“El país hizo un esfuerzo importante, los sindicatos hicieron un esfuerzo importante, todo el mundo penquista hizo un esfuerzo muy importante para generar las condiciones que permitieran que estas empresas se pudieran desarrollar de buena manera y son las empresas las que le han fallado al país», señaló el ministro de Economía, Nicolás Grau, hace unos días, cuando se oficializó el cierre de la siderúrgica Huachipato.

Las enormes pérdidas que venía arrastrando la compañía que opera en Talcahuano desde 1950 y la imposibilidad de competir con el acero importado desde China llevaron a Huachipato a suspender sus actividades por un mes a finales de marzo de este año. La empresa reanudó sus operaciones luego que el gobierno estableciera un aumento de la sobretasa a las importaciones de acero chino.

Sin embargo, eso no fue suficiente. El 7 de agosto el directorio de la firma del grupo CAP optó por suspender actividades y anunció que el 16 de septiembre se apagará el alto horno, y con ello la producción de acero, dejando a cerca de 20 mil personas sin empleo en la región del Biobío.

A pesar de que en el gobierno se ha insistido en responsabilizar de este trágico desenlace a la compañía, lo cierto es que la situación de Huachipato no es única en la región. Son varias las compañías de acero de Latinoamérica que están viviendo un escenario similar producto de los bajos precios del acero que proviene de China. Ejemplo de ellos es lo que pasa con Acerías Paz del Río de Colombia y la Siderúrgica Gerdau en Brasil.

Consultado por El Líbero, el experto en este tema, Henry Ziemer, investigador del Programa de las Américas del Center for Strategic and International Studies (CSIS) de Estados Unidos, afirma que lo de Huachipato «parece ser la última de una larga historia en la que el exceso de capacidad de China perjudica a otros países«.

El gigante chino y las pérdidas en la región más allá de Huachipato 

Según datos de las World Steel Association (WSA), entregados a BBC por el director ejecutivo de Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero), Alejandro Wagner, a comienzos de siglo Latinoamérica fabricaba el 6,6% del acero del mundo y exportaba a China más de 160 mil toneladas del material (el doble de lo que importaban de ese país). Mientras tanto la región importaba la mitad, unas 80 mil toneladas de acero chino.  

Sin embargo, en los últimos años China aumentó su producción de acero en casi un 700%. En datos concretos pasó de producir el 15% del acero del mundo a producir el 54%. 

Para Latinoamérica esto tuvo un gran impacto, ya que las exportaciones al gigante asiático cayeron en un 94% para 2023 y las importaciones de acero chino aumentaron en un 8.690%.  

A ello hay que agregar el tema del dumping, el cual se traduce en que el acero chino se vende a precios mucho más bajos que el de producción local. Según algunas estimaciones es incluso un 40% más barato, lo cual deja a las siderúrgicas nacionales fuera de juego.  

Ayer Alacero publicó en su cuenta de X que “la sobreproducción de acero en China está afectando significativamente a la industria en América Latina. La competencia desleal y las exportaciones a precios bajos desde el gigante asiático subrayan la necesidad de fortalecer y defender la industria local, encontrando soluciones conjuntas”.

No sólo Huachipato: las otras empresas que han sufrido  

Además de Huachipato, hay otros casos de empresas siderúrgicas en Latinoamérica que han sufrido grandes pérdidas. Uno de los más notorios es el de Acerías Paz del Río de Colombia.

Fabio Galán, presidente de la compañía colombiana, ha señalado en entrevistas, como la que dio hace poco más de un mes a W Radio, que la situación de competencia con el acero chino los “pone en peligro”. Aquello lo ejemplifica señalando que “Colombia, en un año, en aceros largos produce cerca de 1.5 millones de toneladas y eso es lo que China fabrica en 13 horas de trabajo”. Aquello, sumado a los precios más bajos de la contraparte, han hecho que la empresa haya solicitado en varias oportunidades al gobierno colombiano que tome medidas para evitar consecuencias mayores, como lo que ocurrió en Chile. 

Algo similar ocurre con la Siderúrgica Gerdau en Brasil, que anunció hace un tiempo que suspendería por cinco meses, a partir de abril, a algunos de sus trabajadores en la planta de São José dos Campos, alegando una «fuerte competencia de China». Gustavo Werneck, presidente de la compañía, ha señalado a medios brasileños que estas medidas son solo el primer paso para contener la oleada china. La misma fórmula aplicaron en años anteriores.

Henry Ziemer: “Es probable que los gobiernos de toda América Latina se vean sometidos a una presión cada vez mayor” 

Henry Ziemer, investigador del CSIS, sostiene a El Líbero que «sólo en América Latina, hemos visto cómo Brasil se apresuraba a imponer nuevas cuotas al acero procedente de China, mientras que Estados Unidos y México anunciaron este julio un esfuerzo conjunto para impedir el dumping del acero y el aluminio chinos. Las medidas comerciales puestas en marcha por países como Estados Unidos hacen que las consecuencias del exceso de capacidad china se hayan desplazado a países como Brasil, Chile y México”.

A ello agrega que “además, esto no sólo está afectando a la industria siderúrgica regional, sino que las empresas latinoamericanas se han visto superadas por la industria china en otros sectores, especialmente los relacionados con los minerales o la industria pesada, como el aluminio o el refinado del cobre. A medida que continúen estas tendencias, es probable que los gobiernos de toda América Latina se vean sometidos a una presión cada vez mayor para tomar medidas que aíslen a sus industrias nacionales del exceso de capacidad de China”. 

Alejandro Jara: “El acero siempre ha sido un mercado complicado” 

Para Alejandro Jara, ex director general de Relaciones Económicas Internacionales del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y ex embajador de Chile ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), el tema no pasa por responsabilizar a China. “El acero siempre ha sido un mercado complicado, lo ha sido incluso por varias décadas, incluso antes de que China irrumpiera en el mercado internacional entre 2008 y 2010. América Latina tenía una curva que era prácticamente plana, mientras que el resto del mundo, ciertamente, tenía una curva ascendente. China empezó muy bajo y luego logró niveles de producción altísimos, con los cuales Chile y América Latina se quedaron ahí y no innovaron para poder seguir la competencia al resto del mercado”, señala el abogado a El Líbero.

Según Jara, la solución no pasa por elevar los impuestos a las importaciones de China, pues “podría tener consecuencias muy malas para la economía, porque implica una transferencia de recursos de un sector a otro. Es como darle dinero de los consumidores a Huachipato”. Añade además que eso tendría un gran impacto para otros sectores de producción y que finalmente lo terminarían pagando los consumidores.  

En cambio, para el ex Direcon una posible solución sería entregar un “subsidio a las empresas acereras con la condición de que se logrará invertir lo necesario para transformar la industria y hacerla más competitiva”.

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