Publicado el 18 mayo, 2021

[Columna constituyente] Gastón Gómez: Esperanzas y peligros constitucionales

Profesor de Derecho Constitucional, Universidad de Chile Gastón Gómez Bernales

No debe confundirse la participación ciudadana con la agitación constitucional interesada. La deliberación no se nutre de la consigna, el abucheo y el eslogan. Pero un buen procedimiento de participación es indispensable.

Gastón Gómez Bernales Profesor de Derecho Constitucional, Universidad de Chile
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Acabamos de elegir una Convención Constitucional, un hecho inédito -si resulta en una nueva Constitución- en nuestra historia constitucional. Jamás ha sucedido en Chile que una Constitución haya sido fruto de una convención elegida por la ciudadanía. Nadie espera un fracaso. Un fracaso sería que no se pusieran de acuerdo en un texto de nueva Constitución, o que no la terminaran en el plazo establecido -como máximo un año-, o que la ciudadanía rechazara el texto de nueva Constitución, en el plebiscito de “salida”, como se le ha llamado.

Nadie espere un fracaso porque la actual Constitución fue desahuciada hace unos meses cuando la ciudadanía votó abrumadoramente “Apruebo”. Nadie puede esperar seriamente que la Convención fracase, porque abriría una grieta por donde se nos puede escapar la convivencia.

Pero hay muchas dificultades y peligros por delante.

No más entrar a funcionar la Convención, deberá escoger presidente y vicepresidente, pero nadie ha dicho quién y cómo se presidirán esas primeras reuniones. Al mismo tiempo, deberá redactarse el reglamento de la Convención, es decir, el procedimiento a través del cual se debatirán y aprobarán los artículos de la nueva Constitución, por los dos tercios de sus integrantes. Pero antes de redactar el reglamento, deberán decidir cómo se redactará el reglamento y para esto último no hay reglamento. Hay varios ejemplos de países y convenciones que pasaron meses entrampados en el reglamento, y aquí, eso no puede suceder. Necesitamos volver a nuestras actividades diarias, con reglas constitucionales claras.

Un peligro inicial, entonces, es que los convencionales más ingeniosos frente a una eventual demora en la redacción del reglamento, impulsen la idea de “vamos viendo” y “comencemos a trabajar”, sin reglas, “vamos haciéndolas”. Pero este es el preámbulo de un fracaso estrepitoso, nadie sabría con certeza cuáles son las reglas y procedimientos que seguir, cuándo aplicar los quórums, qué esperar en el día a día de la Convención, ni siquiera se sabría si la clausura del debate puede decretarse o no, una institución clave en todo parlamento. Y pensar en institucionalizar o someter a reglas procesales a una Convención que ya comenzó a funcionar, es prácticamente imposible.

La falta de reglas para la Convención es una garantía de fracaso. Sin reglamento, o sea, sin procedimiento de deliberación y aprobación de la Constitución, no podría operar la Corte Suprema, garante de que el procedimiento se respete.

En el reglamento deberá quedar claro cómo trabajará la Convención, pues si hay algo en lo que todos estamos de acuerdo es que 155 personas en una asamblea no pueden redactar la Constitución. El reglamento define cómo se deliberará y aprobará el contenido de la Constitución.

Probablemente, si se siguen las experiencias de otras convenciones, habrá comisiones temáticas, donde se debatan organizadamente las materias que contendrá la Constitución. Y ahí habrá que tratar cómo operarán los dos tercios y los mecanismos de desbloqueo. Es aconsejable que se contemplen varias etapas: de comisiones al pleno y de este a comisiones para ir al pleno, nuevamente. Una Constitución no puede ser redactada parcialmente, mediante artículos o capítulos separados, porque todas las reglas, desde los capítulos introductorios hasta las finales, deben estar en relación y armonía suficiente. De modo que es recomendable que exista una comisión de revisión o armonización, que vaya haciendo permanentemente su trabajo: sugerir salidas, redacciones y desbloquear tensiones.

Un capítulo fundamental del reglamento será, sin duda, la participación ciudadana, un anhelo que no debe despreciarse. Hay muchos grupos, organizaciones e individuos que quieren aportar con sus ideas y deben ser oídos en fases iniciales de la Convención cuando se debatirán diversas propuestas. Luego hemos de confiar en que los redactores hagan bien su trabajo, la responsabilidad es de ellos. En el derecho comparado hay varios modelos de participación, desde hacer llegar propuestas escritas, comisiones para recibirlas y recibir a sus proponentes, conferencias, aportes de universidades, colegios y organizaciones y tantas otras. ¿Organizar plebiscitos o referendos? Las reglas no lo permiten. Si bien es difícil que suceda, aquí hay un peligro: no debe confundirse la participación ciudadana con la agitación constitucional interesada. La deliberación no se nutre de la consigna, el abucheo y el eslogan. Pero un buen procedimiento de participación es indispensable.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO