Chile lleva más de una década sin recuperar las tasas de crecimiento que marcaron sus años de mayor dinamismo económico. El escenario se ha vuelto especialmente complejo durante 2026, con el Banco Central que redujo su proyección de crecimiento para este año a un rango de entre 0,25% y 0,75%, mientras el gobierno del Presidente José Antonio Kast apuesta por revertir la tendencia mediante la recién publicada Ley de Reconstrucción, una reforma al mercado de capitales y otras medidas destinadas a incentivar la inversión. Sin embargo, persisten las dudas sobre cuánto tardarán estas iniciativas en dar resultados.
En este contexto, El Líbero conversó con Hernán Cheyre, economista y exvicepresidente ejecutivo de Corfo, y Mauricio Rojas, historiador económico y exministro de las Culturas, autores del libro «Un decálogo para que Chile vuelva a progresar« (2022) de Ediciones El Líbero, quienes, en un nuevo documento, retomaron las lecciones de nueve países que lograron dar un salto en su desarrollo y plantearon que Chile podría volver a crecer a tasas cercanas al 4% anual si implementa las reformas necesarias. A partir de ese diagnóstico, abordaron las causas internas y externas del estancamiento, la agenda económica del gobierno y la importancia de construir consensos sociales y políticos para recuperar el crecimiento.
Rojas: «Un problema fundamental de los últimos años y de hoy día en Chile, es la división«
—¿Qué le pasó a Chile y qué los motivó a publicar este nuevo texto?
Cheyre: Nos preguntamos con Mauricio hace cinco años cómo lo hicieron los países que cruzaron el umbral del desarrollo, y ahí decidimos escribir un libro, seleccionamos nueve países para analizar con bastante detalle, y de ahí sacamos 10 lecciones, que es lo elemental y lo fundamental que ellos hicieron. Y lo que estamos haciendo ahora es preguntarnos cómo está Chile en cada uno de esos elementos del decálogo, porque en el libro no abordamos ese tema. ¿Cuáles son las lecciones y cómo estamos en cada uno de esos 10 puntos?
—¿Y cuál es la conclusión?
Cheyre: En general, la conclusión es que estamos bien. Chile tiene cimientos sólidos para poder volver a crecer. Nadie podría decir que Chile está lejos de lo que es este decálogo, pero sí tiene cosas importantes en las cuales tiene que mejorar, algunas muy de fondo, otras más por encima. Pero la pregunta de fondo que uno tiene que contestar primero es: ¿por qué le pasó a Chile lo que le pasó? Yo creo que Chile puede volver a crecer. La población está creciendo 0,3% al año. Dado eso, si el PIB per cápita crece 3,7%, llegamos a ese 4%. Y 3,7% es la tasa a la cual creció Chile en la década previa al 2014. Chile ya lo hizo una vez. O sea, se puede. Y hay que hacer varias cosas.
—¿Pero, por qué Chile no está creciendo?
Rojas: La lección más importante del libro que escribimos es que los países no están condenados ni a la pobreza, ni al subdesarrollo, ni al atraso. Hay un camino, lo han probado ya muchos países, grandes, pequeños, por lo tanto existe una conciencia sobre lo que se necesita. Ahora, los países eligen a veces el atraso o el progreso de acuerdo a las decisiones que toman. Y de acuerdo a las divisiones que tienen y cómo manejan los conflictos internos. Veo que ahí hay un problema fundamental de los últimos años y de hoy día en Chile, que es la división, que es el ir para un lado y otro, es decir, no dar una estabilidad, una continuidad básica a las políticas de desarrollo. Porque cuando no existe eso, y aún más cuando hay episodios de violencia increíble, como fue el estallido llamado social, más criminal que social muchas veces, entonces el motor del desarrollo, que es la confianza en las instituciones, que es el largo plazo, porque no se hacen inversiones que lleven al desarrollo solamente para el día de mañana, tienen que ser de largo plazo. Cuando no existe la confianza, cuando se deteriora el Estado de Derecho y cuando no existe una voluntad o capacidad política de llegar a acuerdos fundamentales, el desarrollo tiende a detenerse.
—¿Ese es el problema de Chile, entonces?
Rojas: Los países que estudiamos se caracterizan porque en el momento clave pudieron lograr esa unidad fundamental que le da continuidad a las medidas que se implementan para llevar al desarrollo. Creo que ahí Chile hoy día tiene su principal problema: llegar a acuerdos fundamentales sobre cómo caminar hacia el desarrollo y no estar oscilando de un lado hacia otro, e incluso estar amenazado por este tipo de estallidos sociales criminales.
