Siempre los clásicos despiertan un interés muy especial y este, el N° 189, que se jugó el domingo entre colocolinos y azules no fue la excepción. La historia indica que la supremacía alba es categórica: 86 victorias, 55 empates y 48 derrotas sobre su eterno rival. Las cifras y estadísticas son números cercanos al hielo, pero, querámoslo o no, pesan. En los últimos 20 años, el Monumental se ha convertido en un verdadero calvario para la Universidad de Chile y ninguno de los 24 técnicos azules que transitaron este periodo ha podido desentrañar la estrategia para vencer al dueño de casa.
Ya se ha dicho casi todo de este encuentro, pero hay un hecho esencial que facilito el triunfo albo, y que es para observar. Cuando el árbitro del partido, Julio Bascuñán, dio el pitazo inicial me anticipé y advertí que iba a ser un partido interrumpido y trabado, con unas 40 infracciones a sancionar (en el pleito por el descenso, del Cacique con los del Campanil, Don Julio sancionó 47 faltas, casi un récord…). Esta vez fueron 35, de las cuales 22 fueron cobradas en la primera etapa. Esto impidió que U. de Chile, al insinuar proyectarse a la ofensiva y acercarse al arco de Cortés, era “maniatado” por las interrupciones del juez. En el segundo tiempo, Bascuñán fue menos riguroso y dejó jugar; sancionó 13 faltas y dio fluidez y rapidez al juego albo. Fue entonces que a los 72’, el chileno-argentino Leonardo Gil consigue el único tanto, el de la victoria. A esa altura, a la U. de Chile ya no le quedaba fútbol ni alma ni coraje, y tampoco a Gonzalo Espinoza.
En resumen, Colo Colo mejora día a día, a pesar de las turbulencias dirigenciales. En los últimos 19 partidos, ha perdido solo tres. Quinteros, su técnico, ha conseguido el liderazgo y ascendencia sobre sus dirigidos y ahí se ven los resultados. En la otra vereda, U. de Chile logró despejar la incertidumbre en la cúpula, sin embargo, en la cancha sigue empantanado, con un técnico perdido, que no se sabe a qué juega y que además declara que no pasa por su cabeza renunciar… y por el bolsillo, agregaría yo. Pero al final de cuentas, un club grande no resiste mantener en la banca a un técnico con un 46% de rendimiento y Dudamel tendrá que entender que, si no mejoran, tiene los días contados.
Para terminar, una mención de “optimismo futbolístico” y otra no tanto. Puedo decir que de los seis partidos que se disputaron de la quinta fecha del torneo, cuatro de ellos fueron muy buenos, destacando los que protagonizaron Curicó, Everton, Antofagasta, Ñublense, O’Higgins, Wanderers, Cobresal y Antofagasta; y dos menos que regular: uno, el comentado clásico, y el otro, el empate sin goles de La Serena y Unión Española, que muestra un desorden generalizado en todas sus líneas, con jugadores en puestos que no les acomodan; esto explica los malos resultados, con un rendimiento de solo 27% en cinco fechas. Como hincha de los Hispanos, prendo las alarmas: no vaya a ser cosa que nos acostumbremos a perder y cuando se quiera remontar ya sea demasiado tarde. Lo bueno es que esto recién comienza.
