Semanas después de que el gobierno del Presidente Gabriel Boric confirmara la conversión del expenal Punta Peuco en el actual Centro de Cumplimiento Penitenciario de Tiltil -donde ya no sólo habrá reclusos condenados por crímenes de lesa humanidad, sino que presos comunes-, el tema ha vuelto a ponerse en el centro del debate público.

Las obras para ampliar el penal avanzan desde hace semanas y se ha generado una controversia por el retiro de pertenencias de los actuales internos, como los llamados “rucos”, toldos o carpas de los patios, donde tienen enseres y reciben a sus familias cuando los visitan. Para frenar estas acciones, representantes de los internos presentaron diversos recursos judiciales, logrando que se otorgaran dos órdenes de no innovar. En ese contexto, el lunes 1 de diciembre el juez de Garantía de Colina, Carlos Poblete, llegó hasta el recinto para verificar que se respetaran dichas medidas y no se retiraran los objetos mientras se hacían los trabajos.

Al día siguiente, el ministro de Justicia, Jaime Gajardo, afirmó que el retiro de enseres continuaría, asegurando que “aún existe una restricción que se estaba aplicando respecto a la paquetería externa. Eso es lo único que está paralizado. Lo demás, como el retiro de refrigeradores o toldos, no tiene ninguna medida judicial vigente”.

Rodrigo Cooper

El abogado Rodrigo Cooper, quien conoce de cerca la situación de varios de los condenados y visita con frecuencia el recinto, señaló en una carta al director a este medio que «resulta incomprensible y profundamente inquietante que el gobierno haya iniciado los trabajos de transformación del penal de Punta Peuco pese a la existencia de dos órdenes de no innovar emitidas por cortes de apelaciones y órdenes de paralización de faenas emitidas por la Municipalidad de Til Til. No estamos frente a un matiz jurídico menor: se trata de una desobediencia abierta a resoluciones judiciales vigentes, que debiera alarmar a cualquier demócrata, independientemente de su posición política».

Ahora, en entrevista con El Líbero, el ex académico de la Universidad de Chile asegura que “aquí el gobierno no está cumpliendo órdenes judiciales”.

Además, se refiere a la sensación que existe entre los presos luego que el tema de eventuales indultos se tomara la recta final de la campaña presidencial entre José Antonio Kast y Jeannette Jara.

¿Qué dicen los internos sobre el protagonismo que han tomado dentro de la campaña presidencial? Se ha hablado de indultarlos, de no indultarlos…

-Lo que yo he percibido con ellos es que miran con esperanza el nuevo gobierno que pueda haber. No creen mucho que los vayan a indultar, pero sí que por lo menos los van a dejar de perseguir de la manera que lo han hecho en los últimos años, porque ha sido grosero.

Por lo menos el nuevo gobierno esperamos que diga ‘ya, paren la persecución y que sigan presos’. Y ojalá analicen, creo yo, caso a caso, no sé, pero tienen esperanza de que el nuevo gobierno les va a dar tranquilidad.

Entonces, ¿no hay mucha esperanza dentro de los internos de que sean indultados en un próximo gobierno?

-Es que no quieren hacerse esperanzas. Yo hablo por lo que yo vi. Yo no soy portavoz de nadie. Yo hablo por las conversaciones que he tenido con uno, con otro, porque tratamos de conversar mucho.

Ellos tenían mucha esperanza en Johannes Kaiser, porque lo dijo abiertamente. Dijo que los iba a indultar caso a caso. Repito lo que dijo el gran profesor José Zalaquett, que era un profesor de la Escuela de Derecho de mi universidad, la Universidad de Chile, un tipo muy jugado por los derechos humanos en la época del gobierno de las Fuerzas Armadas. Antes de morir, hace pocos años, le preguntaron qué opinaba de los presos de Punta Peuco, si se merecían el perdón o no, y dijo que no se le puede violar los derechos humanos a los violadores de derechos humanos, porque todos tenemos derechos humanos. Es un poco lo mismo que dijo el ex diputado y ex militante comunista Patricio Hales.

