Hace una semana el régimen cubano de Miguel Díaz-Canel anunció un paquete de 176 medidas económicas, las que fueron publicadas ayer bajo 23 ejes temáticos (ver aquí).
Las medidas suponen una apertura de la economía, pero para el director del Centro de Estudios Convivencia, Dagoberto Valdés, esto es «una compra de tiempo a cambio de humo».
En entrevista con El Líbero, el líder del think tank opositor que opera desde la ciudad de Pinar del Río, agrega que «la inmensa mayoría del pueblo cubano desconfía de estas transformaciones cosméticas«.
–El régimen de Cuba anunció este paquete de 176 medidas económicas. ¿Qué le parecen a usted estas propuestas?
-Las 176 medidas de transformación económica anunciadas por el régimen cubano me parecen por un lado incompletas e insuficientes, y por otro lado inseguras, porque no hay garantía jurídica que las ampare. También son demasiado tardías.
En efecto, este paquete de medidas con apariencia capitalista-neoliberal, tildadas así por algunos críticos, son en realidad una compra de tiempo a cambio de humo, porque en una sociedad donde no hay libertad ni derechos humanos respetados, es casi imposible tener propiedad privada segura, garantías para la inversión extranjera, propiedad empresarial garantizada por la ley, porque efectivamente no hay división de poderes. Es decir, el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial es el mismo régimen que en cualquier momento puede revertir las medidas que ahora aprueba. Esto no es una suposición, es una experiencia, porque a lo largo de estos 67 años en dependencia de si cesaban los subsidios primero de la Unión Soviética y después de Venezuela, el régimen entonces abría o volvía a cerrar las medidas llamadas “reformistas”.
Son insuficientes porque a toda liberalización económica debe corresponder la libertad política. Son inseguras porque con el mismo régimen político no se puede garantizar un marco jurídico que garantice la seguridad de los inversionistas y de los empresarios. Y es demasiado tarde porque este experimento de supervivencia con seres humanos que somos los cubanos ha durado ya 67 años. Luego es tiempo más que suficiente para demostrar la ineficacia total de este régimen socialista.
-Algunos señalan que este es el cambio económico más importante en la historia del régimen. ¿No comparte esa opinión?
-Bueno, es una apreciación y algunos verdaderamente han dicho que es el cambio o la transformación económica más audaz en estas seis décadas. En realidad yo creo que es la transformación económica propuesta, no realizada todavía, porque creo que no va a haber tiempo. Pero puede ser que sea la más audaz porque verdaderamente este es el momento más crítico, el momento terminal más grave de todo el tiempo en que ha habido este régimen comunista totalitario en Cuba. A una situación más grave, sistémica y terminal, corresponde una mayor audacia, pero aun así son insuficientes porque no está para nada garantizado un cambio de modelo económico hacia una economía de mercado, sino una economía de mercado tutelada, controlada y en propiedad de una élite gobernante.
–¿Hay algo que le parezca rescatable de todo ese paquete?
-Bueno, sí y no. No porque nada que se haga bajo un sistema de control estatal casi absoluto es rescatable, porque es otra pérdida de tiempo de experimentación de un Frankenstein con lo peor del socialismo y lo peor del capitalismo que ya no existe en casi ningún lugar del mundo. Entonces, sí podría ser rescatable si fuera acompañado al mismo tiempo con una reforma política estructural, sistémica, para que garanticen la seguridad económica. Pero en general, como hasta ahora no se ha anunciado ningún cambio político, yo creo que no es rescatable nada porque sería como someter una vez más, por enésima vez, al pueblo cubano a un experimento fallido.
–Si bien puede ser insuficiente, ¿cree que estas medidas generarán algún un efecto en el corto plazo en la economía de la isla?
