Publicado el 29 noviembre, 2020

Mi Maradona íntimo

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

“El año 1976, precisamente el 16 de octubre, me radiqué con mi familia en Buenos Aires, por motivos de trabajo. A los dos días, escucho en la radio al comentarista deportivo Jose María Muñoz, que anunciaba el debut de un pibe que tenía 15 años de edad, que jugaba en Argentinos Juniors y que se llamaba Diego Armando Maradona”, así recuerda el ex dirigente deportivo Gonzalo Mingo, su primer “encuentro” con el ídolo argentino que falleció esta semana, con quien tendría más de una experiencia. “Lo más importante para mí, es que en los 90 le fabricamos, con Calpany, los zapatos a sus hijas, Dalma Nerea y Yanina Dinora”.

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

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El miércoles, día en que falleció Diego Maradona, era la hora de almuerzo y yo esperaba en mi casa a 12 periodistas con quienes compartimos este espacio semanal hace 35 años. La noticia la supe mientras los recibía…”¿Papá te enteraste?”, me dijo mi hijo por teléfono, y yo dije: “Chuta ¿quién se murió?” a lo que me respondió: “No te has enterado”…. “¿Pero quién murió?”, le insistí, pensando en que era algún familiar cercano… y me dice: “Murió Maradona”.

Me dieron ganas de llorar. Se fue toda una historia que también es mía. Me retrotrajo a cuando yo tenía 24 años, a Argentina, a mi sitio cuando trabajé allá, la cercanía con la cancha y todo lo que yo viví. Mi ídolo es mi padre, pero Maradona a todos nos pertenece un poquito, y nadie le pertenece a él.

Empecé a pensar que falleció el “mito del fútbol”, y todo lo que yo pude hacer para haber ido más al estadio a verlo jugar y haber aprovechado más la instancia de la cercanía que tenía yo con él.

Siempre intuí, porque yo conocí a Diego Maradona en sus comienzos en la cancha, que iba hacer un jugador importante para el fútbol, pero nunca pensé la trascendencia que iba a tener. Sobre todo destaco su generosidad dentro del campo de juego: fue infinita.

Debo decir que me dio un poco de lástima el final de Diego, porque es como el boxeador que no se sabe retirar a tiempo. Hay un refrán que dice “vicios privados, virtudes públicas”: Pelé se portó bien mal, pero nunca dejó trascender, en cambio Maradona dejó que se metieran en su vida privada. Es más, creo que hasta le gustó hacer pública todas sus locuras. Pero cuando volvía a la cancha, volvía a ser él y a tener la magia.

No me gustó para nada el final de Diego. Los hinchas y admiradores del fútbol no merecíamos que terminara así. Murió muy parecido a Pablo Escobar. Solo, apareciendo en videos bajándose los pantalones, gordo… Yo no sé cómo sus amigos compartían esas cosas en las redes, fue una maldad exponerlo de esa manera, había que cuidarlo. Pero como dicen  “intenta ser Maradona por unas horas”… no debe haber sido fácil.

A pesar de eso, ha sido una de las muertes no familiares que he sentido profundamente. Y también lo es para el pueblo argentino. Diría que esto es peor a que se haya muerto el cantante Carlos Gardel. Hay muertes como la de Eva Perón que marcan a un país, y esta no será la excepción. Pero hay que decir que también esto ha ayudado al gobierno argentino a dar una pausa para desenredar un poco el cuento.

Se preguntarán por qué estoy hablando con tanta autoridad de Diego Armando Maradona. Pues yo lo conocí.

Para contextualizar: el año 1976, precisamente el 16 de octubre, me radiqué con mi familia, en Buenos Aires, por motivos de trabajo. A los dos días, escucho en la radio al comentarista deportivo Jose María Muñoz, que anunciaba el debut de un pibe que tenía 15 años de edad, que jugaba en Argentinos Juniors y que se llamaba Diego Armando Maradona. Recuerdo hasta el lugar donde iba en el auto y escuché la noticia. Maradona no es un apellido común, como tampoco lo es que un adolescente de 15 años debute en un club profesional de la primera división del fútbol argentino. Es ahí que se me quedó grabado por siempre esa palabra de cuatro sílabas: MA-RA-DO-NA.

maradona con una niña en brazos

Estuve en su debut por la Selección Argentina, en febrero de 1977 en el estadio Monumental de River, ante Hungría (ganó la albiceleste 5×1), tenía 16 años. Presencié su segundo partido profesional por Argentinos Juniors, en octubre del 1976, aún con 15 años. Fui testigo, junto con Pedro Carcuro, de la negociación para traer a Argentinos Juniors (con Maradona incluido) a la celebración de un partido amistoso por los 75 años de Colo Colo. Y lo más importante para mí, es que en los 90, le fabricamos (Calpany, B. Aires) los zapatos a sus hijas, Dalma Nerea y Yanina Dinora.

En aquella época, yo vivía en Buenos Aires. Maradona en aquel entonces jugaba en Italia, pero en uno de los viajes que realizó junto a su ex señora, visitó el local de calzado de mi familia. La primera vez que acudieron a la tienda a comprar dos pares de zapatos yo no estaba. “¡Cómo no me avisaron!”, les exclamé a las personas que trabajan conmigo cuando supe que andaban con Diego. Luego, el año 90, cuando mi familia y yo nos estábamos devolviendo a Chile, me hicieron otro encargo. Eran tres pares para cada niñita. El día que los fueron a buscar, yo estaba atento, y apenas supe que llegaron, me fui corriendo al boliche. Pero Maradona no estaba. Nos pusimos a conversar, y además de los zapatos encargados, les regalé 3 más a cada una de sus hijas. Y cuando llega el momento de la cuenta, yo le digo a la jefa de la tienda que no le cobre nada. Le dije que la tienda era mía y que yo se los quería regalar. A pesar de que la señora de Maradona no me lo aceptó, le dije que como gesto por lo que significa Diego le iba a mandar a hacer dos zapatos más desde la fábrica de Chile. Ella me dijo que me iba a traer una foto autografiada por el “10”.

También en mayo de 1994, compartimos con mi hijo Gonzalo, en el camarín de la Selección Argentina, en el Estadio Nacional. Mi amigo Hugo Cotz, por entonces secretario de Julio Grondona, presidente de la AFA y vice de la FIFA, me ofreció sacarle una foto a mi hijo con Maradona y mi hijo me dice “sácatela tú que eres tú quien quiere salir con él”. De verdad me descolocó, pero tenía razón… era yo, pero no lo quise importunar. A lo mejor no me acordé que Diego no le negaba una foto a nadie.

 

Testimonio: Gonzalo Mingo Ortega, Dirigente de Unión Española 1970 -1976 y representante de la ACF en Buenos Aires  1976 – 1991.

Producción y edición: Sofía del Río

 

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