Usted habló de una “desobediencia abierta” a las resoluciones judiciales en una carta dirigida a este medio. Sin embargo, el gobierno sostiene que está actuando dentro de la legalidad…

-Aquí hay dos caminos de impugnación de lo que están haciendo. Uno por la vía judicial y otro por la vía administrativa. Y esa vía administrativa no es que la hagan ellos, sino que la está haciendo la Municipalidad de Til Til por tremendos incumplimientos de normativas administrativas.

En lo que se refiere a las órdenes de no innovar, son órdenes que ha dado la Corte y que están vigentes mientras no resuelva la Corte Suprema.

A mí me da mucha rabia cuando leo que quieren ‘acabar con los privilegios’, y eso lo dice el gobierno. ¿Qué privilegios? Tú entras a Punta Peuco y vas a ver una cárcel vieja, pero impecable. ¿Por qué está impecable? Porque ellos son limpios. Algunos cercanos, por ejemplo, una vez al mes les llevan camionetas llenas de cloro, lavaloza, de todo. Y los tipos tienen todo pobre, pero impecable.

Ellos tienen estos módulos con unas piezas enanas donde caben dos camas, yo te diría que de menos de una plaza. Súper apretados. Yo no veo cuál es el privilegio.

Tú no vas a encontrar nunca un teléfono celular entre los presos. Son súper cumplidores. Si no hubiera gendarmes adentro, tampoco se escaparían. Nunca ha habido un intento de motín, de escape, de nada.

Desde el punto de vista judicial, hay recursos de protección que están con orden de no innovar y que Gendarmería, por órdenes superiores, no ha respetado. Porque ellos dicen que esos recursos, esas órdenes de no innovar, son acotadas a algunas cosas, no son generales. Entonces dicen, ‘nosotros podemos seguir construyendo’.

Este lunes la abogada Carla Fernández se contactó con el juez de garantía de Colina y el juez fue para allá y dijo que según la orden no pueden desarmar los rucos donde se reúnen los presos con sus familias. Entonces el juez dio la orden de que no se pueden tocar las carpas, pero sí pueden hacer los muros divisorios donde quieren poner nuevos containers para meter a 32 presos. Y eso siguieron haciendo. Incluso echaron abajo una gruta de la Virgen que había en el módulo y que la máquina pasó por encima.

Este lunes estaban un poquito más aliviados, porque se confirmó esa orden de que no pueden tocar los rucos. Porque habían dicho que iban a sacar todos estos rucos y los iban a meter en un camión y mandar todo a Gendarmería.

Está siendo todo muy apurado y al lote. O sea, el Presidente tiene la facultad de cambiar la cárcel. De acuerdo. Pero a diferencia de lo que hacen todos los organismos estatales hoy día, que te ponen trabas, permisos, aquí lo han hecho todo a mata carrera porque este gobierno quiere dejar algún tipo de ‘legado’.

Usted dice que los dos recursos de no innovar están vigentes. ¿Por qué diría eso entonces el ministro? Hubiera o no un recurso, ¿por qué Gendarmería no podría sacar los toldos o los enseres si es que se decretó que es un penal común?

Porque la orden de no innovar es una orden provisional que se dicta en un juicio. La orden de no innovar es una especie de un “1, 2, 3 momia es”. Que no se haga nada mientras no se resuelve el fondo. Y el fondo tarda más en resolverse, porque hay que conocer muchos elementos, oficios, y eso se demora. Entonces hay que paralizar las obras de cualquier cosa. Y ese ‘no mueva nada’ ha sido interpretado por Gendarmería o quienes mandan a Gendarmería de una manera que es parcial.

¿Entonces ahora mismo los toldos no han sido removidos?

-Hasta hoy (jueves) están puestos los toldos. Por ahora están parados. Pero hay una incertidumbre tremenda respecto de si seguirán o los sacarán. Mi carta en El Líbero se llamó “desacato ideológico”. Desacato es no obedecer una orden. Un gobierno y todos sus organismos, todos, y los particulares también, tienen la obligación de cumplir las órdenes judiciales. Y aquí el gobierno no está cumpliendo órdenes judiciales. Y lo vemos claramente en la toma de San Antonio. La toma de San Antonio el gobierno la tenía que desalojar ¿Y qué hizo? Dice que va a expropiar. Acá hay un desacato, que es un poco lo que pasó en el gobierno de Salvador Allende, que no obedecían las órdenes de los tribunales.