–Solo el anuncio de estas medidas ya ha generado inmediatamente algunos efectos. El primero de todo: la desconfianza. Una vez más, la inmensa mayoría del pueblo cubano desconfía de estas transformaciones cosméticas. Estas con un poco más de maquillaje, con un poco más de profundidad, pero aún así epidérmicas. Y esa confusión, esa especie de inestabilidad, de no saber exactamente hacia dónde quieren ir, es uno de los efectos más desestabilizadores de la sociedad. El segundo efecto ya inmediato que estamos sintiendo, aún sin implementar ninguna de esas medidas, es la liberalización del tope de los precios. Si es verdad que es necesario liberar el topado de los precios para garantizar la libertad de mercado, esa libertad de mercado no existe todavía. Lo de ahora lo que ha provocado es una subida de precios sin que la ciudadanía, sin que los ciudadanos, puedan recuperar o puedan emprender ellos mismos su propia autonomía económica para poder enfrentar esos nuevos precios. Es lo que ha provocado que previsiblemente haya un aumento todavía mayor de la inflación.
Y el otro impacto inmediato es el constatar que no hay voluntad política porque junto a estas 176 medidas económicas no hay ni una sola que libere ni una porción de la parte política de nuestra sociedad. Luego, confusión, aumento de precios sin ninguna otra compensación económica y en tercer lugar una frustración mayor al comprobar que ni siquiera en esta etapa terminal el régimen cubano manifiesta una voluntad mínima de cambio político.
-¿Hay un intento de hacer una suerte de socialismo al estilo chino o vietnamita?
-Después de la caída del llamado campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética, Cuba intentó o tenía como perspectiva, en caso de que no hubiera supervivencia, adoptar uno de los dos modelos, el chino o el vietnamita. Después del cese del 3 de enero del subsidio venezolano, ahora vuelven los nostálgicos y los reformistas que no quieren cambiar la esencia del sistema a virarse hacia el modelo vietnamita o chino. Pero hay un problema fundamental y gravísimo. Bueno, el más obvio es que Cuba no es ni China con su laboriosidad milenaria, ni es Vietnam que inmediatamente hizo negocios con los Estados Unidos en un proceso de reconciliación con su propia historia y con su pueblo y ha logrado hacer esa base de riqueza necesaria para un modelo económico parcialmente o totalmente capitalista, pero dominado por el Partido Comunista, que aunque algunos consideran un cascarón vacío de ideología, sigue con el control autoritario de la sociedad.
Bueno, esa es como la última tabla de salvación en el horizonte del sistema agónico cubano. Sin embargo, en Cuba, por lo tardía de esta decisión, si fuera verdaderamente implementada, resulta que no hay ni la acumulación del capital, el país está totalmente destruido, no hay empresas que sean eficientes, ni siquiera que sean productivas medianamente y tampoco existe la contribución consciente del ciudadano que mira hacia el horizonte y ve una posibilidad de progreso. Todo lo contrario. La gente lo que quiere es escapar, huir hacia cualquier rincón del mundo, a donde tenga la posibilidad de ser el artífice de su propia vida, de su economía y del progreso de su familia.
–¿En qué se diferencian estas reformas de los Lineamientos de Raúl Castro de 2011?
-Este paquete de reformas se diferencia de los lineamientos del 2011 precisamente en que está en un escenario diferente y por lo tanto el calado de las tímidas reformas de los lineamientos, ahora tiene el talante de la urgencia y de la supervivencia del régimen.
En el año 2011 todavía estaba el subsidio y el apoyo de Venezuela e incluso de otros aliados. Pero en este momento la crisis ha llegado a tal hondura y atraviesa transversalmente todo el entramado de la sociedad, de la economía e incluso de la política, que aquellos lineamientos no se parecen a este paquete precisamente porque este paquete presenta el rostro verdadero de un régimen que al no tener ninguna otra alternativa y al recibir la presión efectiva de los Estados Unidos, quiere presentar, sobre todo para el exterior, porque dentro nadie le cree, la voluntad de cambio. Lo que pasa es que esa voluntad de cambio, una vez más, es parcial, insuficiente e insegura. Pero sobre todo es demasiado tardía. El tiempo se agotó.
–¿Cuál es el ánimo real que usted percibe en la gente de la isla hoy? ¿Hay esperanza, escepticismo, indiferencia con estas medidas?
