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Publicado el 16 de junio, 2019

Quiénes son y cómo operan las “manzanas podridas” del Instituto Nacional

Autor:

Emily Avendaño

Desde el año pasado el alcalde de Santiago Felipe Alessandri ha insistido en que hay que sacar a las “manzanas podridas” de los colegios. Esta semana sus dichos se han hecho más reiterativos ante la violencia que ronda al Instituto Nacional. Quienes se encapuchan o visten overoles blancos para lanzar molotov cursan de octavo básico a tercero medio. Son alrededor de 30, pero en torno a ellos hay un “círculo de protección” que hacen que sean, en total, unos 80. Simpatizan con corrientes como el antiespecismo y el anarcoveganismo; y contarían con la complicidad de algunos padres y trabajadores del establecimiento.

Autor:

Emily Avendaño

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Nunca han entregado un petitorio a la Municipalidad de Santiago, así que las autoridades desconocen cuáles son sus requerimientos. Algunos visten con overoles blancos, cubren sus rostros con capuchas y se enfrentan a los Carabineros lanzándoles bombas molotov: 67 al día, según el promedio que maneja la municipalidad. Pese a que no dejan ver su rostro algunos de ellos ya están identificados. Son estudiantes del Instituto Nacional que, en su mayoría, cursan desde octavo básico hasta tercero medio.

Desde la alcaldía hay claridad de que se trata de unos 30 jóvenes, algunos de los cuales han sido procesados a través de la Ley 21.128, conocida como Aula Segura; pero que pese a estar separados de la institución regresan para ser partícipes de los disturbios. Es el caso de un estudiante de octavo básico, primer procesado por Aula Segura en el establecimiento, de quien se dice aparece en un video arengando a sus compañeros para promover una toma.

“Una toma en la cual vamos a hacer espacios reflexivos, tocatas, comida con ningún tipo de carne, ni derivados de los animales. Vamos a hacer de verdad que esta toma sea un espacio reflexivo, un espacio que de verdad valga la pena… Debemos unirnos todos. Hasta el profesor debería unirse a nuestra lucha porque, al fin y al cabo, a él igual se lo cagan las personas de arriba”, dice el joven vestido con el overol blanco y la cara cubierta. Durante el primer día de esta movilización, el 10 de junio, los alumnos lanzaron un torneo de videojuegos con la intención de reunir fondos.

El sumario de este estudiante no llegó a concluirse porque sus padres lo retiraron antes alegando que se mudarían al sur y con lo cual su expediente quedó limpio, porque no se concretó la expulsión. No viajaron. En cambio, al joven se le ha visto escabullirse entre los encapuchados aprovechando el tamaño y la matrícula de más de 4.300 estudiantes que tiene el Instituto.  

Otro, alumno de tercero medio, incluso ha amenazado de muerte a uno de los miembros del equipo de convivencia escolar. La madre admite sus faltas, pero no ha podido ponerle reparos. Un tercer líder es de primero medio.

La mayoría ha sido expulsado, el problema es que vuelven. En torno a ellos existe un círculo de protección con alrededor de 50 estudiantes más. Haciendo que en total sean unos 80.

Los responsables de controlar los disturbios han podido encontrar que algunos llevan un rociador, con agua y un químico, este líquido tendría efectos similares a los de las bombas lacrimógenas que lanzan los Carabineros. Así que lo utilizan entre ellos mismos para acostumbrarse a los efectos del gas y estar «más preparados» para enfrentarse a los cuerpos de seguridad, según ha explicado una fuente vinculada al área educativa que prefiere mantenerse en el anonimato.

El Instituto Nacional ha atravesado por siete semanas en las que no han sido capaces de retornar a la normalidad. Incluso sus íconos se han visto afectados por este clima de violencia. A principios de mayo fue necesario trasladar el bus Mercedes Benz 362, del año 1973, conocido como el Caleuche, y llevarlo al estadio que el liceo tiene en Vitacura para ponerlo a resguardo; pues el vehículo era uno de los lugares en el que armaban las molotov y también donde las almacenaban. Ahora lo hacen al interior de la institución, aprovechando sus dimensiones y la cantidad de salas y oficinas disponibles.

Cuando empieza el turno de la tarde, los más grandes son los responsables de ir aula por aula reclutando alumnos para que se unan a las manifestaciones. En caso de que nadie salga, se han dado casos en que los encierran con candado dentro de la sala, junto con el profesor, denuncian personas vinculadas al Instituto.

Desde la Municipalidad explican que estos «anarquistas» no forman parte del Centro de Estudiantes, instancia que promovió la toma del establecimiento que empezó el pasado lunes y que ha sido desalojada en tres oportunidades.  