¿Qué efectos concretos están teniendo todos estos cambios para los internos que cumplen condena hoy en día?

-Tengamos presente que la edad promedio de los internos es de 76 años. Los más jóvenes que han metido últimamente son gente que eran conscriptos, sin grado. Pero hay gente de más de 90 años. Hay un carabinero que entró hace poco, que tiene 92 años, que duerme en un camastro en un comedor y que no controla esfínteres. Hay gente muy enferma, en general todos tienen algo. Y esa gente es muy vulnerable. Entonces cualquier cosa les afecta. Imagínate a esta gente, que está ahí encerrada y les dicen ‘les vamos a sacar sus rucos o toldos y les vamos a meter 32 presos comunes’.

Hay un solo preso común adentro, que es un señor de bastante edad, que abusó de una joven hace mucho tiempo, pero es un tipo que no ha producido ninguna molestia, es un tipo tranquilo, no se meten con él y él no se mete con ellos, pero van a meter 32 más.

Han tenido problemas de insomnio, han tenido descompensaciones, hay muchos diabéticos. Están sometidos a un gran estrés. Hay muchos que andan en burritos y otros que no pueden caminar, hay varios con una situación de desgaste neurológico, principios de Alzheimer, problemas de memoria.

Ha habido molestia también de los reos por la atención de salud que reciben. ¿Esto ha mejorado o ha empeorado?

-Es relativo. El otro día conversaba con un oficial, de mediano grado, que tenía hora al Hospital Militar para verse un lunar posiblemente cancerígeno. Y era una hora que le había costado mucho conseguir porque había tenido esa misma hora meses antes y le habían dicho a última hora que no podían llevarlo porque no había una camioneta. Ahora a última hora le dijeron lo mismo, así que perdió la consulta. Obviamente eso produce estrés y también produce un aumento de su enfermedad.

A veces logran llevarlos en una ambulancia, cuando hay ambulancia, y se van moviendo dentro. Gracias a Dios los gendarmes en general han sido atentos y les permiten ir sin esposas. ¿Porque qué sacas tú de esposar a un viejo de 80 años si no se te va a arrancar?

En general Gendarmería ha sido bastante receptiva y humana. Yo diría que se han mantenido relativamente igual las condiciones, pero se agravan con la edad y con la falta de agua potable, si no tienen ni agua, ni alcantarillado. Esos son lo que llaman los ‘privilegios’.

¿Y sabe en qué lugar dormirían los nuevos reos cuando lleguen?

-Los módulos tienen unas piezas enanas. Y hay unos comedores que son como un hall de distribución de cada módulo, algo muy modesto. Ahí han instalado no solamente a este nuevo condenado, sino que a otros que han entrado a Punta Peuco, que son condenados militares, porque ya no caben en las piezas. Están instalando unos camastros y ahí meten su maletita con sus tres pilchas debajo de la cama. No tienen velador, no tienen nada, es una cosa muy precaria.

Hay una serie de licitaciones que ya han comenzado para habilitar nuevos espacios, como la construcción de un nuevo lugar para que los condenados reciban visitas a través de un nuevo acceso, nuevos espacios de vigilancia, además de la habilitación de nuevas plazas. ¿Sabe cómo va el avance de los proyectos dentro del penal?  ¿Ha podido ver algo en sus visitas? ¿Están cerca de terminar?

-Han hecho muros. Hay una muralla en los patios, en estos mini patios que tenían en cada módulo, y suponemos que al otro lado van a poner algo. Y otra cosa que he visto, es que están trabajando mucho en instalaciones de obra, están tirando cañerías nuevas, están instalando sistema eléctrico, había muchos trabajadores en los techos. Están trabajando mucho en la habilitación, para que apenas le den el pase, lanzarse con todo.

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