-Bueno, el ambiente que se respira en la calle, entre los amigos, en el círculo de compañeros de trabajo o de estudio, es de frustración, de incredulidad, de desconfianza. Han sido demasiadas las maniobras manipuladoras del régimen para que un número significativo de la población cubana se crea que esto va a resolver los problemas que atraviesan la vida cotidiana de cada familia cubana.
¿Esto resolverá el problema de la hambruna, de la falta de alimentos, de medicamentos, de agua potable que hace de la vida de los ciudadanos cubanos una agonía permanente y un peligro de contaminación? Las calles están llenas, repletas de desechos sólidos, de basura, de podredumbre, precisamente porque el régimen ha perdido la capacidad de la recogida de los desechos sólidos en toda la isla. De manera que esto se hace una atmósfera de insalubridad que hace peligrar la salud. Y después la falta de medicamentos y la falta de funcionalidad normal de los centros hospitalarios por falta de recursos, de instrumentos, de medicamentos. Esto hace que la gente, el ambiente que haya, sea de mucha desesperanza, de mucha frustración y sobre todo de una incredulidad radical.
-¿Cómo ve el rol que está jugando Estados Unidos en el futuro de Cuba? ¿Cree que debiera ejercer mayor presión frente al régimen de Díaz-Canel? ¿Qué tan cerca estamos del ocaso de la dictadura cubana?
-En cuanto al rol que deben jugar los Estados Unidos en el futuro de Cuba, como cubano yo opino y tengo como principio que debemos ser nosotros los cubanos los protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional, porque como nos dijo el Papa San Juan Pablo II en aquella histórica visita en el año de 1998, en la historia de Cuba, la participación, para decirlo de alguna manera, de potencias extranjeras como España, después los Estados Unidos, después la Unión Soviética, después Venezuela, ha sido siempre un peligro en la historia de la isla, especialmente en los momentos de mayor crisis económica y política. El buscar en gobiernos extranjeros lo que los cubanos debemos hacer por nosotros mismos. Yo estoy convencido de que en Cuba, entre los cubanos de la isla y de la diáspora, que es una única nación cubana, existe el talento, las capacidades, el conocimiento y además los recursos materiales para la reconstrucción del país, pero con la condición de que primero haya un cambio político, económico y estructural suficiente y profundo, de manera que el cambio de sistema garantice que esa inversión de nuestros hermanos cubanos de la diáspora, y de otros, pueda ser un factor de reconstrucción ágil y seguro en el futuro de Cuba.
Entonces, si eso fuera así, el papel que usted me pregunta de los Estados Unidos sería de apoyo, de colaboración, de relaciones normales con su vecino, con el cual compartimos, sobre todo en las últimas siete décadas una historia mucho más profunda en cuanto a que casi dos millones de nuestras familias están en el exilio. Están en los Estados Unidos, en España, en México y en cualquier rincón del mundo.
–¿Qué escenarios de transición política ve posibles para Cuba en los próximos años?
-En cuanto a los escenarios que son previsibles en el futuro próximo de Cuba, el Centro de Estudios Convivencia, que es el primer think tank independiente dentro de la isla y que trabaja con la diáspora, ha identificado cuatro posibles escenarios que ahora, después del 3 de enero, tienen nuevos matices. El primero es ‘el volcán’.
‘El volcán’ se refiere al escenario de la repetición de explosiones sociales incontrolables, que hagan implosionar el país, hacerlo infuncional, fallido, y entonces eso obligaría a un cambio estructural.
El segundo escenario es ‘el avión’, es decir, la salida de la cúpula del poder hacia un lugar seguro. Incluso se ha hablado de que salgan con sus dineros y su riqueza, a cambio de que se abra para Cuba un periodo de tránsito pacífico ágil y verdadero.
El tercer escenario es ‘la fractura de la cúpula’, es decir, que por pugnas internas o por discrepancias en cuanto a la profundidad de los cambios o la posibilidad de los cambios estructurales, políticos y económicos, haya una fractura y eso provoque que se vea abocado a un cambio según sea la facción o el grupo que gane en esa fractura.
