Casos nuevos de Covid-19 por debajo de los 1.000 diarios y una positividad, a nivel nacional de los exámenes PCR y de antígenos, que ronda el 1%. Al día de hoy, Chile no tiene ninguna comuna en cuarentena, el comercio ha podido volver a funcionar con ciertas restricciones, y el Banco Central informó un crecimiento económico de 18,1% en el segundo trimestre de 2021.

El ambiente dista al que existía a comienzos de 2020, cuando tomó fuerza la pandemia en la ciudad china de Wuhan, se puso en alerta al mundo entero y todos los países se vieron obligados a tomar medidas, algunas no necesariamente basadas en la ciencia, como alerta el exministro de Salud Jaime Mañalich en el capítulo final de temporada del podcast que conduce para El Líbero.

En el episodio el médico alertó de restricciones «bastante severas a libertades que estaban consagradas en las constituciones» de Chile y de distintos países del mundo. En particular, sobre el derecho a la educación y la presencialidad de las clases dijo: «Resulta incomprensible, casi una cosa para mirarla desde la perspectiva de la Ley de Seguridad Interior del Estado, tener un Colegio de Profesores que sistemáticamente niega a los niños ese derecho consagrado en la Constitución».

-¿Esta es una pandemia que se va a quedar aquí para siempre?

Sabemos que viene una tercera ola que ojalá en Chile, como tenemos una política de vacunación tan intensa, tan destacada en el mundo, sea una ola que si bien produzca un aumento de los casos de contagios, no lleve a un aumento tan severo -como la otra- de muertos y hospitalizados. A mí me parece que todo el planeta, salvo algunos utopistas, ya entendemos que este virus está aquí para quedarse y que lo tendremos que combatir con vacunaciones de refuerzo periódicas, así como se hace con la influencia cada año… y  al cabo de equis tiempo, varios años probablemente, vamos a llegar a un equilibrio como el que tenemos con la influenza u otros coronavirus que había antes que la aparición de este virus. 

¿Si esta pandemia está aquí para quedarse, usted cree que las restricciones a la libertad también están aquí para quedarse? 

-En uno de los podcast señalé que efectivamente en Chile, y en muchas partes del mundo, se han transgredido en forma bastante severa libertades que estaban consagradas en las constituciones y en la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En primer lugar hay que reconocer que mucho de lo que se ha hecho no ha estado basado en ciencia. La mascarilla es un instrumento crucial en el control de esta epidemia. Sin embargo, diversos países, instituciones, cuando se trató de imponer el uso de mascarilla en cualquier evento donde hubiera contacto con otros, fue una medida extraordinariamente resistida.

En cambio, en una mirada de clase, elitista, desde el punto de vista de aquellos que pueden confinarse en su domicilio: la élite académica, la élite médica y la élite económica, se dispuso de medidas que son absolutamente incomprensibles, y no solamente incomprensibles, imposibles de llevar adelante para la mayoría de la ciudadanía que vive hacinada, que no tiene posibilidad de lo que los niños salgan a jugar a alguna parte porque no tienen jardín. Nosotros vamos a empezar un postoperatorio de la pandemia en la cual la brecha educacional, formativa de socialización entre quienes más tienen y menos tienen, se ha agudizado tremendamente. El daño lo sabemos, en salud mental, adicciones, violencia intrafamiliar. Para los niños es tremendo y por eso resulta incomprensible, casi una cosa para mirarla desde la perspectiva de la Ley de Seguridad Interior del Estado, tener un Colegio de Profesores que sistemáticamente niega a los niños ese derecho consagrado en la constitución, bajo el argumento de que podría ser peligroso o qué se yo. 

El problema número uno que va a tener el Presidente o Presidenta de la República que asuma el 11 de marzo va a ser la pandemia y sus secuelas.

-¿En el fondo lo que está diciendo claramente es que las cuarentenas son clasistas? 

-Estoy diciendo claramente que la cuarentena es una medida de élite, clasista, en perjuicio de los más pobres, de los más vulnerables. Este gobierno, en un nivel mucho más alto que otros países, ha hecho ayudas. Entre los retiros de las AFP y las ayudas del gobierno estamos hablando de 80 mil millones de dólares y ahora tenemos un nuevo IFE, que se prolonga con pago hasta diciembre, y no sería raro que hubiera otros. En una situación en la que además todos los economistas ya están poniendo la alarma, incluso economistas que están en la línea de potenciales gobernantes o legisladores de izquierda, que dicen «nosotros vamos a heredar un país, si es que somos gobierno, en una situación económica tan grave. Se nos pasó la mano», es lo que dicen. Insisto, personeros de izquierda vinculados al mundo de la economía, exministros de Estado que dicen «esto ya es demasiado». Está repercutiendo en inflación, eso es un impuesto a los más pobres y, desde luego, no está focalizado en quienes más lo necesitan porque si miramos el cuarto retiro de las AFP, la gente más vulnerable ya no tiene fondos para retirar.

En muchas partes del mundo, se han transgredido en forma bastante severa libertades que estaban consagradas en las constituciones».

-Usted hizo ver cuando era ministro que esta crisis sanitaria se posaba en Chile encima de otra crisis, que era la crisis política. Un año y medio después y con la Convención Constitucional funcionando, ¿cuál es la mirada que tiene de ese fenómeno?

-Lo que miro en este año y medio es que ese modelo, esa hipótesis, se confirma. Vale decir, durante muchísimos meses la única discusión política en realidad era la pandemia, que tiene que ver con si vuelven los niños a clases o no, el subsidio que va a entregar el Estado, retiro de las AFP, impuesto a los combustibles. El fenómeno de la pandemia produce una discusión de todo el mundo político la cual, desgraciadamente, se monta en un momento de extrema polarización del país y, por lo tanto, pasa a ser también una discusión política. 

Me llama profundamente la atención que la discusión política de hoy sea como esquizofrénica, en el sentido que nadie está hablando de la pandemia. El problema número uno que va a tener el Presidente o Presidenta de la República que asuma el 11 de marzo va a ser la pandemia y sus secuelas. ¿Qué vacunas?, ¿de dónde las sacamos?, ¿cómo las transportamos?, ¿cuántos respiradores?, ¿cómo hacemos los confinamientos?, ¿cuánta ayuda social?, ¿qué pasa con la nueva ola? Todo eso va a atrapar la agenda política. Y uno escucha los foros de todos los candidatos y candidatas y no hay ninguna mención. Es como que en la elección de noviembre adquiriéramos, por el mérito de la elección, una vacuna mágica, que hace que este problema político y sanitario número uno del mundo desaparezca, no existe más, nadie está hablando de esto. Insisto, y con redundancia: el problema político número uno del año 2022 va a seguir siendo el manejo de la pandemia.   

La cuarentena es una medida de élite, clasista, en perjuicio de los más pobres, de los más vulnerables».

-¿Y cuál es su futuro?

Voy a seguir ayudando en lo que pueda. El punto es que no he encontrado dónde, desde dónde va a ser esa contribución: estudiando y mandando reportes, en los medios de comunicación. Desde luego, algunas posibilidades representan una camisa de fuerza para esa posibilidad.

-¿Una candidatura por ejemplo?

-Específicamente el mundo de una candidatura parlamentaria. Yo lo veo como una camisa de fuerza, que me quita libertad para decir con plena autonomía lo que pienso, para criticar lo que me parezca o para apoyar lo que me parezca. Creo que ese es el rol que debo mantener: un rol de completa autonomía. 

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