Las cifras de septiembre fueron otro balde de agua fría. El Imacec de agosto cayó 1%, arrastrado por una minería que se contrajo más de 17% por leyes de mineral más bajas, mantenciones y temporales. El desempleo subió a 9,6%, su nivel más alto desde 2021, con más de 80 mil empleos menos que hace un año.

Detrás de cada décima hay personas

Detrás de cada décima del Imacec hay personas: el vendedor de Arica, la ingeniera recién titulada de Santiago, el transportista del Maule, el proveedor pyme de Puerto Natales. Ellos no pueden esperar a 2030.

Los resultados de hoy son la consecuencia de definiciones que tomamos hace años. La holgura que nos hace falta viene de inversiones postergadas tras el estallido, en un clima de debate sobre nacionalización y refundación que nos dejó en pausa demasiado tiempo, sumado a la pandemia y los retiros de fondos de pensiones. No se trata de buscar culpables, sino de entender que nuestras decisiones definen el Chile de 2035.

El Gobierno del Presidente José Antonio Kast ha puesto en marcha cambios de fondo: la Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Social, el proyecto de mercado de capitales (MK4) y el Plan Chile Despega, entre otros. Todos son necesarios, pero su efecto no es inmediato. Y a eso se sumó lo que nadie planificó: la guerra en Irán, los aranceles y meses de inclemencias climáticas. Entonces, ¿qué hacemos mientras tanto?

El corto plazo también requiere acción

Los ganadores del Nobel de Economía de este año, Robert E. Hall y Michael Woodford, nos dan una pista. Su trabajo muestra que estabilizar la economía en el corto plazo depende de cómo deciden hogares y empresas, y que esas decisiones miran al futuro: se consume e invierte según lo que se espera. Por eso, la confianza también es política económica.

Hay mucho que hacer sin necesidad de grandes leyes. Destrabar lo que ya está aprobado: cada mes que se adelanta una obra son sueldos que llegan antes. Pagar a tiempo: cada pago dentro del plazo establecido le da a la pyme la liquidez que hoy sostiene el empleo. Y apostar por la productividad: capacitación técnica corta y pertinente, diseñada junto a las empresas, para que quien pierde un empleo encuentre otro mejor.

Todos nos necesitamos

Nada de esto funciona de forma aislada. El Estado no puede crear empleo sostenible sin empresas que inviertan; las empresas no invierten sin reglas estables ni trabajadores preparados; los trabajadores no se capacitan si no ven un horizonte.

Y permítanme un alcance: la productividad no se juega sólo en capital, tecnología y capacitación. También se construye en lo cotidiano, y es tarea de todos: llegar a la hora, hacer bien el trabajo, cumplir lo comprometido, atender con una sonrisa. Y fuera del trabajo, también: saludar en el ascensor, ofrecer el asiento en la micro o respetar el ceda el paso, como lo dice su nombre. Un país donde cada uno cumple su parte funciona mejor, genera confianza y crece más.

La garra de volver a empezar

Desde mi incansable optimismo, insisto: volver a creer que podemos crecer no es un acto de fe ingenua. Chile ya tuvo un sueño compartido: salir de la pobreza, abrirse al mundo, ser ejemplo en la región. Lo logramos con trabajo, reglas claras y la garra de los chilenos, esa que aparece cada vez que salimos adelante juntos, ya sea ante un terremoto, un incendio o 33 mineros a 700 metros bajo tierra.

Esa garra sigue intacta. La veremos otra vez el 6 y 7 de noviembre en la Teletón, cuyo lema este año es “Súmate a lo que nos une”. Ese mismo espíritu es el que necesita nuestra economía, porque lo que sembremos ahora será empleo para la próxima generación.

Chile necesita volver a creer para volver a crecer. Y ese tiempo es hoy.

Participa en la conversación

1 Comment

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.