Más de 100 mil nuevos puestos de trabajo es lo que proyecta generar el plan Chile Despega, presentado durante esta semana por el Presidente José Antonio Kast, y que busca reactivar el mercado laboral que sufre el mayor desempleo de los últimos cinco años, según dio a conocer el INE hoy y que llegó al 9,6% durante el trimestre junio-agosto de 2026.
A pesar de tener el respaldo de parte de la oposición, los expertos señalaron que si bien va en la dirección correcta, las medidas se quedan cortas debido a lo profundo del problema, y proyectan que el plan podría bajar en un punto porcentual el desempleo hacia el próximo año.
En Libre Mercado, conversamos con Pablo García, académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez y exvicepresidente del Banco Central, quien también se refirió a las proyecciones de crecimiento y la posibilidad de que el BC modifique las tasas de interés en el corto y mediano plazo.
-¿La meta de 100 mil nuevos empleos es alcanzable con las herramientas que entrega el gobierno?
-Lo primero que hay que tener es un diagnóstico que sea afinado y que permita entender por qué estamos como estamos. Mi impresión es que en el balance de los fenómenos de oferta y demanda, posiblemente un tercio son temas de demanda, pero lo más fundamental son dos tercios temas de que tenemos un mercado laboral que no funciona muy bien por razones más estructurales.
-De esos dos tercios, ¿cuánto hay de incremento del sueldo mínimo y cuánto de 40 horas?
-Algunos de esos fenómenos es cierto que están ahí. De hecho, el Banco Central en su último informe tiene un análisis bien a fondo donde muestra que el desempleo en Chile se ha desviado de los promedios de otros países, pero también eso ha ocurrido en un contexto en que se han desviado nuestras remuneraciones por hora, que están creciendo a tasas altas, y eso trae como correlato una mayor dificultad en crear empleo. Pero esas medidas que se han tomado no son en el aire, sino que operan en un mercado laboral que es bastante ineficiente. Yo creo que hay tres características de nuestro mercado laboral que lo hacen bastante poco proclive a crear empleo.
Uno es el tremendo impuesto a la contratación de mujeres, producto de los requisitos de sala cuna. Segundo punto es que tenemos un sistema de capacitación que es muy poco eficiente. Es algo que se sabe hace mucho tiempo y ha costado mucho reformarlo. Y tercero, tenemos un sistema de indemnizaciones por año de servicio que es bastante poco funcional, que no fomenta la creación de vínculos laborales de largo plazo, que incentiva la rotación y contratos de corto plazo. Entonces, esos cambios que mencionas interactúan con una estructura de nuestro mercado laboral que hace mucho rato sabemos que no funciona bien, y como resultado tenemos este impacto en la creación de empleo.
Ahora, hubo que asumir un costo de los combustibles más alto. Eso es algo que, desgraciadamente, le iba a pegar a Chile. Tenemos que reconocerlo, es doloroso, pero es parte de la realidad. Y lo segundo es que dado el proyecto de reconstrucción, es esperable que algunos proyectos hayan tomado un cierto compás de espera, viendo cómo se desarrollaba la discusión legislativa y esperar seis meses, nueve meses, para que todo esto se fuera despejando y retomar. Esas dos cosas aportan una fracción más chica de lo que ha ocurrido con el mercado laboral.
-¿Le faltó al gobierno una lectura política para darse cuenta que el tema laboral es la principal preocupación de la ciudadanía? ¿Le faltó proactividad?
-Es que yo creo que el diagnóstico de que tenemos un mercado laboral que no funciona bien estaba en el programa, es algo bien evidente, pero son cambios estructurales que rinden frutos después de un tiempo, y además hay que hacer el proceso legislativo, que no es fácil. Te imaginarás lo que cuesta ir y plantearle al Congreso cambiar las indemnizaciones por año de servicio. Eso está en el programa. Ya se produjo, de hecho, en el gobierno anterior, que el último reajuste del sector público fue bastante modesto. El reajuste del salario mínimo de este año también fue bastante moderado. De cierta forma, las condiciones están dadas para que estos problemas de costos vayan amainando.
Adicionalmente, creo que hay dos fenómenos en conjunto. Uno es que las proyecciones apuntan a que el próximo año vamos a crecer. El Banco Central quizás se quede un poco corto, dice que vamos a crecer entre 2% y 3%, no me extrañaría que creciéramos más que eso. Entonces, el impulso por el lado de la demanda que va a hacer que la economía crezca más y que te genere más empleo, viene en el camino. Esos son efectos en el empleo que son bastante significativos. Y también hay que decir una cosa que es bien objetiva. Los últimos dos años del gobierno de Boric fueron buenos económicamente. El año 2024 y 2025, la economía creció 2,5%. La inversión en 2025 creció 7%. Entonces, no es que teníamos una economía que estuviera destruida y había que recuperarla.
