En Libertad y Desarrollo se realizó la presentación de la segunda edición del libro “Carlos Cáceres: “La transición a la democracia 1988-1990”, de la historiadora Patricia Arancibia, una narración detallada de los últimos años del gobierno militar y del trabajo que el entonces ministro del Interior de Augusto Pinochet realizó para lograr una transición ordenada.
Cáceres, quien además fue ministro de Hacienda y presidente del Banco Central, fue uno de los protagonistas en el proceso de elaboración de reformas de la actual Constitución en 1989. Así, jugó un rol clave en la búsqueda de consensos para impulsar reformas constitucionales, que luego fueron sometidas a plebiscito y aprobadas con el 85,7% de los votos.
En un nuevo «Mirada Líbero», el ex ministro analiza el actual proceso constituyente y el plebiscito que se realizará en el país este 17 de diciembre. «Hay que votar ‘A favor’«, sostiene. Asegura: «No tengo dudas» de que el nuevo texto constitucional es mejor que el anterior. «La gente que votó por el rechazo debiera ser coherente y votar ahora ‘A favor’«, agrega.
Aquí, un extracto de la entrevista:
-¿Cómo fue el proceso de transición y elaboración de reformas a la actual Constitución?
-Para contestar tu pregunta, uno debería analizar cuál fue el origen de la reforma de la Constitución del año 1989. Y hay dos motivos centrales: el primero de ellos es haber reconocido que la Constitución del 80 tenía ciertos errores, vinculados con la formación de las leyes, y con el proceso de reforma. La segunda razón es que se acusaba de que la Constitución del año 80 era una Constitución ilegítima (…). Cuando identificamos estas dos cosas, voy a conversar con el Presidente Pinochet, me dio el pase para hacerlo, y me colocó dos condiciones. La primera condición, que fuese una reforma de la Constitución y no una nueva Constitución. Y la segunda, que hiciera todos los intentos para que se produjera un acuerdo, pero un acuerdo bastante consensuado. Con esos dos criterios me sentí con la capacidad de maniobra para iniciar las conversaciones, que como todo proceso de negociación, tiene sus ciclos.
«No vi, fundamentalmente del lado del Gobierno, que tuvieran una manifestación de sinceridad de llegar a un acuerdo final»
-¿De qué manera ese proceso se asemeja o contrasta con lo que ocurre en la actualidad, con el proceso constituyente actual?
-Creo que la gran diferencia está en el grado de búsqueda de consensos. Me tocó a mí participar como ministro del Interior en un momento en que se había producido el plebiscito, se habían polarizado bastante las situaciones entre el Sí y el No. Por lo tanto, el país tenía una división muy importante, que de alguna manera estaba gravitando en el acontecimiento político, económico y social del país. Pero observé también que, dada esa ruptura que se había generado, había que buscar caminos para que el país, al momento de enfrentar la plenitud democrática, pudiera establecer un grado de un acuerdo mínimo respecto a lo que queríamos hacer para el futuro.
En el primer momento en que me reuní con el que posteriormente fue el Presidente Aylwin, vi que estaba en el ánimo de concordar posición. Íbamos a discutir, íbamos a debatir, íbamos a tener puntos encontrados, pero estaba la voluntad, que yo lo considero un elemento esencial para llegar a un acuerdo. Y eso, lamentablemente, no lo veo en el día de hoy.
En el momento en que se inició este proceso, primero con la Convención, y luego en el Consejo Constitucional, no vi nunca, a pesar de que llegaron a un acuerdo de estos doce aspectos centrales, no vi realmente a la gente, fundamentalmente del lado del Gobierno, que tuviera realmente una manifestación de sinceridad de llegar a un acuerdo final. Y creo que el proceso que se siguió, fue un proceso que partió con esa dimensión. Entonces, creo que no estuvo esa actitud, que yo sí encontré en la gente que tuvo la capacidad de negociación en el año 1989.
-Podemos decir que usted siempre ha sido un defensor de la Constitución del 80. Y en El Líbero, el constitucionalista Raúl Bertelsen, quien fue parte de la comisión Ortúzar que elaboró ese texto, dijo que va a votar ‘A favor’ porque ya la actual está desarticulada. ¿Comparte esta visión?
-Comparto esa visión. En el proceso anterior hubo distintos casos técnicos. Por ejemplo, el tema de los retiros del fondo de pensión, era inconstitucional (…). Se rompió una estructura de poderes consensuados, que para mí es el aspecto más importante de una Constitución.
Creo que estamos en una elección, desde el punto de vista de qué sociedad queremos. ¿Queremos una sociedad que esté inspirada en el valor de la libertad? ¿O queremos una sociedad que esté inspirada en el Estado? Y esos dos puntos es muy difícil concordarlos. Sobre todo, cuando la personas están en una posición muy militante, en que lo que quieren, es alcanzar el poder del Estado para generar dependencias económicas, que se transforman posteriormente en dependencias políticas. Entonces, creo que la visión de la sociedad nace de forma distinta en unos y otros.
«Lo que se está discutiendo hoy, que se va a someter al plebiscito, registra los aspectos más importantes que inspiran una sociedad de libertad»
-Por lo tanto, ¿es mejor, a su juicio, el nuevo texto constitucional?
–No tengo duda sobre eso, porque creo que lo que se está discutiendo hoy y lo que se va a someter a plebiscito, registra los aspectos más importantes que inspiran una sociedad de libertad. Cuando uno lee el capítulo uno, en que habla de la dignidad del ser humano, que es lo más valioso que puede tener una sociedad, y enseguida coloca a la familia como el núcleo fundamental de la sociedad, son dos elementos clave para que efectivamente esa sociedad esté inspirada posteriormente en el valor de la libertad. Se generan los poderes compensadores, se limitan las acciones del gobierno a la tarea que efectivamente le compete, se le entregan facultades al Presidente de la República, en materias exclusivas. Se fijan cuáles serán las materias de ley, para que el Congreso no legisle, como era en el pasado, sobre cualquier materia, desbordando todos los aspectos que merecen una determinada sociedad para que se genere un orden político, económico, moral, llamémoslo, fundamentalmente coordinado, que genere efectivamente una armonía social, que es lo que a mi juicio debe inspirar el valor de la Constitución.
