Con apenas tres puntajes nacionales –de 120 totales– y fuera del ranking de los 100 mejores establecimientos, los resultados de la PDT 2022 marcaron una nueva caída para el Instituto Nacional (IN). Un pequeño reflejo de la crisis que ya hace años atraviesa el emblemático liceo, que el pasado 2021 hizo noticia por haber abierto sus puertas a estudiantes mujeres, pero que durante años ha percibido cómo parte de las demandas nacionales utilizan las aulas como un escenario para la difusión de ideologías extremas, vandalismo y violencia.En sus más de dos siglos –208 años– el IN ha formado a 18 expresidentes de la República, líderes políticos, empresarios y escritores. Y es que el alto rendimiento de sus estudiantes hizo que el 2010 el instituto concentrara el 10% del total de los máximos nacionales alcanzados en la entonces Prueba de Selección Universitaria (PSU), una cifra que ha venido en picada en desde entonces, y este año solo tres de sus alumnos alcanzaron la distinción. Sus éxitos académicos dejaron de ser noticia, y más bien ahora se le conoce por un historial asociado a las movilizaciones.

La denominada “Revolución Pingüina” de 2006 fue quizá el punto de partida para los movimientos escolares que consolidaron el liderazgo del Instituto Nacional entre los establecimientos públicos. El 22 de mayo del mismo año, el IN inició el paro que ocho días después logró sumar a más de 250 colegios. En 2011, la historia fue similar. Mientras Camila Vallejo y Giorgio Jackson –entonces líderes de la Confech– encabezaban las protestas que bajo la consigna “No + Lucro”, el Instituto Nacional fue nuevamente la sede de ocupaciones ilegales, esta vez, con una connotación mucho más violenta

A pesar de que en los años siguientes las movilizaciones estudiantiles disminuyeron su intensidad a nivel país, en el IN las protestas siguieron, esta vez por conflictos internos con la administración del establecimiento que se encontraba en manos de la exalcaldesa de Santiago, Carolina Tohá. Un incremento en la violencia que llegó a su punto más álgido entre 2018 y 2019 cuando encapuchados y bombas molotov se tomaron Arturo Prat 33.

El conflicto les pasó la cuenta y así lo percibe el analista político Max Colodro quien en conversación con el programa radial Mirada Líbero en Agricultura, asegura que “el Instituto Nacional –entre muchos factores porque no es un solo factor– está pagando también los costos de lo que ha sido la excesiva politización, sobre ideologización de los movimientos más radicales que de algún modo han impedido el funcionamiento normal del colegio durante mucho tiempo, tomas muy largas, ocupaciones, paros prolongados”. 

En este sentido, Colodro considera que finalmente la excesiva politización de los centros de alumnos y  actividades académicas, le han pasado “una cuenta bien grande” a la educación pública. “Yo creo que el caso del Instituto Nacional es muy emblemático mencionar”, lamenta. 

El estallido escolar

El mismo año en que se desató uno de los conflictos sociales más importantes del país (2019), la cotidianidad del Instituto Nacional transcurría en medio de bombas molotov, símbolos anarquistas, salas tomadas y sillas cruzadas en las rejas del recinto. La efervescencia de los estudiantes que derivó en el primer paso de lo que finalmente fue el “estallido” de octubre: promovieron las primeras evasiones masivas del Metro de Santiago, la misma semana que quemaron la inspectoría del establecimiento (el 15 de octubre de 2019), y que tuvo su punto más alto de violencia el 18 de octubre de 2019.

Fueron los estudiantes del emblemático colegio los que realizaron la primera manifestación en rechazo del alza de la tarifa del sistema de transporte en 2019 (a un máximo de $30). Las movilizaciones se extendieron a más de 15 estaciones, en donde incluso destrozaron torniquetes, validadores y agredieron a guardias.

Para ese momento no era raro que el recinto fuera sede de disturbios. Pues los niveles alarmantes de violencia venían creciendo desde 2018. Un episodio que lo ejemplifica fue cuando un grupo de encapuchados roció con bencina a docentes la mañana del sábado 1 de septiembre de ese año, mientras se realizaba una jornada de clases recuperativas, entre las afectadas estaba la inspectora del establecimiento, María Teresa Cortés y los victimarios vestían los overoles blancos que terminaron por convertirse en el ícono de la violencia en el instituto.

