Publicado el 24 febrero, 2021

Cómo Narváez busca retomar la política migratoria de la ex Presidenta Bachelet

Autor:

Daniela Bas

La abanderada del Partido Socialista anunció que, de ser electa , sus primeros compromisos internacionales serán adherir al Acuerdo de Escazú y al Pacto Migratorio de las Naciones Unidas, proyecto en el que la ex Mandataria fue protagonista durante las negociaciones para asegurar la firma de Chile durante su administración, algo que no se concretó luego de que el Presidente Piñera, en diciembre de 2018, decidiera restarse de esa política migratoria. Ambos pactos obedecen a los lineamientos de la ONU, escuela que une a Narváez y Bachelet.

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Daniela Bas

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El comienzo de campaña de Paula Narváez (PS) como candidata presidencial ha sido vertiginoso. Han pasado menos de dos meses desde que un grupo de mujeres del Partido Socialista levantara su nombre en una carta publicada el 25 de diciembre, la que pocos días después contó con la firma de la ex Presidenta Michelle Bachelet. El 13 de enero Narváez renunció a su cargo en ONU Mujeres, donde se desempeñaba como asesora especialista en participación política de las mujeres para América Latina y oficializó su precandidatura.  Y el 28 del mismo mes el Partido Socialista la proclamó de manera unánime como su carta en la carrera hacia La Moneda.

Este lunes, la candidata y ex vocera del gobierno de Bachelet, dio a conocer dos compromisos que, aseguró, “se tomarán inmediatamente asumido el próximo gobierno” que son adherir al pacto de Escazú y suscribir al Pacto Migratorio de las Naciones Unidas o Pacto de Marrakech.

“No podemos tapar el sol con un dedo en cuanto a lo que la migración se refiere, tenemos que hacernos cargo de la migración guiándonos por los principios de las Naciones Unidas. Lo responsable de hacer es justamente el apoyo al pacto migratorio”, fueron las palabras de Narváez este lunes en un encuentro virtual en el que estuvo acompañada por Paulina Astroza, académica experta en relaciones internacionales y encargada de esa área programática en el comando de la candidata.

“Me parece que ahí tuvimos como país un rol activo al inicio, íbamos en una señal de formar parte de ese pacto migratorio y por alguna razón, el Gobierno actual decidió no hacerlo, por lo tanto, creo que es absolutamente fundamental que nosotros podamos declarar el apoyo al Pacto Migratorio de las Naciones Unidas”, prosiguió la abanderada.

El rol activo al que se refiere Narváez en cuanto al Pacto de Marrakech es herencia del segundo gobierno de Bachelet quien, bajo la escuela de las Naciones Unidas, llevó a Chile a tener protagonismo durante las negociaciones de este pacto. Las tratativas comenzaron en 2016 cuando se firmó la “Declaración de Nueva York” en la Asamblea General de las Naciones Unidas, lo que sería la antesala a la conferencia de Marruecos el 2018. Es más, estaba contemplado que Chile fuera vicepresidente de la Conferencia, cargo que estaba prácticamente asegurado previo a que, ya en el gobierno del Presidente Sebastián Piñera se optara por no firmar el pacto.

El 12 de diciembre del 2018, tras la determinación del Gobierno actual de no apoyar el pacto migratorio y restarse de de la cumbre, la ex Mandataria sostuvo: “Lo lamento y no puedo menos que señalar que espero que algún día Chile se sume al pacto global, que creo que puede ser muy positivo”.

Hoy, Narváez, como su “elegida”, promete suscribir al pacto en sus primeros días de gobierno, de ser electa Presidenta y, así, retomar la política bacheletista en materia de migración, compartiendo los lineamientos establecidos por la Organización de Naciones Unidas en este ámbito.

Fuentes que conocen el contenido del Pacto de Migración sostienen que lo que se busca al retomar este acuerdo es la señal de que Chile “va a obedecer los criterios de la ONU” con respecto a la migración, los cuales, advierten, “han sido bastante permisivos”.

