El debate por la «sillita musical» de alumnos que se cambian de un liceo emblemático a otro por haber estado involucrados en manifestaciones violentas se reabrió luego de que El Líbero revelara el caso de un adolescente de 17 años formalizado por lanzar una bomba molotov durante la romería al Cementerio General, que en cuatro años se ha matriculado en cuatro colegios.
En conversación con Mirada Líbero, el alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, abordó ese fenómeno y aseguró tener antecedentes de estudiantes expulsados de otros establecimientos que podrían ingresar próximamente a colegios de su comuna. También se refirió a la presencia de grupos políticos alrededor de los liceos y cuestionó el alcance de la Ley Escuelas Protegidas. El edil también profundizó sus críticas al Frente Amplio, tras la carta publicada por los alcaldes Tomás Vodanovic y Jaime Bellolio de la UDI. Además, defendió su estilo de gestión en terreno y su despliegue en redes sociales.
«Tenemos un sistema pusilánime para condenar la violencia, que incentiva el activismo»
—El Líbero reveló el caso de un adolescente de 17 años, formalizado por lanzar una molotov en la romería al Cementerio General. Estuvo entre los quemados del INBA en 2024, pasó después por distintos colegios, volvió al INBA este año, y terminó en el Barros Borgoño. ¿Qué le parece esta situación? ¿Este caso demuestra que hay un sistema que está fracasando?
—Creo que estamos kilómetros atrás de cómo se mueve la violencia en el sistema escolar. Y tenemos un sistema que no solo es pusilánime para condenarla, sino que incentiva esta especie de activismo violentista dentro del sistema escolar. Ayer, mi director de educación me llama y me dice ‘alcalde, me están presionando en el Ministerio de Educación para hacer correr la lista’. ¿Qué significa esto? Que efectivamente quedan cupos para matrícula y, por lo tanto, empiezan a llegar aquellos que no ingresaron en la primera selección por el SAE a nuestros establecimientos educacionales. Y me dice que sabe que en esa lista vienen tres estudiantes que fueron expulsados de otros colegios por Aula Segura o por violencia. Y no tenemos nada más que hacer que correr la lista, esa es la verdad. Y, por lo tanto, a sabiendas de que estudiantes que fueron condenados por violencia o por Aula Segura, o expulsados de otros colegios, hay una posibilidad cierta, casi del 100%, de que terminen en un colegio en Ñuñoa (…) Además, particularmente buscan entrar a estos colegios. Esto no es una casualidad, es un sistema en que el Estado ha sido pusilánime, es un adjetivo duro, pero es verdad, ha sido completamente lento para resolverlo y que los alcaldes sabemos, además, y nos dateamos, que esto pasa todo el rato. A sabiendas de esta decisión, hoy día voy a hacer correr la lista y voy a tener que recibir a uno de estos estudiantes, de estos tres estudiantes, en el sistema educativo, y sé que ese mismo estudiante pasado mañana va a tratar de ingresar panfletos, molotovs, paralizar el sistema educativo, porque ha sido su conducta permanente.
—¿Qué está fallando aquí?
—Aquí hay dos fallas que hay que corregir ahora. Uno, es que a pesar de que el sistema es ciego, igual los alcaldes nos avisamos quiénes han sido expulsados de sus colegios, para saber cuándo están postulando a los nuestros. Tratamos por lo menos de prevenir, no el ingreso, pero sí estar mucho más atentos. Y dos, que efectivamente no solo los tenemos que recibir, sino que el sistema, después de expulsarlos del colegio, no hace nada. Hemos tenido que echar por Aula Segura a varios del Liceo 7, logrando que sea un colegio que no ha tenido paralizaciones este año, porque sacamos a los más violentos. Pero no hay un sistema de rehabilitación, no hay un sistema especial escolar para admitirlos de nuevo. Tampoco quiero que queden expulsados para siempre del sistema escolar, pero es ridículo que el final del camino sea echarlos y que después no pase nada y que empiece la historia de nuevo porque es un círculo vicioso que está afectando a los colegios en general.