En una entrevista ofrecida para The Clinic, Rodrigo Pérez, presidente del Centro, admite que han tenido conversaciones con quienes llevan overoles blancos y se encapuchan durante las asambleas y espacios de organización. En el diálogo también admite que sabe quiénes son. «Son estudiantes que tienen que caer en la necesidad de encapucharse. No de tirar bombas molotov, eso es otro tema. Tienen que encapucharse para que no los vengan a amedrentar tal como muchos estudiantes que no andan encapuchados, pero que los amedrentan, los persiguen, que les llaman el apoderado», dijo.

Una de las personas del área de Convivencia Escolar señala que la vinculación entre estos grupos es «tácita». La noche del martes 11 de junio, cuando Carabineros desalojó por primera vez la toma del Instituto Nacional no encontraron estudiantes dentro del establecimiento, pero sí hallaron puertas y candados forzados, vidrios rotos, rayados, destrozos en el baño de la Rectoría, además hurtaron comida de las raciones que entrega Junaeb y otro tanto se venció.

Anarquismo, antiespecismo y el anarcoveganismo

Las autoridades no dudan en calificar estos movimientos como grupos anarquistas. En los muros de los establecimientos e incluso en la ropa de los encapuchados aparecen figuras como la «estrella del caos» -que se dejó ver el año pasado pintada en las paredes del Internado Nacional Barros Arana-, un símbolo de ocho puntas que termina en flechas y que alude a la “magia del caos”. La figura se refiere a la “dispersión de la violencia y el desorden en la sociedad, para mantenerla en un estado de miedo constante”, según explica una autoridad que ha seguido de cerca estos casos. Otros rayados representan el antiespecismo y el anarcoveganismo.

Además, las autoridades han identificado 21 días en los que podrían ocurrir hechos de violencia, como algunos relacionados con la conmemoración de muertes de comuneros mapuches o de anarquistas. El 22 de mayo fue una de estas fechas complicadas, pues se cumplieron 10 años de la muerte de Mauricio Morales Duarte, conocido como el «Punky Mauri», quien falleció el 22 de mayo de 2009, cuando se trasladaba en bicicleta al centro de Santiago, llevando una bomba en una mochila en su espalda. El artefacto que presuntamente instalaría en la Escuela de Gendarmería le estalló.

Otras fechas son el Día del Joven Combatiente (29 de marzo), o el 8 de agosto, conocido como el «Día del Gato», que es emblema de algunos grupos anárquicos.

En un video difundido en se ve a uno de estos jóvenes de rostro cubierto y overol blanco, presuntamente en el Instituto Nacional leyendo un comunicado en recordatorio a Morales.

«Quiero dejar en claro que yo no represento a nadie, ni nada me representa a mí y que, según mi planteamiento, cada individuo tiene la capacidad de expresar sus ideas de la forma en que le plazca. Hoy me encuentro dirigiendo un comunicado a cada persona que vea esto. Partimos un mes muy difícil para todas las almas salvajes, este mes está lleno de dolor, rabia y tristeza. Este mes fue marcado por la muerte de nuestro compañero Mauricio Morales… Él murió haciendo lo que a él le parecía justo, pero su muerte no fue la única acción. Él sigue accionando en el corazón de todos los que buscan un cambio en este sistema. También hago un llamado a conmemorar a nuestro compañero, no con flores, ni llorando. Conmemoremos a nuestro compañero con fuego, consciencia y explosión».

Desde la Municipalidad también han podido asociar las tomas de los liceos con la celebración de eventos deportivos. En 2014 coincidieron con el Mundial de Fútbol, en 2015 y 2016 con la Copa América, en 2017 con la Copa Confederaciones, en 2018 con el Mundial de Fútbol y, ahora, en 2019 nuevamente con la Copa América. “Siempre es en la misma época. Por lo general una semana antes de que empiece el torneo”, destacan.

Padres y profesores involucrados

El alcalde de la Municipalidad de Santiago, Felipe Alessandri, declaró esta semana a los medios: «Hay que sacar las manzanas podridas del Instituto Nacional». No es la primera vez que se refiere así en torno a quienes incitan la violencia al interior de los colegios. Lo viene diciendo desde 2018. Aunque en esta oportunidad ha agregado que también hay adultos, padres y profesores, incitando a la violencia.

