El abogado e investigador de Faro UDD, Álvaro Vergara, dedicó su última columna en El Líbero a analizar los cuestionamientos que planteó Carlos Peña al hecho de que el Presidente electo, José Antonio Kast, anduviera de la mano con su esposa Pía Adriasola en la gira por Europa.
“Sin soltar ni por un minuto la mano de su cónyuge (es de esperar que eso se modere porque, de seguir, a poco andar se convertirá en motivo de burla, puesto que, cogida de la mano y dejándose guiar, se la infantiliza como si fuera un mero apéndice), José Antonio Kast realizó esta semana una gira europea en la que, junto con reunirse con lo mejor (es un decir) de la democracia iliberal, hizo un discurso, el más plagado de ideas que hasta ahora ha pronunciado”, escribió el domingo pasado el rector de la UDP en su columna en El Mercurio.
“Estas opiniones, que podían parecer anecdóticas, muestran que el rector Peña es presa de una animadversión contra algo más profundo: aquello que representa el Presidente Kast”, sostuvo Vergara, advirtiendo que “los ataques de Carlos Peña al Presidente electo han exhibido la peor versión de un columnista imprescindible, que en momentos oscuros supo mostrar templanza y virtud”.
En esta entrevista con El Líbero, el académico de Faro UDD aborda la repercusión que tuvo su columna y cómo cree que los intelectuales tratarán a Kast durante los cuatro años de gobierno.
«De lo que no tengo dudas es que, apenas el gobierno o el Presidente empiecen a caer en popularidad, saldrá un corillo a golpearlo. Los columnistas son, en general, amantes de la doxa y los mejores comerciantes de su imagen», afirmó el investigador.
Vergara: «El rector es un gigante, pero no es de piedra»
– ¿Qué comentarios ha recibido tras su columna en que responde al rector Peña?
– Recibí varios comentarios, y de todo tipo. En su mayoría fueron positivos. Me da la sensación de que pocos de los que participan en la discusión han interpelado directamente a Carlos Peña, entonces hubo algo de valoración por el hecho de atreverse. El rector es un gigante, pero no es de piedra. Las críticas de Peña al Presidente electo molestaron a mucha gente, y no solo de derecha. Existía una especie de descontento acumulado que la columna supo interpretar. Por supuesto, no le llego ni a los talones al rector. Sin embargo, toda figura pública está sujeta al escrutinio, y desde allí intenté hablar con respeto.
– ¿Cree que fue injusta y desmedida la crítica del rector hacia Kast y su esposa?
– Sí, muy injusta. Me parece legítimo que el Presidente Kast lleve a su señora a las giras internacionales y que le dé la mano cuando le apetezca. Los proyectos nunca son individuales, y María Pía Adriazola ha sido el principal sostén de José Antonio Kast. Tratarla de apéndice es un insulto. El apéndice es un pedazo de carne rojizo del intestino grueso que no tiene mucha utilidad, que se extirpa y se tira a un basurero, crudo. Me sorprende, en ese sentido, la posición de Peña: él es un defensor intransable de la sociedad abierta y plural. Si lleváramos este caso al extremo, ¿no caben dentro de ese marco personas que quieran acompañar a otras como proyecto de vida? El rector siempre ha sido cuidadoso en proteger su intimidad; su vida familiar es un misterio. Pero si otros quieren mostrarla en público y dar con ello un ejemplo de vida, están en todo su derecho, ¿no?
– ¿Cree que esa dureza la están utilizando también otros columnistas? ¿Es un fenómeno en aumento hacia la figura de Kast?
– Por ahora, creo que las críticas no han sido tan duras. Salvo las de Daniel Matamala, quien, a estas alturas, ya no es estándar de mesura. Sus ataques a Jorge Quiroz y a Kast, por ejemplo, eran como cuando un niño construye una historia y se la cuenta a los grandes para que lo feliciten por descubrir algo nuevo. De lo que no tengo dudas es que, apenas el gobierno o el Presidente empiecen a caer en popularidad, saldrá un corillo a golpearlo. Los columnistas son, en general, amantes de la doxa y los mejores comerciantes de su imagen: saben que, si el gobierno lo hace bien y la crítica es demasiado dura ahora, pueden quedar mal. Tienen una reputación que mantener. Si no, pregúntele a Alberto Mayol después de equivocarse en las elecciones. Al mismo tiempo, los columnistas son los mejores apologetas de su fama; por eso escriben y publican lo que escriben. He sabido de gente que busca su nombre en redes para ver qué se está hablando de ellos y, si no es bueno, se afecta. Nos encantan los aplausos, aunque todos lo nieguen. Un columnista es, al final, un bien de consumo.
– ¿Ha habido un trato más condescendiente con el Presidente Gabriel Boric?