—El Líbero ha documentado a grupos radicales externos, como el GAP, repartiendo propaganda e intentando captar estudiantes en liceos emblemáticos. ¿Usted ha detectado presencia de ese grupo o de organizaciones similares en establecimientos de Ñuñoa?
—Fuera del colegio, sí. De hecho tenemos afiches pegados. En las movilizaciones vemos adultos. Me asomo por la ventana a ver las pocas protestas que hemos tenido, y es increíble que haya la misma cantidad de adultos que de jóvenes. Algo no cuadra. Pero dentro de los colegios, no, por una razón bien obvia. Yo asumí el municipio, acá tenía un colegio que no había tenido clases sistemáticamente por las tomas, y senté un principio: no se negocia con violencia, no hay petitorios con violencia, la posibilidad de suspender clases no existe como alternativa y, por lo tanto, si tiene que ingresar Carabineros porque el colegio está tomado, ingresa inmediatamente, si tenemos que expulsar a estudiantes porque ejercieron actos de violencia, son expulsados inmediatamente. Y eso nos ha permitido erradicar lo que era un mal endémico en el sistema escolar. Y, por lo tanto, tomamos la decisión de iniciar los procesos de Aula Segura con la protesta de los concejales del Frente Amplio y del Partido Comunista.
—¿Por qué lo dice?
—Es muy loco porque es de sentido común, encontramos molotovs en los baños, cuando entró Carabineros había molotovs armadas, no era una suposición la violencia, y nos decían que no podíamos aplicar Aula Segura y teníamos que negociar. En eso nosotros hemos sido duros en la lógica de que aquí el derecho a asistir a clases es el que se defiende y no el derecho a suspender clases. Y, por lo tanto, hemos ido logrando sacar de adentro de los colegios el problema, pero veo afuera una actividad política (…). Y eso a mí me molesta mucho porque hacen que pierdan clases y que se deterioren los colegios públicos, que yo creo que son la única oportunidad de hacer una sociedad más justa. Y mientras adultos, particularmente del Frente Amplio y el Partido Comunista, tratan de activar este tipo de movilización estudiantil que suspende clases, lo que estamos tratando de hacer nosotros es mejorar la infraestructura y ponernos de acuerdo con los estudiantes para arreglar el colegio, que creo que son dos conversaciones distintas.
«Tengo plena convicción de que las movilizaciones que buscan paralizar las clases son coordinadas por adultos»
—¿Han encontrado volantes, panfletos, propaganda al interior de los colegios?
—Sí, los meten a los colegios y a la entrada o acceso a los colegios, particularmente en el eje de Vicuña Mackenna he visto estos GAP, “Organízate y lucha”. He visto el mismo afiche que vieron ustedes. Por eso, cuando ustedes dan el golpe dije ‘menos mal que alguien lo agarró’, porque justo alrededor de los colegios siempre aparece exactamente el mismo panfleto, que dice “GAP, organízate y lucha”, que es una red de adultos. Y también está pasando algo que se discute poco, que en muchos lugares los centros de padres empiezan a dividirse, a crearse nuevos centros de padres en paralelo a los centros de padres oficiales, que son normalmente los que promueven este tipo de movilizaciones. Y el tercer fenómeno es que hay organizaciones formales de funcionarios y he visto cartas firmadas por grupos de funcionarios organizados que apoyan la movilización que no son los canales formales de participación, que es una lógica muy del viejo marxismo, que tratar de armar organizaciones en paralelo que promueven este tipo de movilizaciones adentro de los colegios, pero que no son las formales.
—¿Usted cree que parte de la violencia que se está viendo en los colegios no es espontánea, sino que hay una organización política por detrás, con adultos y grupos utilizando a estudiantes? ¿Se coordinan con otras municipalidades?
