Publicado el 15 agosto, 2020

Las cifras negras de la pandemia que empiezan a asomar en países de la región

Autor:

Maolis Castro

El coronavirus arribó el 3 de marzo a Argentina y a Chile, pero el desarrollo de la enfermedad fue distinto en ambos países. Hoy, el gobierno chileno avanza en un desconfinamiento ante una mejoría en sus indicadores, mientras el argentino endurece controles y registra cifras récord de contagios diarios y fallecidos. Otras experiencias en Sudamérica, como Bolivia y Venezuela, dan cuenta de un manejo inadecuado de la emergencia, lo cual se traduce en una explosión de la mortalidad y los contagios.

Autor:

Maolis Castro

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Argentina se encuentra en una cruzada sin precedentes contra la Covid-19. El Presidente Alberto Fernández anunció este viernes una extensión del “aislamiento” para el Área Metropolitana de Buenos Aires hasta el 30 de agosto. “El problema ya no es el AMBA, sino todo el país. Tenemos que potenciar los cuidados. Depende de ustedes”, advirtió.

El coronavirus arribó el 3 de marzo a Argentina y a Chile, pero el desarrollo de la enfermedad y las políticas sanitarias son distintas en ambos países. Los primeros meses con el coronavirus, el gobierno de Fernández alardeó de las estadísticas, pese a que su promedio de testeos estaba por debajo de muchos países de la región. El 23 de mayo, el Mandatario trasandino mostró una serie de gráficos comparativos, en el cual Chile aparecía con una tasa de mortalidad del 98,4 por cada 100 mil habitantes, es decir, la más alta de la región; y Argentina apenas con un 9,8. Se trató de una equivocación, detectada casi de inmediato por el embajador chileno en ese país, Nicolás Monckeberg, quien aclaró: “Debo rectificar error en información publicada por Casa Rosada en reciente punto de prensa. La tasa de fallecidos en Chile es de 3,5 por 100 mil habitantes y no de 98,5”, explicó en Twitter.

Pero “el error” se repitió un mes después, el 26 de junio, cuando el Ejecutivo argentino se equivocó en el número de pacientes en camas de Unidades de Cuidados Intensivos. Tras cinco meses de pandemia, las cifras de contagios y muertes delatan resultados diferentes en ambos países. Chile superó su peak y avanza en un plan gubernamental de desconfinamiento, Paso a Paso y el viernes reportó 2.077 casos nuevos y 41 fallecidos en 24 horas.

En contraste, Argentina contó ese mismo día 6.365 infectados con Covid-19 y 165 decesos, una tendencia acompañada de un endurecimiento de sus cuarentenas frente a la expansión del virus. Sus peores récord diarios se registraron esta semana: 240 muertes el martes, y 7.663 contagios el miércoles. 

Hoy, la transparencia en las estadísticas y el manejo de la pandemia son cuestionadas en esa nación. De hecho, el ministro de Salud, Enrique Paris, refirió el caso en su balance diario sobre el coronavirus, el lunes: “Otros países, que tanto nos critican, no hacen ni la mitad de los exámenes que estamos haciendo nosotros… ¿Y qué han dicho hoy? Que van a dar a conocer los fallecidos recién en un año más”.

La transparencia resalta como un elemento vital en el combate de cualquier pandemia. Sin información confiable y accesible, difícilmente se puede contrarrestar el avance de un virus.

La carrera por el testeo

Chile alcanzó los 100 mil test por millón de habitantes. “Estamos en el grupo de Alemania, Suiza, Noruega, Nueva Zelanda. Es decir, estamos entre los mejores países del mundo con respecto a tests por millón de habitantes. En este grupo no figura ningún país de nuestro continente, todos son países europeos con más de 5 millones de habitantes”, dijo Paris, el viernes. En las estadísticas de Our World in Data COVID-19 se evidencia cómo la nación supera a otras de Sudamérica en la realización de exámenes para detectar el virus en relación con el tamaño de la población.

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Hasta el jueves en Argentina se realizaron 18.501 nuevos exámenes y en lo que va de pandemia se efectuaron 930.097 pruebas. Se trata de casi de la mitad de los test procesados en Chile: 27.618 el jueves y un total de 1.960.210 desde la llegada del virus. 

