«Es evidente que hay algunos sectores que como que hubiesen estado hibernando y ahora despertaron, sostuvo el Presidente José Antonio Kast en entrevista con la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi) este martes, donde abordó las manifestaciones que se han registrado y la reacción de la oposición en contra de las medidas que ha anunciado el gobierno, además de varios temas que han enfrentado en estas semanas.

En conversación con El Líbero, el antropólogo del IES y columnista, Pablo Ortúzar, quien escribió una columna titulada El retorno de la izquierda golpistaen La Tercera, criticó el comportamiento de la izquierda durante este gobierno, y abordó los próximos desafíos para el nuevo Mandatario.

«Falta profundidad en ese llamado al Chile austero, espartano, duro»

-¿Qué análisis hace de la performance del Presidente Kast en la entrevista con Archi?

-Fue muy José Antonio Kast, un poco fome, pero más o menos consistente dentro de todo, respondió a todas las preguntas, y lo que uno echa más de menos es un horizonte más grande, especialmente cuando se está pidiendo hacer esfuerzos económicos, básicamente a todo el país. Uno echa de menos un horizonte más profundo, de una cierta épica de la austeridad a la que está convocando, y eso no está. Pero las justificaciones de las medidas y la necesidad de ellas, la discusión de temas como la expropiación revertida de la ex Colonia Dignidad, se defendió bien, son argumentos sólidos.

-¿Les falta una cierta épica comunicacional?

-Sí, y no es solo comunicacional. Cuando se invoca a Diego Portales, cuando se invoca a este republicanismo austero, un poco espartano, si uno quiere, hay más elementos que deben ponerse arriba de la mesa para traer esa visión de Chile de vuelta, que yo creo que es la correcta. Esto se toca, por ejemplo, en el tema de la autoridad de los profesores, de los padres. Pero falta profundidad en ese llamado al Chile austero, espartano, duro, que alguna vez fue uno de los relatos fundamentales respecto a nuestra propia identidad.

«Empiezan a haber voces diciendo que Kast no va a poder terminar su gobierno»

-El Presidente dijo en la entrevista que “es evidente que hay algunos sectores que es como que hubiesen estado hibernando y ahora despertaron”. Esto va en la misma línea de su columna, ¿realmente volvió una izquierda golpista en Chile?

-Lo primero que hay que establecer, que es lo que indignó a mucha gente, es si es que fueron o no golpistas el 2018, 2019 y 2020. Yo creo que hay sectores evidentemente golpistas dentro de la izquierda. De hecho, toda izquierda revolucionaria es golpista por definición, porque lo que buscan hacer es tomarse el poder para transformar el régimen político a través de la fuerza. Ellos quieren un cambio de régimen, no simplemente ganar elecciones. Por lo tanto, toda izquierda que se considera a sí misma revolucionaria es golpista por definición. Y buena parte de la izquierda que está en el gobierno tomó, cayó en esa hipótesis revolucionaria en el 2019. Eso no es secreto para nadie. De hecho, Sergio Micco utiliza el concepto de golpista para referirse a los sectores de la izquierda, entre ellos buena parte del Partido Comunista, que querían ver caer el gobierno de Sebastián Piñera y estaban tentados con la idea de que esto escalara hacia una vía revolucionaria.

Pero uno puede decir, el término golpista le queda grande a otros sectores de la izquierda que simplemente fueron sediciosos. Estaban instigando permanentemente el caos, la ingobernabilidad, buscando provecho en ello, y no necesariamente directamente planificando o buscando la caída del gobierno y la toma del poder. Pero esa izquierda es cómplice pasiva de los otros, en la medida en que no hicieron nada para enrielar por una vía institucional por mucho tiempo lo que estaba ocurriendo en Chile. Simplemente cuando estábamos al borde de una situación que iba a terminar con los militares a cargo del país, ahí se preocuparon y apareció el acuerdo del 15 de noviembre.

-¿Y podemos afirmar que nuevamente está esa izquierda golpista aquí en Chile operando? ¿Cómo ve la situación actual?