Cheyre: Me gustaría engancharme de lo último que señaló Mauricio, en el sentido de que los países no están condenados a quedarse en una u otra posición. Son decisiones que se van tomando. Y me gustaría remarcar que los 30 años, amados por algunos, vilipendiados por otros, que en rigor van desde el 85 al 2014, esos son los 30 años donde hubo mayor crecimiento, los pilares fundamentales vinieron de un nuevo orden económico que se instauró en el gobierno militar, eso hay que decirlo. Pero después, con el retorno a la democracia, los sucesivos gobiernos se dieron cuenta de que ese era un buen camino, un buen modelo, y se le fueron incorporando cambios. Se perfeccionaron algunas cosas, en otras se hicieron modificaciones para que fuera políticamente viable, pero en ese ámbito de la democracia, los acuerdos fueron lo que le permitió a Chile llegar a un punto en el que estuvimos al borde de cruzar el umbral del desarrollo. De hecho, el ex Presidente Lagos y el ex Presidente Piñera, en su oportunidad, anunciaron que quedaba poco. Y en verdad, con el ritmo que teníamos, íbamos para eso. Y después, de 2014 en adelante, desde la segunda administración de la Presidenta Bachelet, las cosas empezaron a desarmarse un poco. Se terminó con la flexibilidad laboral, nacieron muchas incertezas, hubo una reforma tributaria que fue al final un gran obstáculo para la inversión y podríamos seguir con un largo etcétera.
Cheyre: «Uno podría decir que estamos bien, pero…»
—¿Y cómo estamos actualmente?
Cheyre: Lo que nosotros creemos, al haber rehecho esta parte y pensado en el caso de Chile, es que la política fiscal sí se ha desordenado, pero en lo básico hay una regla que se ha mantenido y que este gobierno va a tratar de encauzarla nuevamente. Así que uno podría decir que estamos bien, pero hay cosas en las que estamos mal, mal desde hace tiempo.
—Ustedes identifican una serie de obstáculos que están frenando el crecimiento en el país: la permisología, las rigideces del mercado laboral, dificultades para concretar ciertos proyectos de inversión y problemas de funcionamiento del Estado. ¿Cuáles son las trabas que están frenando el desarrollo?
Cheyre: El primero es la educación, es el capital humano. Si uno ve los indicadores, por ejemplo uno que mide las competencias de adultos, un estudio realizado por la OCDE. Ahí se analizan 31 países y Chile sale en el número 31 en comprensión lectora, en comprensión de las matemáticas, etcétera. O sea, hoy no tenemos un capital humano que nos permita dar ese salto al desarrollo. Esa es una limitante cierta y no se resuelve de un día para otro. Y como decía James Heckman, el premio Nobel de Economía, la clave está en invertir en educación en las etapas más tempranas, eso siempre ha quedado de lado y el fuerte se lo han llevado siempre las universidades. Un segundo punto es la flexibilidad laboral. La posibilidad de que los trabajadores se muevan entre empresas es clave para que mejore la productividad y así los recursos productivos se usen en sectores que tienen mucho mayor potencial de crecimiento. Y Chile es uno de los países peor ranqueados. Si uno ve el índice de libertad económica, que Chile se ha mantenido relativamente bien, pero en lo que es libertad laboral, está en una posición muy, muy baja. Ese es un cuello de botella tremendo. Y tercero, sin perjuicio de que se mejoró el tema de la competitividad tributaria por la vía de bajar la tasa de 27 a 23%, todavía estamos en un nivel alto. Nosotros identificamos esos tres puntos, que son palos en la rueda de la carreta que, si no los mejoramos, no nos van a permitir salir de esto.