En 2019 la violencia no cesó, en su momentos más álgido estos «overoles blancos» llegaron a lanzar hasta 67 bombas molotov diarias a carabineros. El conflicto continuó y para marzo de 2020, con la pandemia del coronavirus ya como una amenaza real los ya conocidos overoles blancos y máscaras de payasos, se concentraron una vez más a las afueras del recinto el 12 de marzo, apenas unos días antes de que se decretaran las cuarentenas por Covid-19. Con barricadas y carros lanza aguas de por medio, la policía logró disuadir otra de las manifestaciones.

Tres años después y luego de que hace un par de días se conocieran los resultados que el IN obtuvo en la PDT, el urbanista y arquitecto Iván Poduje reflotó su opinión con lo ocurrido en ese periodo y arremetió contra la situación actual la cual calificó como una “tragedia”. A través de su Twitter, recordó una de sus columnas de La Tercera, ‘Jugar a la Guerra’. En el artículo dice que las movilizaciones estudiantiles de 2011 agudizaron la crítica a la selección de alumnos, instancia en que los liceos emblemáticos fueron tomados una y otra vez. “La clase política se rindió ante un alumnado radical, naturalizó la violencia y socavó la autoridad de rectores, generando un incentivo perverso para ser más rudo”, enfatiza. 

Asimismo, destaca que en la fecha, “no bastaba con insultar a los profesores: había que escupirlos o rociarlos con bencina. Tampoco era suficiente pedir mejor infraestructura, pudiendo exigir terminar con el modelo neoliberal”.

Un estudio de la Fundación Jaime Guzmán, titulado ‘La violencia en el Instituto Nacional’ da cuenta que desde el año 2010 a septiembre de 2019, se habían perdido más de 14 meses de clases.

Para el exalumno y director ejecutivo del Instituto Res Pública, José Francisco Lagos, la situación que atraviesa el IN es una crónica de una muerte anunciada, porque “esto viene pasando hace mucho tiempo. Este es el declive más importante, a mi juicio, desde el 2011, cuando en el colegio tuvimos tiempo sin tener clases, y desde ahí, sucesivamente  todos los años han habido movilizaciones por parte de los alumnos, por parte de los profesores, algunas cosas con complicidades de las autoridades, y eso obviamente, también atiende al problema”. 

La ideología se tomó las aulas

En 2014 los estudiantes pertenecientes a las Juventudes Comunistas (JJ.CC.) organizaron una charla que tenía como expositores a los representantes del Frente Patriótico Manuel Rodriguez (FPMR). La cita, denominada como ‘La Política de Rebelión Popular de Masas’, contó con la presencia del exvocero de la agrupación, César Quiroz. 

El hecho desató la molestia entre la esfera política y la cúpula interna del establecimiento que a través de un comunicado, aclaró que dicha actividad no se enmarcaba en la “programación académica del liceo” y que solo fue organizada por un grupo de estudiantes de segundo medio, “en el marco de las charlas, foros y conversatorios que usualmente realizan los estudiantes sobre diferentes materias”.

Pero dicho acontecimiento no ha sido el único que ha marcado la presencia de la izquierda en el establecimiento. Los apoderados también han tenido un rol preponderante en la difusión de ideas revolucionarias. Marco Riquelme, a pesar de que era apoderado del Liceo 1, ha sido muy activo en redes sociales. El exintegrante del Frente y uno de los fundadores del Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez (MPRM) convocó a las movilizaciones de jóvenes y adultos. Además, solidarizó con tomas de otros recintos de la comuna. Incluso, en uno de sus mensajes, ironiza con la violenta acción de un grupo de encapuchados que rociaron con bencina a unos funcionarios del Instituto Nacional.

Una serie de conflictos que parecen haber trascendido en la historia del IN y que hoy podrían ser un reflejo de los resultados en la PDT. Frente a lo acontecido, el analista y escritor Sergio Muñoz, aseguró en Mirada Líbero que hay que “preocuparse enormemente en la situación del Instituto Nacional, es un elemento, por cierto, que llama la atención porque es un liceo emblemático”.

Asimismo, destaca su interés por la educación pública y sus logros académicos: ”Entre los primeros cien mejores solo hay dos colegios municipales y dos subvencionados”. 

Lagos, por su parte, considera que a pesar de que es una situación reversible, destaca que se requiere mucho tiempo de trabajo, de hacer las cosas bien para recuperar el rol que tenía el Instituto Nacional. Asimismo, subraya el papel que tiene en materia social, ya que alberga a estudiantes de todas las clases sociales: «Para mí el Instituto Nacional, además de la tradición que tiene y la importancia en la historia para el país, hoy día cumple un rol súper importante, que es ser un motor de movilidad social para las familias de clase media, que si no fuera por el Instituto Nacional tendrían menos oportunidades para poder salir de la pobreza».

 

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