-Lo que uno ve es que empiezan a haber voces diciendo que Kast no va a poder terminar su gobierno, que va a volver la calle, va a haber otro estallido. Esto lo acaba de decir Daniel Jadue, de hecho. Entonces uno ve que aquí hay sectores de la izquierda definitivamente que no son democráticos y no creen en la democracia. Les gusta la democracia cuando ganan las elecciones y cuando las pierden dejan de serlo. Simplemente lo que quieren es forzarle la mano al gobierno desde la calle, a través de la violencia callejera. Y eso es impresentable. Lo mismo con el tema de los secundarios. Ya perdimos la inocencia respecto a quién está detrás de las organizaciones secundarias. Hay grupos de extrema izquierda, ex miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ex miembros del MIR, ex miembros del Lautaro, que se han dedicado a organizar a grupos de secundarios, ideologizarlos y luego utilizarlos para este tipo de fines. Entonces, aquí hay un problema grave, e insisto, es una izquierda que no tiene valores democráticos, que no cree en la democracia y que solamente se comporta cuando les dan, a veces, cargos en el Estado, cuando pueden beneficiarse directamente de quien está en el poder.

«Lo que quieren es tirar fósforos por todos lados a ver si es que algo prend

– ¿Y es toda la izquierda, dentro del mismo saco?

-No, no, por cierto que no. En la columna yo digo que esto fue buena parte de la izquierda, pero no es toda ella. Sin duda, de hecho, a la senadora Cicardini, que ya estaba pidiendo renuncia de un ministro, su propio partido la llamó a la mesura, porque evidentemente estar pidiendo la renuncia de un ministro a tres semanas, cuando además se tomó una decisión que es perfectamente razonable frente a la crisis económica que se está viviendo a nivel mundial producto de la guerra en Irán, no es que haya demasiadas opciones. Y se opta por una que es severa, pero estar pidiendo de inmediato la renuncia del ministro de Hacienda por ello es absurdo. Es una forma de buscar el desgobierno y eso le hace muy mal a Chile. Ni hablar de su pareja, el diputado Manouchehri, que empezó amenazando con llevar a Contraloría a la primera dama por servir comida en el casino de La Moneda sin guantes. Es gente que no está ni ahí con respetar las instituciones republicanas, con sostener el Estado de Derecho. Lo que quieren es tirar fósforos por todos lados a ver si es que algo prende, no les interesa enrielar el país por un buen camino. Eso está más que claro, tiene una lógica de reality show.

-¿Pero esto es algo espontáneo o algo más bien orquestado, entonces?

-Bueno, en mi libro, en «Dignos», que es una crónica del estallido social, yo creo que uno logra ver, y que fue el comentario que hace Ascanio Cavallo en la presentación del libro, que aquí esto no es pura espontaneidad, tampoco es pura planificación. Aquí hay organizaciones operando, sí. Hay grupos organizados, sí. ¿Todo lo que ocurre está orquestado, organizado, planificado? No, eso no es así. Pero sí hay grupos subversivos, sin duda, cuyo interés es causar caos, desorden e ingobernabilidad, porque su objetivo final es el cambio de sistema, la revolución. Si a mí alguien me dice ‘yo soy revolucionario, creo en la dictadura del proletariado, creo en un cambio de régimen, y creo que eso se logra a través de la violencia revolucionaria’, y después yo le digo que es un golpista, y se ofende, bueno, entonces es alguien que no entiende ni lo que él piensa.

«Uno esperaría más colaboración de sectores de izquierda moderado

-¿Esta va a ser la tónica o cree que esto va a ir escalando? ¿Qué va a pasar cuando la gente resienta el alza de las bencinas?

-Obviamente aquí va a haber malestar, y ese malestar se puede profundizar en la medida en que Irán cumpla su objetivo. Ya amenazaron con sangrar a Occidente, a través del bloqueo del petróleo. Y a Trump ya se le están acabando las cartas frente a esta amenaza que se ha realizado de manera muy eficaz. Y frente a esta situación en extremo grave, uno esperaría más colaboración de sectores de izquierda moderados. Porque además hay muchas agendas de izquierda que podrían avanzarse. O que la derecha del mundo de Kast considera izquierda. Es un momento para mejorar el transporte público, es un momento para decir que necesitan un transporte público que también usen los ricos, un transporte público de primer nivel. En algunas zonas estamos muy cerca de eso, y es importante reforzarlo, financiarlo, cumple un rol que se orienta al bien común y que es necesario, para evitar la contaminación. Este ideal de que todo el mundo se mueva en auto para todos lados, esta visión norteamericana, estadounidense, de la libertad, puede ser cuestionada en este contexto y el gobierno va a tener que allanarse a ello. Entonces ahí hay una agenda posible, pero a la izquierda no le interesa, ahora son pro-choferes solos en su auto. Hay cierta inconsistencia. Y por ejemplo, el tema de la independencia energética también. El mundo Kast es muy crítico de las energías alternativas, pero ahora vemos que la seguridad energética pende de un hilo en el mundo en el que nos estamos metiendo, y por lo tanto reforzar una agenda de energías alternativas parece bastante razonable.