Rojas: A mí me gustaría que los políticos, los economistas y las voces en la discusión pública se preguntaran por qué Chile no puede ser la Irlanda de América del Sur. Irlanda, que llegó a ser el país más pobre de Europa Occidental, ha dado un salto extraordinario, se convirtió en el ‘tigre celta’ y lo hizo a partir de condiciones que parecen o se asemejan a lo que Chile ha tenido en su historia. Ellos hicieron muchas cosas. Lo que Hernán dice de apostar por el capital humano es un elemento fundamental, porque el camino que Irlanda tomó fue abrirse al mundo y atraer inversiones, empresas, tecnología. Se dieron cuenta que con un mercado pequeño como el irlandés o como el chileno, no se puede salir adelante. Si uno quiere ir más allá de las riquezas naturales, que Chile las ha explotado muy bien y las seguirá explotando, pero es que eso no alcanza, hay que hacer mucho más. Y ellos apostaron entonces por abrirse, pero al mismo tiempo, privilegiando el capital humano. Creando condiciones de mercado o de trabajo muy favorables para que las empresas se instalaran y dando mucha certeza, tanto jurídica como en lo personal. América del Sur, Chile menos que otros países, pero si no resuelve el problema del crimen, de la inseguridad en las calles, poco va a poder atraer grandes firmas, grandes inversiones que vayan más allá de sus recursos naturales. Por lo tanto, ahí tenemos una serie de déficits importantes: capital humano. Muy importante la certeza jurídica, la continuidad en la política y también que haya un Estado de Derecho capaz de darle tranquilidad a las personas.
Rojas: «Chile tiene un problema de estabilidad política. Y si no se resuelve bien, no va a ser posible llegar al desarrollo«
—Chile no es el único país que tiene problemas para crecer. En buena parte de Europa hay dificultades relacionadas con la productividad, con el gasto público, y hay manifestaciones en Francia y en otros países. Entonces, ¿cuánto de lo que le está pasando a Chile es parte de un fenómeno global y cuánto responde a errores que hemos cometido como país?
Rojas: Si es parte o no es parte de lo que pasa en todo el mundo, yo diría que sí y que no. Y la pregunta es qué está pasando en todo el mundo. Esto de Francia, pasa en algunos otros países europeos: violentas manifestaciones, destrucción, algo que puede recordarnos al triste estallido social criminal. Pero no hay que olvidarse que cuando los sectores más extremos aprovechan la inquietud social, la frustración o el descontento para lanzar una ola de violencia, como se ha hecho en Francia ahora, como se hizo en Chile, eso crea una reacción muy fuerte.
—¿Y cuáles serán las consecuencias para Francia?
Rojas: Es cuestión de recordar la historia. El año 68 se lo recuerda por sus grandes manifestaciones en París, era una verdadera revolución juvenil. Al año siguiente, Charles de Gaulle barrió con esa izquierda insurreccional y tuvo uno de los apoyos más fuertes electorales de la democracia francesa. Lo que va a pasar ahora en Francia es que el próximo año Marine Le Pen, representante del partido llamado Agrupación Nacional, seguramente va a ser la Presidenta de Francia, gracias al violentismo que hoy día se está dando en las calles. No hay que dejarse engañar porque sale mucha gente a la calle, porque se queman cosas, etcétera, porque en el fondo hay una gran mayoría que va a reaccionar fuertemente y que quiere estabilidad, quiere progreso, no quiere incendio. En Chile, esa mayoría es dudosa a veces. Cuando se produjo el estallido, hubo mucha gente que se plegó, que toleró, que consintió, fuera de una izquierda que trató de aprovecharse de esto. Ese tipo de reacciones son, por supuesto, muy dañinas. Nos llevó después a esta Convención enloquecida que trató de crear una Constitución no sé para qué realmente y que afortunadamente fue derrotada después en el referéndum. Pero Chile tiene un problema de base en cuanto a la estabilidad política. Y eso, si no se resuelve bien, no va a ser posible llegar al desarrollo.
—¿Lo que está pasando en Francia pueda suceder acá en Chile? Que algunos sectores logren importar este fenómeno nuevamente al país.
Rojas: Es que no necesitan importar mucho, si lo que pasó en Chile fue realmente increíble e impresionante. Ese fenómeno, ese descontento generalizado, más las mafias criminales, las barras bravas y una izquierda que no tuvo mucha injerencia directa, en realidad -los comunistas han dicho: no estuvimos allí para darle conducción-, hoy día están esperando esa oportunidad. Por lo tanto, no es cuestión de importar de Francia, Chile tiene los distintos componentes que pueden llevar a un tipo de movilización social tan destructiva como la que pasó. Imagínate que fueras un inversor internacional, que tuvieras toda una empresa que quiere diversificar la economía chilena, apostar por Chile, y te cuentan lo que pasó en el famoso estallido sociocriminal. ¿Vas a invertir en Chile? Son problemas muy importantes. Y después viene, por supuesto, el capital humano y todo aquello que Hernán, con mucha razón, ha mencionado, pero creo que Chile tiene que enfrentar estos problemas básicos que deciden todo lo demás.