En el caso argentino, el testeo se incrementó recientemente y, consigo, la cantidad de casos. A inicios de mayo, el promedio alcanzó 1.230 tests por cada millón de habitantes, según reveló el diario La Nación.

Bolivia es otro ejemplo de un reducido número de pruebas, incluso en abril practicó cerca de 117 pruebas diarias, una tendencia criticada por propiciar un falso panorama. Meses después, la crisis sanitaria mostró su peor rostro. De hecho, a finales de julio, la policía boliviana alcanzó a retirar en cinco días más de 400 cadáveres de calles y viviendas, el 85% falleció por coronavirus. Ayer, los reportes de la Universidad Johns Hopkins señalaron que ese país tenía un total de 3.884 muertes por el virus.

Las cuestionadas cifras

Las muertes de los profesionales de la salud pueden resultar un medidor de la crisis. En Chile, del total de 360 mil funcionarios de salud, en el sistema público y privado, se registraron 48 fallecidos por coronavirus, incluyendo personal administrativo, hasta el 8 de agosto. En Perú hay 125 médicos, sin contar otros trabajadores de la salud, muertos por la enfermedad y un total de 3 mil infectados. El país supera el medio millón de casos desde que llegó el virus, el 3 de marzo.

Entretanto, en Venezuela se reportaron 43 muertes de profesionales de la salud por Covid-19 hasta el 6 de agosto. La cifra equivale a un 22% de las 195 muertes de venezolanos reportadas por el régimen de Nicolás Maduro, según cálculos del portal periodístico Efecto Cocuyo.

En Sudamérica, Venezuela es el caso más dramático respecto a opacidad. Para las sociedades científicas venezolanas las cifras difundidas por el régimen de Nicolás Maduro no son transparentes. La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales publicó un estudio el 8 de mayo que, además de considerar insuficientes las pruebas de diagnóstico molecular para detectar el virus, proyectó un peak de entre 1.000 y 4.000 casos positivos diarios entre junio y septiembre. “Esto es una invitación para que los organismos de seguridad llamen a esta gente. En verdad, esto está generando alarma, no tienen ni una sola prueba que el Estado esté haciendo los exámenes correspondientes”, amenazó Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Unido de Venezuela (PSUV).

Pero el tiempo le concedió la razón a los científicos. Según el gobierno chavista, este viernes se reportaron 1.012 nuevos casos y 7 muertes en ese país. Hasta el propio Cabello confirmó que está contagiado con Covid-19, y el jueves falleció Dario Vivas, jefe de gobierno de Caracas, por el virus.

Sin embargo, el análisis científico sigue controlado por el régimen. A mediados de marzo, Provea, una ONG defensora de derechos humanos, denunció que la Dirección General de Contrainteligencia Militar arrestó a dos trabajadores de la salud por exponer las pésimas condiciones de los hospitales y solicitar insumos para enfrentar la Covid-19.
La salud es un asunto manejado con hermetismo. Desde 2016 no son divulgados los boletines epidemiológicos y cualquier proyección de salud puede acarrear una intimidación. En medio de la emergencia, el balance sobre la enfermedad no es informado por las autoridades sanitarias, sino por voceros políticos.

A lo largo de la pandemia, las autoridades venezolanas solo reportaron pocas veces el número de pruebas aplicadas para detectar el coronavirus. Hace tres meses, un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) advirtió que solo un 2,37% de los 697.691 exámenes que dijo aplicar el Gobierno son PCR. De ahí que existen dudas de la eficacia en la detección.

Para el doctor José Félix Oletta, exministro de Salud de Venezuela (1997-1999), se incurrieron en varios errores en el tratamiento de la pandemia. “No hubo las consultas necesarias. No se tomaron en cuenta los indicadores epidemiológicos y las debilidades, las vulnerabilidades de la población sometida al hambre, desnutrición, pobreza cada vez más acentuada y a todas las dificultades de una crisis humanitaria. No se pueden hacer improvisaciones y ese es el resultado, lo veremos en los próximos días”, explicó.

Opina que en el país se usó el “modelo Wuhan” –ciudad china donde inició la Covid-19– que consiste en “poca transparencia” de la información. Considera que, sin duda, la opacidad pareciera ser otra pandemia.

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