—Tengo plena convicción de que las razones o las causas, en general, de las movilizaciones que buscan paralizar las clases, para diferenciarlas de las legítimas movilizaciones que demandan cosas para los colegios justas, pero aquellas que buscan paralizar las clases y sacar a los cabros a las calles, son coordinadas nacionalmente y por adultos. No tengo ninguna duda. Y cuando tú ves, además, que cierto tipo de activistas políticos, concejales, son los que las respaldan (…), al final es demasiado organizado el sistema como para creer que cada colegio tiene un problema autónomo y lo levanta, sino que hay llamados colectivos al mismo tiempo. Yo mando al WhatsApp de los alcaldes: ‘Oye, ¿están con paro?’, y me responden que sí, que también, el mismo día, a la misma hora…. Cuando son demandas gremiales legítimas, obvio que cada colegio tiene su propia demanda, que es distinta, de distinta naturaleza. Pero cuando justo coincide que el mismo día, a la misma hora, en los mismos colegios, en los mismos tipos de colegios emblemáticos, ocurren estas movilizaciones, tú dices ‘esto no es casual’.
—¿Y es organizado, entonces?
—Cuando ves que quienes visibilizan esta actividad son particularmente actores del Frente Amplio y del Partido Comunista, tú dices dos más tres más cuatro, suma. Acá no hemos encontrado casos de multiapoderados, los estamos buscando. Pero estamos viendo mucho adulto que arma estos centros de padres paralelo y que empieza a apoyar explícitamente este tipo de movilizaciones con fines políticos. Entonces, es demasiado ordenado el sistema como para creer que, en este caos, las cosas funcionan.
«Tuve que hacer una revisión forzosa de las mochilas con carabineros»
—El gobierno promulgó Escuelas Protegidas, pero quedó más acotado después del fallo del TC, ¿quedó contento?
—No, cómo voy a estar contento. Mientras no se acabe con la “sillita musical” y no haya un sistema que atienda a aquellos jóvenes que han sido capturados por la violencia y que se haga cargo, ojo, no de que queden fuera del sistema, sino que haya colegios especiales que permitan procesos de reinserción, de rehabilitación, lo que te va a pasar es lo mismo. Entonces, cortarle las piernas a un proyecto en lo que es esencial… Que adultos toman a menores como activistas políticos, y los hacen girar por distintos colegios emblemáticos… si no cortas ese sistema, no vas a cortar nada más (…). Es un problema del Estado. Y el problema no es sacarlo del colegio, ese es un medio. El fin es sacarlo del círculo de la violencia y eso tiene que ver con tener un sistema especializado para ese menor de edad.
—¿Y respecto a la revisión de mochilas?
—Yo tuve que hacer una revisión de mochilas forzosa con carabineros hace poco en un colegio y encontré tres mochilas llenas de molotovs. Gracias a esa revisión dormí tranquilo porque pudieron haber quemado a otros alumnos, como ocurrió en el Barros Borgoño. Entonces, me parece ridículo que el principio de protección no sea el que prime en el sistema. Yo no quiero revisar las mochilas todos los días en cada lugar, pero si tengo una alerta de que puede haber una bomba molotov, un tiroteo o un apuñalamiento en otro colegio, me encantaría tener la facultad para poder hacerlo. Lo digo como profesor de derecho constitucional, ojo con la interpretación del Tribunal, creo que se politiza el principio de precaución, que es el deber del Estado de prevenir la ocurrencia de un hecho que provoque daño a la vida o a la seguridad de una persona. Es un principio vital de interpretación y yo lo voy a aplicar. Y tendré que ir a los tribunales para defenderlo cuando sea necesario, porque el artículo 19, número 1, lo dice: el deber del Estado de proteger la vida y la seguridad personal. Y, por lo tanto, hay que tomar las acciones necesarias para eso.
«No he visto ninguna voluntad política del mundo del Frente Amplio de llegar a acuerdos«
—Hace unas semanas los alcaldes Bellolio y Vodanovic plantearon siete acuerdos de Estado para los próximos 30 años. Usted respondió junto al alcalde Agustín Iglesias que “el acuerdo es un instrumento, no un resultado”. ¿En qué quedó ese debate? ¿Conversó después con Bellolio o Vodanovic?