-¿Esos son los aspectos que usted destaca, entonces, de la Constitución que hoy se propone?
-Sí, hay muchos aspectos más, pero el hecho de abrir los espacios para el ejercicio de la responsabilidad individual en todas las materias que son de su competencia es muy importante en una sociedad de libertad. Y ahí me refiero fundamentalmente a lo que plantea la Constitución que vamos a plebiscitar el próximo 17, la apertura para los temas de seguridad social, la apertura para los temas de vivienda, la apertura para el tema laboral, el ejercicio de la responsabilidad individual, que sea el individuo que tome decisiones sobre las materias que son de su competencia. Y cuando analizamos el programa de Boric, las reformas que él ha pretendido llevar adelante en su Gobierno, ¿qué es lo que pasa? Él quiere que todas las AFP estén en manos del Estado. Él quiere que todos los servicios de salud estén en manos del Estado. Estamos frente a una sociedad que busca que sea el Estado el actor principal, versus una sociedad de libertad que está inspirada en el ejercicio de la responsabilidad individual.
-¿Qué es lo que está en juego en este plebiscito?
–Si esto no se aprueba en el próximo 17 de diciembre, va a quedar abierto el debate, y después, como lamentablemente se bajaron las mayorías para efectos de las reformas constitucionales, vamos a quedar con una Constitución extremadamente frágil, extremadamente fácil de llevar adelante, dependiendo de cuál sea la mayoría en el Congreso, de comenzar a modificarla en todos sus aspectos. Y va en contra de un elemento esencial para la vida de una sociedad: la certeza jurídica. Cuando no hay certeza jurídica, evidentemente que todo el edificio constitucional se destruye casi totalmente.
«Voy a votar a favor«
-¿Tiene su opción definida para el plebiscito de este 17 de diciembre? ¿Va a votar ‘A favor’?
–Voy a votar a favor. Y a la gente que me pregunta, siempre le he dicho que hay que votar ‘A favor’. Porque resguarda los aspectos fundamentales que inspiran una sociedad que está fundada en el valor de la libertad y en el valor de la responsabilidad individual. Y para mí son dos aspectos esenciales en una sociedad en la cual uno quisiera alcanzar una relativa propiedad.
-¿Qué opina sobre los sectores del oficialismo, que han basado por años su discurso en terminar con la «Constitución de Pinochet», que ahora prefieran mantenerla?
-Yo no quiero calificar intenciones. Pero el hecho de haber debilitado el proceso de reforma constitucional abre un escenario de que, en la eventualidad de que los partidos que hoy día están en el Gobierno alcancen una mayoría en el Parlamento, para llevar adelante lo que quería el origen de la Convención Constitucional, que era cambiar el país. Una reforma refundacional en que se divide el país según las tribus indígenas, en que se crea nada más que un Poder Legislativo, se destruye el Senado, emerge una Cámara de Representantes, que prácticamente no tiene ninguna función, salvo el ejercicio de las actividades regionales. En el Poder Judicial hay una justicia distinta para los ciudadanos que son chilenos, señalando que son distintas las poblaciones indígenas a los chilenos. Entonces, entramos en un proceso absolutamente distinto a lo que ha sido la tradición de Chile. Y eso lo encuentro, sin lugar a dudas, extremadamente peligroso.
«Se ha planteado un dilema falso en la gente de derecha que dice que va a votar Rechazo porque quieren mantener la Constitución de Pinochet«
-Por otro lado, hay un sector de la derecha más dura que rechaza el texto elaborado por el Consejo Constitucional, integrado mayoritariamente por la derecha ¿Que piensa de esto?
-Yo creo que se ha planteado ahí un dilema, tan falso, de gente de derecha que dice que va a votar por el Rechazo porque quieren mantener la Constitución de Pinochet. O sea, es un grado de lealtad mal entendido. Si ese argumento le da validez para que la persona vote la próxima elección por el Rechazo, creo que es un argumento muy débil y que no tiene mayor trascendencia, salvo el abrir la puerta para que después se haga una Constitución que va a ser mucho más similar a lo que era la Convención, dependiendo, de cuáles sean las mayorías que se obtengan en el Parlamento.
-¿Usted le cree a los partidos de izquierda que han dicho que votando ‘En contra’ se va a cerrar el proceso?
–No, este proceso va a seguir abierto. Yo eso honestamente no lo creo. No lo creo porque ellos tienen una estrategia que tiene su objetivo. Aquí hay dos propósitos muy diferenciados. El propósito de construir una sociedad estatista, y el otro de generar las condiciones para que inspire una sociedad de libertad. Y los partidos de izquierda, jamás, y partiendo por el Partido Comunista, jamás van a transar en ese propósito fundamental.
El proceso sigue abierto, por eso yo creo que es muy importante que la gente, incluso la gente que votó por el Rechazo la primera vez, piense realmente por qué votaron por el Rechazo. Y vean que esa opción abrió, a mi juicio, equivocadamente, la posibilidad de un nuevo debate… Y que la gente que votó por el Rechazo, ahora, mirando este informe que ha entregado el Consejo Constitucional, debiera ser coherente con lo que votaron la primera vez, y votar ahora, por supuesto, ‘A favor’.

Excelente, brillante como cuando fue ministro en los 80, una persona excepcional