Y el cuarto es ‘una transición negociada’, que sea pacífica, verdadera, auténtica, es decir, profunda, estructural, sistémica. En nuestra web tenemos esas propuestas y una hoja de ruta para la transición que propone tres procesos interrelacionados entre sí que conforman la sinergia de la hoja de ruta de la transición.
Un primer proceso de verdad y memoria histórica que rescate todo lo que ha sido tergiversado por la historia reescrita por el régimen, pero además que provea a los tribunales y a la memoria de la sociedad, al archivo de su alma, la verdad sobre lo que ha sucedido durante la revolución y la permanencia de este régimen totalitario comunista durante 67 años. Ese es el primer proceso.
El segundo proceso es un proceso de justicia transicional que establezca tribunales verdaderamente independientes que a partir de las comisiones de la verdad y de los testimonios de las víctimas establezca un debido proceso ágil para juzgar a aquellos que tienen las manos manchadas de sangre, aquellos que han cometido crímenes contra los derechos humanos de lesa humanidad, etc. Y por lo tanto evitar que haya una ola de venganza, de odio, de confrontación, incluso de guerra civil entre cubanos. Que nadie tome la justicia por su mano, sino que los que tengan verdaderamente delitos y crímenes irán a esos tribunales con las garantías de todo el proceso debido y los demás pues un proceso de reincorporación, rehabilitación a la sociedad, a la nueva sociedad.
En esa justicia transicional, evidentemente, habría que indemnizar a los perjudicados, rehabilitar política, socialmente y moralmente a las víctimas.
Y el tercer proceso en esa hoja de ruta transicional es un proceso de magnanimidad, perdón y reconciliación nacional. Evidentemente con justicia anterior, es decir, no hay reconciliación verdadera sin el reconocimiento del error, de la culpa y sin un juicio independiente con todo el debido proceso y sin la recuperación de la memoria histórica y de la verdad de lo que ha ocurrido. Como se ve, es una hoja de ruta que establece tres procesos de manera holística, integrada, para garantizar que no haya desmemoria, aprendamos del pasado, de los errores del pasado, para que no haya venganza, sino justicia y para que no haya impunidad, sino justicia y para que el pueblo cubano pueda emprender esta etapa de reconstrucción del alma y de las estructuras del país con el corazón sano.
Precisamente ha ocurrido un daño antropológico que ha herido profundamente al pueblo cubano y la sanación de ese daño antropológico garantizará un ambiente propicio para crecer en libertad, para saber qué hacer con la libertad y para reconstruir material, moral y espiritualmente a la nación cubana.
-¿Qué le diría a los jóvenes latinoamericanos que aún ven a Cuba como un símbolo romántico?
-Usted me pregunta qué le diría a los jóvenes latinoamericanos, pero también no solo a los jóvenes latinoamericanos, sino a todos los nostálgicos de aquel mito de la revolución de los años 60 y 70. En Europa, en aquel mayo francés de donde viene esa mitología romántica y de todos los que, bueno, cada vez menos en nuestro continente, creen que los problemas se solucionarán con el mito de las revoluciones. Pues bien, el mensaje de alguien que ha vivido los 67 años de experimento fallido de una revolución que no lo fue, una revolución que solamente fue la transición de una dictadura, vamos a decir militar, que ni siquiera se puede llamar de derecha, porque Fulgencio Batista hizo una coalición con los comunistas de aquellos tiempos, una transición a un sistema totalitario que había en la Unión Soviética y en todo el campo de los satélites de ese imperio comunista. El mensaje principal es ‘los mitos, mitos son’, es decir, no se puede jugar con la vida, la libertad, la prosperidad de las personas individuales ni de las naciones, haciéndoles creer en un mito que lo único que logra es la vida en la mentira, el control total del ciudadano quitándole todas las libertades. y la miseria, el empobrecimiento de un país, por ejemplo Cuba, que ocupaba el tercer lugar en Producto Interno Bruto en el año de 1958, el anterior al cambio revolucionario.