Aquiles Herrera, presidente de la Corporación de Padres y Apoderados José Miguel Carrera, avala cada uno de los dichos de Alessandri. “Sí hay profesores involucrados. Esa lista la tiene la Dirección de Educación Municipal (DEM) y el alcalde. Promueven todo desde adentro, profesores, apoderados y porteros del colegio. Fuimos testigos de cómo uno de los porteros abre subrepticiamente uno de los portones que no tendría por qué abrir y lo hace de forma muy soterrada y ahí se mete una turba, mujeres y hombres. Eso fue el 12 de junio, a las 14:40 más o menos”, se refiere a cuando ocurrió la “re-toma” del establecimiento.

Entre los vinculados al Instituto Nacional también ha circulado un listado con los nombres de 14 apoderados ordenados según su “peligrosidad y toxicidad”. A uno de ellos se le señala de ser quien le escupió al vicerrector del Instituto Carlos Urzúa.

Otro hecho que dificulta mantener el orden sería la existencia de tres centros de padres en el establecimiento: el Centro de Padres del Instituto Nacional (CEPAIN), el Centro de Padres y Apoderados Liceo A-0 Instituto Nacional (CEPA A-0) -cuya creación la apoyó Carolina Tohá cuando era la alcadesa- y la Corporación de Padres y Apoderados José Miguel Carrera. 

“Yo no sé si en algún país del mundo ocurre esto con algún colegio, pero encuentro que hemos llegado al absurdo. Hay un 72% de alumnos vulnerables en el colegio, y a nadie le importa. Se han perdido 14.000 raciones de comida. Los chiquillos que deberían comer en el colegio ni siquiera lo están haciendo. Es una locura y a nadie le importa”, subraya Herrera, quien detalla que en noviembre del año pasado se firmó un protocolo de cara a unificar la representación de los apoderados. No obstante, dice, el CEPA A-0 se negó a respaldarlo.

“Esto no es producto de la generación espontánea”

También está la certeza de que quienes participan en los hechos violentos reciben financiamiento y entrenamiento, no solo para el choque, también en temas legales y de logística. Al respecto hay abierta una investigación en la PDI, según trascendió desde la Municipalidad de Santiago.

El concejal por Santiago, Jorge Acosta, subraya: “No cabe duda de que existen personas que están financiando a estos grupos. Cómo consiguen los overoles blancos, la bencina, toda la logística para ingresar con todos estos productos en cada una de las marchas. Por supuesto que hay una organización y una preparación. Esto no es producto de la generación espontánea. Habría que ser muy ilusos para creer aquello. Contrasta con lo que uno ha visto durante más de 200 años de historia del Instituto Nacional, que son estudiantes que siempre han querido hacer del colegio un verdadero vehículo de movilidad social. Eso es lo que causa más tristeza y decepción. Ver cómo este grupo financiado por personas, que hay que saber de dónde vienen, ha terminado con tanta tradición y tanta historia”.

Detalla que en este momento hay alrededor de 20 estudiantes en procesos definidos por Aula Segura.

Con respecto a las tomas las sanciones son distintas. Puesto que este se considera un sistema de movilización “ilegal e ilegítimo”. La Dirección de Educación somete al “debido proceso” a quienes las promueven. La mayor sanción en estos casos es la cancelación de la matrícula al final del curso, lo cual implica que al terminar el año escolar deben trasladarse a otro colegio y que si se está cursando cuarto medio no se pueden graduar. Todo esto debido a la laxitud del Manual de Convivencia del Instituto Nacional.

“El Instituto Nacional está absolutamente cooptado por un grupo de anarquistas muy violentos, sin razones, que solamente han promovido el caos, la violencia y la pérdida de todo respeto por las autoridades, por sus profesores, por sus compañeros, por los apoderados. Que incluso han llegado a amenazarlos de rociarlos de bencina y quemarlos. Por lo tanto, lo que debe llamar al escándalo, pero también a la movilización activa para resolver este problema son estos grupos violentistas-anárquicos que hoy por hoy se han tomado el Instituto Nacional y han atemorizado a una comunidad completa”, asegura Acosta, quien además es institutano.

El concejal insiste en que “no hay un por qué ni una razón lógica” sobre lo que los impulsa a la violencia. “Simplemente lo que se ha informado es que promueven la anarquía, el caos, hacen una apología la violencia. No hay argumentos razonables que permitan ser atendidos. Muy por el contrario hay un completo desinterés”, agrega que si el problema es la infraestructura, se está trabajando «en una serie de proyectos para mejorar las condiciones del Instituto, pero no por eso te vas a poner a destruir lo que ya tienes. Si tu exigencia es infraestructura cómo rompes tu establecimiento, cómo lo quemas, cómo lo destruyes. Es una contradicción en sí misma. Son solo excusas para promover la violencia”.

Sugiere que haya un “golpe de timón” en el centro para lo cual propone adelantar las vacaciones de invierno y el concurso público para elegir a un nuevo rector.

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