Y buscar esos espacios en que se pueden forzar agendas que históricamente esta derecha no ha tomado, yo creo que es muy importante. Y colaborar en esas agendas, que fue lo que hizo buena parte de la derecha durante el gobierno de Boric. Porque toda la agenda de seguridad fue llevada adelante con votos de al menos un tercio de la derecha. Gabriel Boric gobernó con un tercio de la derecha y dos tercios de su propio sector, porque el Partido Comunista y buena parte del Frente Amplio votaron en contra de muchas de las medidas. Aquí la izquierda tiene una ventana de oportunidad. No hay una visión mayor, ni siquiera programática, de muchos sectores de la izquierda, y eso es muy preocupante. No es toda la izquierda, pero yo todavía no veo con claridad ese tercio que está dispuesto a colaborar con Kast, como hizo parte de la derecha en el gobierno de Boric para avanzar en agendas que consideran estratégicas.

-¿Y cómo cree que va a actuar el Partido Comunista en este gobierno?

-El Partido Comunista es un partido cuyo horizonte es revolucionario, y lo que va a tratar de hacer es erosionar todo lo posible la gobernabilidad durante estos cuatro años. Yo no tengo ninguna esperanza respecto a que el Partido Comunista haga cualquier otra cosa.

«Esta es la prueba de fuego del FA y esa izquierda»

-¿Cree que esto va a ir escalando y que podríamos volver a ver lo que sucedió tras el estallido, que a través de la violencia se intente llegar a La Moneda e incluso pedir la renuncia del Presidente Kast, o es muy apresurado ese análisis?

-El violentismo va a estar presente, ya está presente. Y la pregunta es qué va a hacer la izquierda. Esta misma izquierda de Gabriel Boric que pasó de «está advertido, señor Piñera», a casi estar llorando en el funeral, diciendo que fue un demócrata desde el primer momento. Y es una izquierda que nos dijo que ellos se habían dado cuenta de que habían actuado de manera excesiva e irresponsable. Pero hoy día, buena parte de la izquierda está haciendo exactamente lo mismo que hicieron en 2018, 2019 y 2020. Entonces, esta es la prueba de fuego del Frente Amplio y de esa izquierda respecto a si en verdad tienen valores democráticos, si en verdad aprendieron la elección, si en verdad creen que en la política hay adversarios y no enemigos. Eso no está claro hasta este momento y la respuesta va más o menos en un sentido negativo.

-¿Por qué?

-Tenemos a Jaime Bassa, Ericka Ñanco y Roberto Celedón votando en contra, junto a otros 37 que se abstuvieron. Ellos tres votaron en contra de subsidiar la parafina. Y la única explicación para eso es buscar que el frío lleve a la gente a una situación desesperada y a la protesta. Agudizar las contradicciones congelando a la gente pobre. ¿Qué se puede negociar con gente de esa calaña? Después tenemos a Gonzalo Winter, votando en contra de renovar el Estado de Excepción en La Araucanía, con argumentos absolutamente inverosímiles. Esta gente tiene que darse cuenta de que si ellos mismos no se toman en serio sus propias acciones, si no argumentan de una forma que sea leal con la República, con los cargos que tienen, están dañando a la democracia en Chile. Ese es el único resultado que puede tener ese tipo de actitudes.

«Esta es una izquierda con las manos muy sucias«

-¿Y de eso va a depender si nos volvemos a enfrentar con un estallido, con el «maldito infierno»?

-Exactamente. Ahora la pregunta es si van a tratar de atizar o no el «maldito infierno», en contexto de crisis global de los combustibles, que están haciendo como si esto lo hubiera inventado Kast, y no tiene ningún sentido. La oposición durante la pandemia, no toda, pero buena parte de ella, es lo más infame y desleal que uno ha visto en la política chilena. Es incluso peor que durante el estallido lo que hicieron durante la pandemia. Estaban votando a un ministro de Salud mientras estaba muriendo gente. Ese es el ambiente político que hubo durante la pandemia. Yo sé que a la izquierda le cuesta verse en el espejo por lo que hicieron, pero a la gente yo creo que no se le olvida lo que esta izquierda hizo para llegar al poder. Esta es una izquierda con las manos muy sucias. Entonces, si ellos quieren decirnos ahora que aprendieron la lección y que se lavaron las manos, que lo demuestren, tienen estos cuatro años para hacerlo.