—Sí, conversé. Voy a ser honesto, con Jaime tenemos una vieja amistad, pero tenemos una diferencia en este punto, y lo digo así bien transparente, porque no voy a contar lo que conversamos personalmente. Yo creo que hoy día el Frente Amplio es mi adversario principal, y lo digo así directamente. Y creo que es un partido político que sistemáticamente no quiere conseguir acuerdos, y, por lo tanto, no es solo la buena voluntad del medio de conseguir acuerdos lo que logra los acuerdos, es la voluntad política y la capacidad de encontrar espacios en común lo que te permite lograr acuerdos… A mí me pasa que me dicen el Frente Amplio y me imagino a Gabriel Boric, a Gael Yeomans, a Tomás Vodanovic, y siento que esto es una especie de blanqueamiento a un partido político que sistemáticamente lo que ha hecho es destruir la convivencia cívica. Proponen siete acuerdos con el alcalde Vodanovic, que para mí hoy día es el líder del Frente Amplio, y me imagino al Presidente Boric gritándole a los militares en el estallido social, o los indultos del Presidente Boric liberando delincuentes. O me imagino al mismo alcalde Vodanovic, después de firmar esa carta, haciendo cero mea culpa respecto al desastre constitucional y lo que generaron, o al revés, emplazando a la derecha.
—¿Su crítica es a la propuesta misma o considera que Vodanovic no tiene credenciales políticas para plantearla?
—Hay algo que no me parece razonable de lo que firma, que borra con el puño el mundo del Frente Amplio. Y hay una columna en El Mercurio de Joe Black que yo aplaudo, que decía ‘la suerte de Vodanovic’, porque es como la suerte de que alguien que sistemáticamente ha dinamitado los acuerdos en este país, hoy día alguien le diga ‘sí, usted tiene legitimidad para proponer acuerdos’ (…). Yo no he visto en los hechos ninguna voluntad política del mundo del Frente Amplio, del Presidente Boric, de Tomás Vodanovic y de Gael Yeomans, de llegar a acuerdos. Entonces es contraintuitivo que diga ‘quiero acuerdo’ y al otro día diga que respecto a lo que pasó en el proceso constitucional no se arrepiente, y luego, que nos quiebre la convivencia entre los alcaldes por el tema de contribuciones, que nos habíamos puesto de acuerdo en algo, y él salga por el otro lado, y después hable que ‘los ricos de Las Condes tienen que pagar más por las contribuciones’, y empieza a crear una pelea entre rico y pobre. Hay algo contraintuitivo en esto (…) Ahí, justo con el Frente Amplio, es donde yo no veo un puente, veo un surco.
—¿El problema es de Vodanovic o del Frente Amplio?
—En términos políticos, ese surco no es de hoy día, o de Tomás Vodanovic, no quiero culparlo a él, pero él es un activo militante de un movimiento que destruyó la Concertación, que hoy día hace una oposición sin clemencia con el gobierno de Kast, que a mí acá en la municipalidad no me deja administrar el municipio porque se opone a todo. Hasta el Partido Comunista es más razonable acá. Entonces, hay algo que no me cuadra. Si Tomás hoy tiene la capacidad de transformar al Frente Amplio, a Gabriel Boric, a Gael Yeomans y al resto que están adentro, y están dispuestos a tener un acuerdo del sistema político, en la ley de Sala Cuna que votaron en contra, en la revisión de las mochilas, bien. Pero a mí me pasa que me pareció más bien un acto poético que un acto político. Y los actos poéticos valen en política, pero tienen pocos resultados efectivos. Son efectistas, pero poco efectivos.
—La carta fue elaborada en medio de la elección interna del Frente Amplio. Vodanovic respaldaba a Constanza Martínez, pero terminó ganando Gael Yeomans, cuya campaña planteaba una oposición más dura al gobierno de Kast. ¿Usted leyó la carta Bellolio-Vodanovic solamente como una propuesta de políticas públicas o también como un movimiento político de Vodanovic dentro del Frente Amplio?
