Credit: Freepik

Los robots “humanoides” serán el próximo gran avance tecnológico. No como una promesa futurista, sino como una tecnología que comienza a redefinir la productividad y la organización del trabajo. La conversación pública recién comienza, pero la transformación ya está en marcha.

Proyecciones de Goldman Sachs estiman que el mercado global de los robots “humanoides” podría movilizar cerca de 38.000 mil millones de dólares en la próxima década. Morgan Stanley eleva esa cifra hasta los 50 trillones de dólares hacia 2050, considerando servicios y operación, con más de mil millones de robots humanoides en funcionamiento en todo el mundo.

Para ponerlo en perspectiva, esa escala es comparable con la industria automotriz. Sin embargo, a diferencia de los automóviles, los robots humanoides no pertenecen a un solo sector. Su impacto atraviesa manufactura, logística, servicios, salud, seguridad y consumo.

El principal driver de crecimiento de esta nueva industria han sido los notables avances en IA. En los últimos años, enseñar dejó de ser “programar línea por línea” y pasó a ser “entrenar”. Esto ha permitido acelerar su desarrollo, funcionalidades y capacidad motriz. Nada más observe la evolución de Atlas (Boston Dynamics) en los últimos diez años. Absolutamente exponencial.

La carrera por liderar este nuevo espacio ya está en marcha y, por ahora, se concentra principalmente en Estados Unidos y China. Empresas como Tesla, Boston Dynamics, Xpeng o Unitree, compiten por definir estándares tecnológicos, casos de uso y modelos de negocio que marcarán la próxima década.

Es cierto que los robots desde hace décadas se utilizan en procesos productivos como el ensamble de automóviles. Sin embargo, la aparición a escala del robot humanoide implica que vamos a interactuar con una tecnología nueva en nuestra vida cotidiana. Puede ser un operario en una fábrica, un asistente personal, un empleado doméstico, un recepcionista de un hotel, un bar-tender, un policía e incluso un soldado. Los países ricos no enviarán más humanos a morir por su país. Enviarán robots.

Los robots no descansan, no sienten miedo y operan con niveles de precisión y confiabilidad que superan por varios órdenes de magnitud las capacidades humanas. No se trata sólo de eficiencia, sino de una transformación radical de muchos de nuestros actuales procesos de negocio.

Esta nueva ola de innovación va a requerir talento especializado, ingeniería avanzada y un suministro continuo de materiales: cobre, litio, acero, tierras raras y nuevos materiales ultra livianos y resistentes. A esto se suma un factor crítico para su funcionamiento: la energía. Por ejemplo, la última versión de Atlas funciona con baterías recargables que entregan alrededor de cuatro horas de autonomía.

Con más de mil millones de robots operando de manera continua, cada uno con baterías del orden de 3 kW y turnos 24/7, el consumo energético anual podría rondar los 3.000 TWh, cerca del 10 % de la demanda energética mundial actual.

En paralelo, un régimen de producción de 100 millones de robots al año implicaría una demanda adicional cercana a 40.000 toneladas de litio y más de 300.000 toneladas de cobre al año.

Frente a este escenario, América Latina enfrenta una disyuntiva estratégica. La región puede limitarse a abastecer los insumos que esta transformación demanda o puede participar activamente en la construcción de capacidades, casos de uso y modelos de adopción que generen productividad real.

La robótica humanoide no es una moda ni un experimento aislado. Es una nueva frontera de innovación aplicada. Y como siempre pasa, quienes comienzan a explorar temprano no sólo adoptan una tecnología, sino que ayudan a definir las reglas del juego que los demás deberán seguir.

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.