«Me parece responsable y razonable estratégicamente lo que ha hecho Kast»

-¿Cuál es el riesgo y el desafío para el Presidente Kast? ¿Por qué cree que él partió así así su gobierno, anunciando estas medidas?

-Yo nunca he sido un gran admirador de José Antonio Kast, porque creo que se parece mucho al Frente Amplio, a cómo ellos trabajaron, cómo ellos trataron a la centro derecha y cómo construyeron su poder. Pero, dejando eso de lado, creo que esta es la única derecha que puede respirar en el ambiente que se ha ido creando en Chile debido a la polarización política. Porque si yo me hago la pregunta, si Kast hubiera subsidiado a la mitad las bencinas, ¿habría pasado algo distinto a todo lo que ha pasado ahora? Honestamente, creo que no. Creo que sería lo mismo. Creo que habría salido Andrea Repetto a decir que por qué no lo subsidian completo, que nos podemos seguir endeudando para siempre; creo que habría salido Manouchehri, Cicardini y toda la tropa de gente que salió a decir que esto era fusilar a la clase media, que era horroroso. Habrían montado el show igual, con la misma intensidad, con los mismos epítetos, con los mismos conceptos. Porque aquí no hay proporción, hay una desproporción en estos sectores de la oposición. Les da lo mismo lo que haga el gobierno, hicieran lo que hicieran iban a salir de igual forma. Entonces, entre hacer una medida que igual iba a dejar descontenta a la gente, porque subir 250 pesos en la bencina no es exactamente igual de terrible que subirlo a 500, pero es bastante parecido en términos del impacto mediático que eso puede tener.

Por otro lado, no se sabe cuánto va a durar la guerra en Irán y qué otras consecuencias va a tener. Entonces, es irresponsable tirarse de entrada con un subsidio multimillonario que después no iba a poder sostenerse en el tiempo. Es mucho más razonable políticamente dejar que impacte primero la situación y después ir viendo, porque cada semana que no estamos subsidiando el petróleo hoy día, estamos ahorrando ese dinero potencial, el Estado está acumulando capacidad de actuar. Entonces, es una actitud prudente frente a lo que está pasando. Y si es que las cosas mejoran, y esa mejora se empieza a traspasar a los usuarios, hacia adelante van a ser solo buenas noticias. Por lo tanto, yo no creo que sea la peor decisión posible esto que se ha hecho. Me parece responsable y me parece razonable también estratégicamente.

-¿Y cree que el gobierno ha cometido errores? ¿Cómo visualiza el futuro del gobierno?

-Yo creo que al gobierno le falta profundidad filosófica. Que el republicanismo sea más republicano en el sentido de la historia republicana de Chile. La República portaliana tiene una historia, Manuel Montt, las escuelas normalistas, los liceos de excelencia, la autoridad de los profesores, la autoridad de los padres, recuperar la autoridad política, la sobriedad… Kast es un conservador natural, pero debe volverse más reflexivo, debe apelar a esa tradición histórica, y tiene, por lo tanto, que acercarse al Estado de Chile. Yo creo que sería de utilidad para el gobierno leer un poco a Mario Góngora. Esta derecha que quiere ser republicana, pero al mismo tiempo un poco libertaria en el sentido de tener una distancia muy grande respecto al Estado chileno. Tiene en el país un problema, tiene contradicciones importantes, que para salvarlas requiere reconciliarse con el Estado, con una visión y un proyecto de Estado, que es lo que debe ofrecerse hacia adelante. Además, es necesario cuando se está gobernando un país de clase media, porque el problema de la derecha es que tiende al ‘pobrismo’. Todas las políticas se justifican en pos de los más pobres. Pero es un país de clase media, la clase media lo único que tiene es miedo de ser pobre. Entonces, el mensaje no puede ser que todo se va a ir a los pobres. Requiere una justificación mayor y una visión de Estado mayor. Y esa profundidad, esta derecha, a pesar de que se llama Partido Republicano, ese republicanismo histórico de Chile no lo tiene bien pulido, no se ha apropiado completamente de esa historia. Y yo creo que necesita un poco más de eso. Kast tiene que ser un poco más Bismarck, más Merkel, que una reedición de la década chicago-gremialista de los 80, porque el país ha cambiado mucho desde esa época y porque su mensaje, este mensaje de austeridad y de respeto por la autoridad, de orden, es un mensaje que está vinculado al Estado histórico chileno, a la idea de Estado en forma portaliana. Y esa herencia es de lo que tienen que apropiarse todavía.

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