—Voy a hacer un diagnóstico de política internacional para asociarlo. Vi lo que pasó en Alemania, con el triunfo de la ultraderecha de verdad, no lo que tratan acá de calificar a la gente de derecha. Y yo digo: ‘mira, los gestos políticos tienen que ser construir grandes mayorías que le den estabilidad al país’. ¿Yo quiero hacer gobierno con el Frente Amplio y construir acuerdos sostenibles? No. Por eso digo que me declaro franco opositor. Yo prefiero más bien construir acuerdos con quien puedo obtener resultados. Eso es lo que quisimos decir con Agustín Iglesias, el acuerdo no es solo abrazarnos, sino que es construir resultados políticos que permitan darle estabilidad, reformas y gobernabilidad al país. Y si Vodanovic o el Frente Amplio lo quisieran, feliz. Lo que pasa es que no les creo, soy bien honesto. Entonces, más que el gesto político interno del Frente Amplio, que no es así, me parece que es inconsistente con la trayectoria misma de Vodanovic y Boric.
—Usted respaldó la reforma de seguridad del gobierno, pero calificó como irracional el diseño del nuevo estado de excepción. Con los cambios que ahora se están discutiendo, ¿sus reparos siguen vigentes?
—Aquí tenemos una cosa concreta para construir acuerdos. ¿Estamos de acuerdo o no con un estado de excepción constitucional? Propongo ahora un acuerdo: que Vodanovic y otros alcaldes firmemos todos si estamos o no de acuerdo. Hay varios que estamos de acuerdo, de izquierda a derecha. Yo estoy de acuerdo, porque creo que la Constitución hoy día no tiene los instrumentos necesarios para intervenciones quirúrgicas en ciertos lados del territorio y que necesitan el auxilio de las Fuerzas Armadas. Acá, al lado del Estadio Nacional, una bala 9 milímetros cayó en una casa hace menos de un mes. Y encontramos, en un operativo, drogas acá adentro, pero con las fuerzas policiales que tengo no puedo sacar la droga que tengo, estoy seguro de que no (…). Mi llamado es un gran acuerdo de todos los alcaldes, de la necesidad de un estado de excepción.
—¿Y cómo cree que tiene que ser el estado de excepción?
—Yo creo que la propuesta original del gobierno era mala, porque una intervención de largo plazo, sin límite, sin pasar por el Congreso, no solo podía provocar, no en este gobierno, sino en un gobierno futuro, abuso de la atribución, sino además un problema político. Es obvio, cualquier cosa que pasara iba a ser responsabilidad del Ejecutivo. ¿Y qué es lo que yo propongo? Y lo hablé con los senadores Longton y con Squella, que sea un período de 15 días, renovable por 15 días, con acuerdo del Congreso. Si es así, creo que podríamos construir un acuerdo nacional ya, urgente, para eso. Así de concreto.
«No es un método, es una forma de entender mi trabajo con las patas en el barro y no solo escribiendo cartas»
—Hemos visto un giro en sus redes sociales, usted recorriendo la comuna, en terreno, encarando incivilidades y resolviendo problemas concretos. ¿Cómo responde a las críticas que ha recibido del mismo alcalde Vodanovic, que dice que «la delincuencia no se combate con reels«?
—Es tan snob esa crítica. Es la típica lógica de salón. Lo primero, he sido siempre así. Acuérdense cuando me iba a la fila del Banco Estado y le preguntaba a la gente del banco por qué teníamos fila. Y me iba con una pizarra a los matinales a explicar. No hay nada peor que el político que cree que habla desde el Olimpo para hacer su pega. De hecho, mi primera gran entrevista, en la revista Capital, dice: ‘Quiero ponerle bototos a un ministerio que usa zapatos’. Y así fue en el Ministerio de Desarrollo Social. Yo creo que esta política, que lo que hace es política de salón, mucho Icare, mucha CPC, mucho debate en universidades, pero que no entiende cómo funciona la calle, ha perdido credibilidad. Por eso no consigue resultados.