El mensaje es que el Estado es totalmente incapaz de crear riquezas. Las riquezas las tiene que crear cada persona, cada grupo de la sociedad civil, cada empresa, cada asociación productiva, independientemente de que el Estado garantice el marco jurídico, el orden institucional, la convivencia pacífica, para que la libertad y la responsabilidad puedan dar los frutos de prosperidad que esperamos. Ese es el mensaje. Han caído ya los mitos, desde el mito de la revolución del 68 en París, hasta la última de las figuras de la mitología revolucionaria romántica, que es la isla de Cuba. Ya todos pueden constatar, no estamos hablando una vez más de teorías, sino de vivencias, de experimentos fallidos, de experiencias terribles en que el ser humano ha sido la víctima principal del Estado totalitario. Esto es hora ya de que ningún pueblo, grupo, especialmente los jóvenes de América Latina y del mundo, miren ya hacia una mitología decadente, pasada de moda, agria y amarga en cuanto a sus frutos, sino que mire hacia adelante haciendo de la libertad y la responsabilidad el patrimonio del progreso futuro de nuestros pueblos.
–Usted escribe y trabaja desde dentro de Cuba, bajo el régimen. ¿Cómo es eso? ¿Hay presión sobre usted o sobre el CEC?
-En efecto, yo trabajo desde dentro de Cuba, vivo incluso en el interior de Cuba, no en la capital, vivo en la provincia más occidental de Cuba, Pinar del Río, 148 kilómetros al oeste de la capital, La Habana.
Esta es la provincia no solamente geográficamente, sino en cuanto a la mentalidad, la provincia más occidental de Cuba, precisamente porque aquí sobrevivió estos 67 años la propiedad privada pequeña de los agricultores que cosechan el tabaco, gozando en otro tiempo de ser el mejor tabaco del mundo. Vivo aquí desde que nací, no he abandonado el país por una opción personal cristiana, fui educado por la Iglesia Católica de mi diócesis de Pinar del Río. En ella fundé un centro de formación cívica y religiosa en el año 1993, con una revista que adquirió carácter nacional llamada “Vitral, la libertad de la luz”. Esa revista fue distribuida a través del correo de la Iglesia Católica a toda Cuba, a todas las diócesis, y duró 13 años hasta que fue intervenida por presión del gobierno.
Ahí estuve castigado durante 10 años en trabajo forzado, en el campo, en un tractor con una carreta, recogiendo yaguas, que es la vaina de la hoja de la palma real, que sirve para embalar el tabaco. Estuve 10 años ahí, 10 años y un mes, y fui nombrado por el Papa Juan Pablo II, miembro del Pontificio Consejo de Justicia y Paz de la Santa Sede. Después, al desaparecer el Centro Cívico y Vitral, fundamos ya el grupo de laicos católicos y de forma independiente del Estado, independiente de la Iglesia en cuanto a estructura pastoral e independiente de los otros grupos opositores políticos de Cuba, fundamos el Centro de Estudios Convivencia y la revista llamada también Convivencia, que ya tiene 19 años de existencia.
Esto demuestra en estos 19 años que es posible organizarse desde la sociedad civil y este centro de estudios ha producido 20 informes que conforman un cuerpo de propuestas, estrategias y leyes para el futuro de Cuba después del Día de la Libertad. Ese ha sido nuestro aporte durante este tiempo trabajando con pensadores académicos de la isla y de la diáspora. En el sitio web que hemos mencionado aparece el texto del PDF de esos 20 informes de propuestas para el futuro de Cuba.
Y efectivamente, esto no se puede lograr en un régimen totalitario sin estar sometido a hostigamiento, presiones, detenciones, difamaciones, fusilamientos mediáticos, etc. Sí, todos los miembros de Convivencia y antes todos los miembros del Centro Cívico y Vitral hemos sido sometidos durante años al hostigamiento y a la persecución del sistema comunista. Sin embargo, algunos tuvieron que salir al exilio y otros hemos optado por permanecer en la isla hasta el fin. Con la ayuda de Dios, evidentemente, y la solidaridad de muchos cubanos, confiamos en poder seguir sirviendo a Cuba en este ya largo camino hacia la libertad, en que por primera vez en nuestra historia de más de siete décadas, vislumbramos ya en el horizonte cercano los días de la libertad.
