Escrito en cuatro continentes, con la visita a más de 50 países y luego de diez años de trabajo, el pasado miércoles se publicó ‘Clarity’. En sus 372 páginas, el libro del economista chileno Daniel San Martín busca entregar explicación y sentido a las cosas, desde el Big Bang, hasta hechos actuales. Preguntas como ¿por qué nos enamoramos?, ¿por qué existe el sufrimiento? o ¿cómo nos afectará la inteligencia artificial? Son algunas de las respuestas que, a través de las distintas ciencias, pretende acercar a los lectores.

Los fines de semana y tiempos libres fueron las primeras instancias para comenzar la redacción. Ya en medio de su estadía en Sao Paulo –donde vivió por dos años–  San Martín concretó lo que desde pequeño se había planteado, una publicación o libro que reuniera diferentes ciencias. Luego de terminar sus estudios en la Universidad Católica (UC) y trabajar en Brasil, San Martín se trasladó hasta Londres para cursar un MBA en Cambrigde, allí intensificó la escritura y en 2015, el borrador del libro tomó una forma más definitiva y parecida al resultado final

En conversación con El Líbero, el economista y autor de ‘Clarity’, Daniel San Martín asegura: “Cuando era niño me encantaba leer de diferentes disciplinas, biología, historia y siempre me pasaba que me hubiese gustado que hubiera una historia, un relato que tratara de unir diferentes disciplinas. Siempre tuve esta pretensión, como un sueño”. 

Mientras estaba en proceso de escribir su libro recorrió más de 50 países, viajes en donde usó el tiempo hasta para redactar en medio de los aeropuertos. Entre algunas de sus visitas estuvo Italia, Reino Unido, Perú, China y parte de África, donde se aventuró a escribir en medio de safaris. 

En cuanto a la influencia de sus recorridos en la publicación, el economista asegura que “hubo un montón de veces donde me inspiré, por ejemplo, el capítulo seis es un resultado directo de un viaje a China. Me abrió los ojos. Cómo ellos veían las cosas y definitivamente fue una inspiración muy grande. Ir a museos, en Vietnam por ejemplo… así que sí, definitivamente, viajar es la mayor fuente de creatividad que uno puede tener”.

El autor destaca el tiempo que demoró en publicar. Dice que lograr la rigurosidad en la información fue uno de los puntos clave para no presionar la edición. “Yo lo quería dejar perfecto. De hecho, mucha gente me decía ‘envíalo a una editorial’ y yo decía aún no está listo porque yo era ultra riguroso en términos científicos, que cada frase tuviera un respaldo, eso era súper importante para mí, que en cada párrafo hubiera un texto científico ya sea libro o paper respaldando lo que yo estaba diciendo”, explica.

El esfuerzo por aclarar interrogantes

Sobre el contenido del libro, destaca que a pesar de que está basado en la ciencia, está destinado al público general, ya que no se requiere de ningún conocimiento previo más que curiosidad para leer, entender y disfrutar el libro. Enfatiza en que al no ser él científico, antes de publicar el libro se lo mandó a científicos para que le dieran una apreciación del contenido y corrigieran los aspectos necesarios. 

“Necesitaba que me corrigieran y expertos, destacados ojalá, validaran cada uno de los capítulos y en ese proceso, en general lo valoraban mucho. Recibí felicitaciones, obviamente me hacían correcciones digamos ‘oye en mi campo está esta precisión que la puedes arreglar’. Pero, agradecía mucho esto porque les abría un poco los ojos ver cómo su propia disciplina estaba conectada con el resto y que finalmente podemos mirar la realidad de una forma unificada y no necesitamos unificar el saber humano que es como generalmente se hace en las academias y en los colegios”, dice. 

El prólogo del libro estuvo a cargo del ingeniero matemático y presidente del Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo Álvaro Fischer, quien destaca el trabajo del escritor y coincide en que es un libro fácil de leer porque está bien explicado. En este sentido, acentúa que los seres humanos somos contadores de historias y esta es una forma de contar el cuento del mundo en el que vivimos que coincide con lo que dice la ciencia del siglo XXI, «entonces no es un cuento inventado, o una ficción que a él se le ocurrió». 

Lo que más releva Fischer “es este afán explicativo de Daniel de tratar de entender la realidad con todo, de dar una interpretación general del mundo en el que uno vive desde las moléculas y el mundo físico hasta las complejidades del ser humano y eso es lo que yo más destaco, ese afán por comprender, entender, explicar y extraer los patrones de regularidades que uno puede observar en el mundo”.

San Martín es enfático en decir que su publicación no es una teoría, sino más bien una forma de contar la historia. Asimismo, valora el potencial educativo que podría tener. Plantea que siempre pensó que cumplía esas características pero no se imaginaba que escribía para escolares o jóvenes, sin embargo, la simplicidad y facilidad para leer de la versión final lo hizo cambiar de opinión: “Definitivamente sí, me imagino a estudiantes de tercero o cuarto medio leyendo esto para entender cómo encajan las diferentes ciencias a la hora de, por ejemplo, decidir qué estudiar”.

De las partes favoritas de su libro subraya dos pasajes, el primero de ellos, cuando habla de la naturaleza humana y del porqué somos como somos en el final del capítulo cuatro. Cuenta que cuando pensamos en ciencia, tendemos a pensar en química, física, en los laboratorios, pero “ocupar ciencia para responder preguntas de por qué somos como somos, por qué sentimos lo que sentimos, en definitiva explicar la experiencia humana, me parece súper interesante. Por qué razonamos, por qué somos conscientes, por qué percibimos la realidad cómo la percibimos para mi es súper apasionante”. 

Otra de las partes que resalta está en el final del libro donde aventura el futuro de la realidad, cómo va a operar el proceso de cooperación de utilización de la inteligencia artificial y qué efectos va a tener esa utilización en la experiencia humana, además de los cambios sociales por venir. 

 

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