El gobierno de Bachelet promovía esta agenda, acorde a Naciones Unidas, lo que fue confirmado en agosto de 2017 por el embajador Carlos Appelgren, en ese momento Director General de Asuntos Consulares y de Inmigración, ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Allí señaló que “Chile ha participado activamente de este proceso, promoviendo una serie de principios establecidos en el marco de la Política Nacional de Migraciones”. Discurso en el que también detalló que “el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet ha fijado su visión y posición con respecto a las migraciones internacionales, definiendo a Chile como un país de migración”.

Tras el anuncio de Narváez sobre sus primeros compromisos en materia internacional, los diputados UDI Juan Antonio Coloma y Cristhian Moreira, cuestionaron su silencio sobre si respaldará o no el TPP-11, un tratado que también fue promovido durante el gobierno de la ex Presidenta y debe ser votado próximamente en el Congreso. “Es insólito que la ex ministra Narváez guarde completo silencio frente a un tema tan importante para nuestro país, sólo por el temor de ser impopular ante la ciudadanía”, señalaron. Además, se mostraron críticos sobre su decisión de apoyar el Acuerdo de Escazú y el Pacto Migratorio, asegurando que “provoca un obstáculo y dificulta el proceso de una inmigración ordenada y segura que la mayoría de los chilenos quiere para nuestro país”.

Por otro lado, hay quienes han juzgado que el Pacto, durante este año, no estableció grandes medidas de ayuda bajo el contexto de pandemia y necesidad. Quienes conocen los lineamientos señalan que países como Venezuela, Perú, Bolivia y Argentina, todos firmantes del acuerdo de Marrakech, no solo no dejaron entrar extranjeros residentes, sino que no permitieron el ingreso de sus propios nacionales.

“Política migratoria abierta” de Bachelet

Asegurar que se suscribiría al mismo pacto que impulsó Bachelet, no necesariamente la obliga a seguir todos sus lineamientos en materia de migración, pero acerca a Narváez a lo que fueron las políticas públicas de Bachelet en este ámbito, en donde, el no tomar acciones sobre ciertas medidas, también conforma una política pública al respecto.

Fue la propia ex Presidenta quien destacó que durante su período en La Moneda hubo una “política migratoria abierta” tras las críticas que se le hicieron sobre el fenómeno migratorio haitiano en que se le acusó de hacer vista gorda frente a la falta de regulación que habría permitido la llegada descontrolada de inmigrantes a Chile.

En la misma entrevista, al ser consultada si el ingreso de haitianos se podría haber regulado, señaló que “la verdad es que mientras nosotros estuvimos ahí (en el gobierno) nos parecía que era un fenómeno que era normal, que podía llegar gente, empezaron a llegar venezolanos también”.

Dijo desconocer cómo se organizaban las empresas que ofrecían vuelos desde Centroamérica a nuestro país, principalmente desde la aerolínea LAW, sin embargo, sus declaraciones contrastaron con lo que mencionaba su canciller, Heraldo Muñoz, quien afirmó que sí hubo conocimiento del tráfico de migrantes de esa nacionalidad. De hecho, mencionó que lo denunciaron en varias oportunidades al gobierno haitiano.

El explosivo aumento de inmigrantes provenientes de Haití entregaba pruebas de que se enfrentaba una situación anormal. En 2016, según cifras de la Policía de Investigaciones, entraron al territorio nacional como turistas 48.780 ciudadanos de Haití y salieron de Chile solo 4.307. Es decir, permanecieron 44.473 personas. Mientras, en enero y agosto de 2017 ingresaron 61.132 y salieron 2.852. Así, entre ambos periodos, los ingresos, descontadas las salidas, alcanzan los 102.753. 

Sobre el fenómeno hubo advertencias que no fueron escuchadas. En marzo del 2017 la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados ofició al ex canciller para solicitarle “considerar la conveniencia de exigir algún tipo de visado a los migrantes de nacionalidad haitiana, mientras no exista una solución definitiva con respecto a la vulneración de los derechos de dichos migrantes”. En ese momento solo Chile, Ecuador y Argentina no exigían una visa de turismo a los haitianos entre los países de Latinoamérica.

El segundo aviso que recibió surgió desde la misma Cancillería en agosto del mismo año. Carlos Appelgren en una sesión organizada por la comisión de Relaciones Exteriores confirmó la necesidad de implementar algún tipo de visado a los migrantes.

“Como es de conocimiento de US., en el último tiempo, en particular a partir del año 2016, se ha incrementado fuertemente el arribo de ciudadanos haitianos a nuestro país, quienes viajan como turistas y luego permanecen en Chile, valiéndose de la circunstancia que no se exige actualmente el requisito de visa a los turistas haitianos”, consignaba el acta de la sesión.

Sin embargo, no se tomó ninguna medida en la administración anterior, sino hasta abril del 2018 durante el actual gobierno del Presidente Piñera.

La política migratoria durante esos años fue calificada como “poco responsable” por el actual Jefe del Departamento de Extranjería y Migración, Álvaro Bellolio, quien en entrevista con El Líbero el año pasado, fue crítico y señaló que “en esa época hubo una indolencia importante. “Claramente no se priorizó el tema migratorio, había conocimiento justamente de los altos flujos migratorios como el caso de los haitianos que después se quedaban en Chile irregularmente y aún sabiendo todas estas cosas no se tomaron medidas”, sostuvo.

El plan para “ordenar la casa” del Gobierno y el No al Pacto de Marrakech

En el marco de “ordenar la casa”, la política migratoria difundida por el Mandatario al llegar a La Moneda en 2018, se estableció como punto de partida la instauración del requisito de visa de turismo para los haitianos.

Siguiendo el mismo objetivo, a fines de ese mismo año, optaron por no participar en las reuniones en la ciudad de Marruecos que culminaron con la firma de más de 150 países en el Pacto Mundial para la Migración. “No nos parece conveniente, ni para Chile ni para los chilenos suscribir un pacto que dificulta el proceso de poner orden en nuestra casa en materia de migraciones”, fueron las palabras del Presidente.

El proceso no fue simple. En primera instancia, como lo relató El Líbero, se estableció que el Pacto se firmaría, pero con reparos que se entregarían de manera oficial durante la ceremonia el lunes 10 de diciembre, lo que dejaría margen de acción al país para poder retirarse o no ratificar el documento en la Asamblea General o en el futuro.

De hecho, la delegación nacional se encontraba en Marruecos, pero el embajador de Chile ante la ONU, Milenko Skoknic, decidió hacerle cambios al discurso que debía leer para que quedara en línea con la postura del organismo internacional, lo que obligó al Jefe de Estado a ordenar el retiro inmediato de Chile del pacto y la vuelta al país.

El Mandatario explicó en esa semana las razones para no adherir al Pacto Migratorio de Marrakech. En sus declaraciones del 14 de diciembre argumentó que el tratado “incentiva la migración irregular al fomentar el trabajo informal y dificultar la detención de migrantes irregulares”. Además sostuvo que “limita el derecho soberano de todo Estado a decidir cómo resguardar sus fronteras”.

Durante el mismo discurso, el Presidente cuestionó el manejo migratorio durante la administración anterior. “Cuando asumimos nuestro Gobierno, la situación migratoria en Chile reflejaba, en nuestra opinión, un desorden alarmante”, sostuvo. Y aseguró que “durante el Gobierno de la Nueva Mayoría, cerca de 700 mil personas ingresaron a Chile como turistas, cientos de miles de ellos con la clara intención de quedarse en forma irregular o engañados por verdaderas mafias de tráfico de personas, que les prometían cosas que nunca cumplieron. Al 11 de marzo de este año había en Chile más de 250 mil migrantes irregulares”. 

“Por esa razón, una de las primeras emergencias y desafíos que asumió nuestro Gobierno fue poner orden en nuestra casa”, subrayó.

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