«La economía chilena es mucho más resiliente de lo que uno cree»
-¿Cuál es la evaluación que hace de la gestión en materia económica en estos primeros meses de gobierno?
-La agenda que se planteó en su minuto era pasar una megarreforma con cambios tributarios significativos. Hay varias dimensiones que, públicamente, no me parecían adecuados: lo de las contribuciones me pareció que estaba totalmente de más, la invariabilidad tributaria creo que se le pusieron demasiadas fichas a que eso va a tener efecto, yo tengo ciertas dudas. Pero, como se dice, las elecciones tienen consecuencias y los gobiernos tienen el derecho a empujar su agenda.
Pasa que este proyecto tiene algunas dimensiones, como el impuesto de primera categoría o a la ganancia de capital que hacían todo el sentido y había bastante consenso, relativamente transversal, de que teníamos que avanzar en esas áreas. Por otra parte, el apetito político estaba por tener austeridad con el gasto y creo que al electorado no se le vendió una pomada irrealista. (…) Y a esto le agregamos la mala suerte de tener este shock petrolero monumental, que le está quitando un punto de ingreso nacional a nuestro país. Un shock que, indudablemente, es fuerte, que no estaba en los planes de nadie y que ha contribuido un poquito a este mal ambiente de expectativas. Pero es una realidad que no se podía simplemente eliminar con subsidios.
-¿Cómo ve este año en términos de crecimiento y cómo proyecta el próximo?
-Siempre hay que mirar las tendencias. En 2025, la economía chilena creció en promedio 2,5%. Nada me hace pensar que la economía chilena no pueda crecer en promedio al 2,5%. Eso significa que nuestra economía entre el 2026, 2027 y 2028 en promedio debería crecer 2,5%. Si este año crecemos 0% y el próximo crecemos 5, no sería algo tan raro, porque las tendencias son muy fuertes. O si el próximo año crecemos 3,5% y este 0,5% no es algo que debiera extrañarnos.
Este año crecimos 0% por razones que son de una sola vez: porque el ajuste en el poder adquisitivo de los hogares es de una sola vez, porque los problemas climáticos y los de minería esperemos que sean de una sola vez. Entonces, son fenómenos que no son un problema estructural, secular, que diga que nuestra economía no pueda crecer más que 0%. Nos olvidamos, pero los dos últimos años del gobierno del presidente Boric la economía creció al 2,5%. Se dice que el próximo año el crecimiento de la inversión va a ser de 8%. Bueno, en 2025 fue de 7%, después de 10 a 15 años que no crecían. La eficiencia de nuestra economía también volvió a aumentar después de casi una década de estancamiento. Por eso a mi me cuesta decir que los últimos años de Boric fueron tan desastrosos. La economía chilena es mucho más resiliente de lo que uno cree y es mucho menos sensible a estos temas políticos, lo cual es un gran mérito.
«Lo correcto ha sido mantener la tasa donde está»
-¿Cómo analiza la inflación y las tasas?
-Hemos tenido bastante mala suerte por el lado inflacionario. Es indudable que el petróleo, la forma como se materializa este golpe al poder adquisitivo, es la mayor inflación. La duda es si es un fenómeno de una sola vez o tenderá a disiparse. Todo me lleva a pensar que es de una sola vez, porque no es primera vez que vemos problemas con el combustible, lo vimos con las tarifas eléctricas, con el precio del petróleo en 2022, en 2001. Ahora, si hubiésemos tenido este shock de los combustibles y la economía estuviera creciendo al 2,5% no me quedan dudas de que el Banco Central estaría subiendo la tasa. Pero estamos creciendo bastante menos, raspando el 0%, y por lo tanto lo correcto ha sido mantener la tasa donde está, que en la práctica significa una política monetaria más expansiva, que es lo que justamente uno sugeriría para amortiguar un poco este efecto malo sobre nuestros hogares. Estamos en un punto de inflexión de saber si es un fenómeno de una sola vez o si está quedándose arriba por razones de mayor persistencia. Yo tiendo a creer que va a bajar, y por lo tanto no veo la necesidad de que el BC suba la tasa.
Si el próximo año la economía empieza a repuntar y crecer al 3% o 3,5% y tenemos la inflación entre 3,9 y 4, yo creo que el Banco Central va a subir. Pero no hay para qué apurarse, hay que ver cómo va la recuperación económica. Si prenda y da señales de aceleración hacia el principio del próximo año y la inflación se queda un poquito, yo no encontraría raro que el Central suba la tasa 25 puntos.
