Carlos Peña es, sin duda, el columnista más influyente del medio local. Sus reflexiones, aunque no sean piezas de fácil lectura, son citadas por políticos, académicos y en los almuerzos dominicales de familias con apellidos bancosos. Mencionar la columna semanal del rector de la Universidad Diego Portales se convirtió en una señal (un tanto esnob, es cierto) de que uno está informado, sigue la actualidad nacional y, de paso, sabe algo de Kant o Heidegger.
En esa línea, resulta interesante preguntarse cuánta de esa influencia se debe a la reflexión actual del rector. Parte de su análisis tiende a ser abstracto, salvo cuando decide criticar a alguien con nombre y apellido. En ese caso, Peña es genial, brutal y, a veces, algo injusto. Es plausible que una porción relevante del peso de sus opiniones provenga de su trayectoria. El rector fue construyendo su reputación como columnista, primero en medios regionales y luego en El Mercurio de Santiago, desde cuya tribuna conquistó a la élite. El historiador Alfredo Jocelyn-Holt dijo alguna vez que algo ocurre en su interior: en sus inicios detestaba a ese público, pero hoy les dicta cátedra. Todos los domingos les recuerda, con elegancia, que es más inteligente que ellos. Y a los bancosos les encanta, porque sienten que aprenden algo nuevo.
Sin embargo, desde la última elección presidencial, una cosa cambió en el juicio del rector sobre la contingencia. Da la impresión de que sus últimas columnas fueron escritas con premura: el uso repetitivo de puntos aparte, el reposo en citas de pensadores extranjeros, los guiones y paréntesis apresurados, y cierto ripio en la prosa respaldan esta insolente observación. De hecho, es posible que Peña esté enfrentando un nuevo desafío: ahora gobernará un Presidente conservador (no iliberal) y deberá encontrar el tono para comentar sus actuaciones. El problema es que, para perjuicio de la discusión pública, sus ataques al Presidente electo han exhibido la peor versión de un columnista imprescindible, que en momentos oscuros supo mostrar templanza y virtud.
Hace algunas semanas, por ejemplo, publicó una columna de tono sarcástico donde se burlaba del desempeño del próximo Jefe de Estado en una sesión privada de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales. En un registro propio del periodismo de pasillo, se refirió a Kast como “un vecino despojado de abstracciones almorzando con académicos”. No sabemos si el rector esperaba que un presidente de urgencia, que prometió levantar a Chile en materias de seguridad, economía e inmigración, expusiera sobre Edmund Husserl o Marcel Proust en sus lenguas respectivas. Un presidente no tiene por qué ser un intelectual. Lo importante es que, una vez ejerza el cargo, valore el aporte que los pensadores y comentaristas puedan hacer en sus áreas respectivas.
El rector Peña volvió a incurrir en estas actitudes en su última columna mercurial. En un curioso paréntesis dentro de la primera frase del texto, se refiere a la futura Primera Dama como un “apéndice” y afirma que, al tomar la mano de su marido, se infantiliza. Estas opiniones, que podían parecer anecdóticas, muestran que el rector Peña es presa de una animadversión contra algo más profundo: aquello que representa el presidente Kast. La imagen de la familia tradicional, el conservadurismo y la tradición republicana pelucona parecen ser elementos que simplemente lo descomponen. Y desde allí brotan sus errores: criticar a Kast por no ser intelectual o por su conservadurismo, es tan injusto como decirle al rector que se vería extraño conversando con los vecinos de una población.
Los tiempos que vienen serán difíciles. Muchos intentarán atacar al gobierno entrante por la prensa, en busca de fama y de la satisfacción de su ego. Ser opositor se convertirá, más temprano que tarde, en una vitrina deseada. Cuando eso ocurra, esperamos que resurja la lucidez analítica del rector Peña, aquella que antes generó buen debate y nos invitó a la reflexión. No se trata de que guarde sus críticas; al contrario, se espera que formule todas las que considere necesarias, siempre que contribuyan a corregir la actuación de nuestros gobernantes cuando se equivoquen. Es evidente que el ataque constante termina por disminuir el valor orientativo de cualquier columnista, incluso el de los viejos estandartes.

Extraordinario.-
Atte
Excelente artículo, me interpreta plenamente
Muy necesario que alguien se atreva a ser su contra parte ,felicitaciones por atreverse ( no es fácil )
Efectivamente su incomodidad se ha transformado en insultos inadmisibles
Concuerdo con el autor y con todos los comentarios. Pero, no es nada nuevo, ya lo hizo con Piñera 1 y 2. Él tiene varios problemas, es zurdo, es resentido y con muchos visos de narcisista
Se le escapó el ego doctrinario. Yo lo seguía en sus artículos, sobre todo, aquellos sobre la importancia de la filosofía y rodo lo relacionado con educación. Pero ya no más sus comentarios políticos porque lo único que persigue es desacreditar a la autoridad que no es de su agrado, mostrando la intolerancia propia de las izquierdas como ha quedado demostrado a través del tiempo, en que funan e impiden el libre accionar de sus oponentes políticos y culturales. Baste ver a los que vemos cotidianamente en todos los espacios televisivos, festivales, etc, etc.
Excelente, muchas gracias!
Carlos Peña lo que posee de intelectual de las antiguas elites de pensamiento filosofico y politico; lo enloda en el aspecto humano y espiritual. Mas alla de ser de Izquierda, es un hombre que se visualiza con alguna tranca psicologica proveniente de su niñez o juventud. Ya hace largo tiempo que su personaje ha dejado a Carlos Peña, desnudo, expuesto y sin coraza alguna.
Concuerdo plenamente con el Profesor Álvaro Vergara y me alegro que El Líbero le haya dado ese espacio y oportunidad para opinar lo que muchos pensamos y sentimos sobre los comentarios de Carlos Peña.
CUANDO LA CRÍTICA, PIERDE PROPORCIÓN.
_…sin soltar ni por un minuto la mano de su cónyuge…es de esperar que eso se modere porque, de seguir, a poco andar se convertirá en motivo de burla, puesto que, cogida de la mano y dejándose guiar, se la infantiliza como si fuera un mero apéndice_ ….Comentario de Carlos Peña, Rector de la UDP, sobre José Antonio Kast y su señora, la futura Primera Dama.
https://www.prensalocal.cl/2026/02/14/cuando-la-critica-pierde-proporcion/