– Me parece que no. Al presidente Boric le hemos dicho de todo. Algunas cosas, desde luego, son merecidas, y ley pareja no es dura. Le han sacado la mugre a él y a sus ministros los columnistas más inteligentes. Y yo creo que debe afectarle harto. Él vive como en la canción de Los Prisioneros “Exijo ser un héroe”: quiere agradarnos, que lo queramos, y por eso cae en la pose y comete errores. Óscar Contardo lo llamó “influencer de sí mismo”, porque está más interesado en vender su imagen que en cualquier otra cosa. Que la gente no lo quiera es, para él, su gran maldición.
El rol de los columnistas frente al nuevo gobierno
– En su última columna usted dijo que “ser opositor se convertirá, más temprano que tarde, en una vitrina deseada”. ¿Qué rol cree que jugarán los intelectuales y líderes de opinión en ese escenario?
– Confirmo. Ser opositor se transformará en una vitrina apetecida. No hay nada más atractivo para los medios que personas de derecha, inteligentes y sofisticadas, criticando a un gobierno de derecha. Más aún cuando se le agrega un relato desde las ciencias sociales, con citas de autores y reflexiones ingeniosas. Por el contrario, no hay nada más aburrido que defender al gobierno: la gente quiere ver sangre. Creo que los líderes de opinión jugarán un rol fundamental para guiar las actuaciones del gobierno y para mantener los márgenes de un clima adecuado de intercambio. Gobernar con los medios en contra es demasiado ingrato y minusvalorarlos es torpe.
– ¿Cómo debe sortear el próximo gobierno este flanco?
– No sé muy bien cómo dar una respuesta. Nunca he estado en un ministerio o en el aparato público; entonces, a diferencia de otros columnistas que son expertos en todo, desde cómo combatir los incendios hasta en reducir al narco, me cuesta mucho decir qué hacer. Sí pienso que es fundamental que la próxima administración comunique de manera clara lo que está haciendo y quiere conseguir, y que no se enclaustre en la cámara de eco. Que reciban las críticas, escuchen y que intenten generar redes con intelectuales y columnistas, no necesariamente para buscar su lealtad, sino para mostrar lo que están haciendo. El peor error que puede cometer el futuro gobierno es el que cometió el actual: llevarse a todos al Estado y quedarse sin cuadros que lo defiendan en el espacio público. Kast, a diferencia de Piñera, parece darle más importancia a esto. Al Presidente Piñera, los intelectuales le aburrían. Para él, eran como una banda de delicaditos con egos grandes que piensan en diagnósticos sin soluciones. Entonces, que le vinieran a decir qué hacer, si no sabían ni cómo funcionaba La Moneda, le molestaba mucho.
– ¿Cómo evalúa el rol que tuvieron los columnistas para el estallido de 2019? Peña fue uno de los primeros en salir a cuestionar la movilización y la violencia con que se actuó.
– Así es, yo por ese tipo de cosas, siempre he admirado a Carlos Peña. Crecí leyéndolo. Nunca se me va a olvidar la entrevista que le dio a Iván Valenzuela en octubre de 2019: ahí puso calma e intentó analizar lo que estaba pasando de manera mesurada. Su ensayo Pensar el malestar también fue clave. Pienso que los columnistas no estuvieron a la altura en 2019: varios avivaron el descontento. Se enfocaron demasiado en las críticas hacia el modelo y, salvo Fernando Atria y compañía, pocos hicieron llegar propuestas. Los políticos, responsables en muchos aspectos, estuvieron sobrepasados y, para remate, los acribillaban desde los medios.
Daniel Mansuy, Felipe Schwember, Cristián Warnken, Carlos Peña, Max Colodro, Manfred Svensson, Lucy Oporto y Alfredo Jocelyn-Holt me parecieron especialmente lúcidos. Ellos, con sus evidentes diferencias y posiciones, mostraron inteligencia, espíritu republicano y no se tentaron a escribir columnas populacheras denunciando al demonio comunista. Incluso algunos lograron ver, desde el principio, la verdadera cara de cierta izquierda. La tarea era compleja y costosa: había que evitar, al mismo tiempo, la paranoia y la inocencia.

Good.
😇😇😇😇😇😇😇
Muy buena entrevista y felicitaciones a Alvaro Vergara por defender a la próxima primera dama , dado que se nota que su apoyo ha sido fundamental para el presidente electo.
Muy lúcido; pero excesivamente condescendiente con Peña. El rector, a mi parecer, no está a la altura de varios otros que Álvaro Vergara menciona en la entrevista. No es honesta ni digna de tomar mucho en cuenta, una persona que escribe más por ansias de figurar que por ilustrar con sus ideas. Sus escritos terminan acomodándose a la intención.