—¿Y su estilo o método es distinto?
—Mi forma de ser es que tres veces en la semana pesco el auto y salgo a recorrer la comuna. Y si me encuentro con un problema, adivina qué, no llamo, me bajo. Esa es parte de mi personalidad. Y probablemente me hice conocido por ser un ministro que hacía eso (…) Y, por lo tanto, no es un método, es una forma de entender mi trabajo, que es con las patas en el barro y no escribiendo cartas en El Mercurio solamente.
«Me cansé de tanta gente del Frente Amplio y del Partido Comunista que me habla de los pobres sin haberlo sido«
—¿Y esa manera es más creíble para la gente?
—Creo que hay una razón de ser de cómo se hacen las cosas. Probablemente yo sí creo que nosotros, los políticos, tenemos que recuperar credibilidad con la gente. Yo soy la antípoda de Parisi, he tenido tantas peleas con Parisi que ya no me acuerdo. Eso se llama populismo, dar soluciones rápidas a problemas complejos. Pero hay algo que es mucho peor, que se llama oligarquía intelectual, que es creer que las soluciones las saben porque las estudiaron en una sala de clases o porque son una vanguardia iluminada, como decía Lenin, con esta idea de que son los intelectuales los que saben lo que necesita la sociedad chilena. Yo me cansé de tanta gente del Frente Amplio y del Partido Comunista que me habla de los pobres sin haberlo sido, nunca haber vivido una fila, sin haber pasado por la pobreza. Nadie está obligado a ser pobre, pero sí tener la obligación de conocer en la calle lo que viven esas personas todos los días. Y ese es el Frente Amplio. Por eso yo le puse el nuevo MAPU, pero con debilidad intelectual.
—¿Usted diría que a Vodanovic le falta calle?
—Cada uno hace la gestión que quiera como alcalde. Yo no voy a criticar porque suban fotos de él trotando o mostrando las calugas, me da lo mismo. Lo que estoy diciendo es que lo que vi fue una crítica a una forma de hacer política que a mí me pone orgulloso, que es la calle. En el caso de Ñuñoa, aquí administraba la municipalidad el Frente Amplio. La alcaldesa del Frente Amplio también me ha criticado por eso. Acá la inseguridad había crecido en dos dígitos, casi un 20% los delitos en la comuna. Con este método, que es presionando en la calle con la inspección municipal y supervisando yo, ha bajado casi un 10%. O sea, ha disminuido un 30% en menos de dos años. Entonces la pregunta es cuáles son los resultados. Bueno, por las cifras los conoceréis. Ñuñoa es una de las comunas que más bajó la delincuencia en la Región Metropolitana y mientras estuvo el Frente Amplio acá, con esa política de salón, con este discurso como de las identidades, acá se pintaban los pasos de cebra morados, los parques no se tocaban… Me acusaron de que yo había transformado en una ramada la Plaza Ñuñoa porque le puse iluminación. Bueno, dato mata relato. Esta comuna es más segura que hace dos años con esta idea de que desde mí hasta el señor que está en la caja del Café Literario, tiene la obligación de proteger la seguridad. Nos ha ido bastante bien. Entonces, veamos los resultados más que los discursos.

EXCELENTE Y MUY CLARO
Hay un cambio muy positivo no solo en la comuna de Ñuñoa, sino también en el propio Sebastián Sichel. Está claro que a la izquierda, sobre todo a la extrema, le carga su estilo directo y con los pies en el barro y la basura, enfrentando a los vagos como deberían hacerlo todos los alcaldes. El «calugas» Vodanovic que no ha mejorado un ápice Maipú, no le llega ni al barro de las botas a Sichel. El único que le cree en la «derecha de izquierda» -cuando no- es Bellolio, de la fracasada línea de Matthei. Ojo, no soy bot.