión las experiencias de la socialdemocracia, o sea, la vía de reformas graduales. “Eso supone superar las supersiticiones anticapitalistas, que son el lastre ideológico de buena parte de su coalición y desechar las fórmulas estatistas que ya fracasaron en Chile. Si se convence de ello, crecerán sus posibilidades de llegar a cabo una gestión fructífera”. 

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