Cheyre: «Me preocupa que las élites empiezan a ver un problema y empiezan a decir ‘no, por aquí no va el camino, estamos mal, Kast lo está haciendo mal’. Yo creo que en realidad es lo que había que hacer«
—¿Hasta qué punto el malestar de lo que estamos viendo en Europa, lo que pasa en Chile, tiene una raíz económica?
Cheyre: Es obvio que hoy día hay un descontento económico porque hay un desempleo alto. La economía está estancada, no está creciendo, y las expectativas se han deteriorado mucho. Quizás porque se esperaba que en forma más mágica iba a llegar un nuevo gobierno con nuevas ideas y en forma automática íbamos a empezar a crecer. Lo que estamos viendo es que no es tan así, no es tan mecánico. Y a eso se suma todo el problema que ha ocurrido a raíz del conflicto en Medio Oriente, el alza en el precio de los combustibles, ahora el alza a las tasas de interés. Entonces se ha armado un cóctel que ha sido bastante negativo. A mí lo que me preocupa es que las élites empiezan a ver un problema y empiezan a decir ‘no, por aquí no va el camino, estamos mal, Kast lo está haciendo mal, no era lo que había que hacer’. Yo creo que en realidad es lo que había que hacer. Uno podrá discutir el timing de ciertas medidas, la forma como se han comunicado otras, pero si uno ve las reformas fundamentales económicas que se están realizando, van a permitir encaminar el país nuevamente por la senda que he mencionado. Y un tema no menor que es bien simbólico a propósito del capital humano. Ha habido muchas quejas desde las universidades porque se les bajó el presupuesto (…). Esa es una señal muy potente, no digo que sea suficiente, pero eso muestra que de a poco se están colocando las prioridades donde tienen que ir. La baja de impuestos a empresas, que ojalá hubiera sido mayor, pero ya es un avance importante; lo que se está haciendo en el mercado de capitales, y se está avanzando en los planes para crear empleos.
—¿Y qué falta todavía?
Cheyre: Esperamos que haya una próxima aprobación de lo que es la sala cuna, flexibilidad laboral. También se está avanzando en un esquema que nosotros proponemos y que no es solamente idea nuestra, que es terminar con la indemnización por año de servicio que ya existe, que tiene a Chile entre los países en que el costo de despido es de los más altos dentro de los países OCDE. Y esa es una desventaja competitiva tremenda. Pero todo eso se puede cambiar. Y lo que veo en este gobierno, a diferencia del anterior, es que sí se está avanzando en esa dirección. Lamentablemente, en el corto plazo, los resultados no nos están acompañando, pero la orientación que está tomando el buque yo creo que es la correcta y eso me tiene tranquilo. Lo que sí falta, y me sumo a lo que decía Mauricio, es el tema de la fragmentación política. Eso hace muy difícil cualquier acuerdo. Entonces, uno echa de menos mirar para atrás, en su minuto se pudo conversar. A mí, que me toca conversar mucho con economistas que tienen una postura distinta a la mía, uno puede ver que, despejando cosas, hay puntos de consenso muy importantes. Uno puede hacer propuestas y avanzar, pero llegamos al ámbito político y ahí se viene todo para abajo.
Rojas: «A mí me hubiese gustado que las reformas económicas hubiesen ido mucho más lejos»
—Si se pone por un lado el plan económico del ministro Jorge Quiroz y por el otro lado este decálogo que ustedes elaboraron, ¿cuánto coinciden? ¿El gobierno está bien encaminado para recuperar el crecimiento?
Cheyre: Creo que lo fundamental, y el ministro Quiroz lo ha dicho muchas veces: más allá de las medidas específicas, él habla de una batalla cultural para colocar la libertad de emprendimiento y el que cada persona sea como la arquitecta de su destino futuro. Eso es fundamental y para el ministro Quiroz eso es clave y ese es el elemento central que está en nuestro libro. No es que nos estén copiando y nos estén haciendo caso, sino que están avanzando en la forma como lo hicieron los países que cruzaron el umbral del desarrollo. Que faltan muchas cosas, sí, pero soy optimista de que vamos en el camino correcto.
Rojas: A mí me hubiese gustado que las reformas económicas hubiesen ido mucho más lejos. El impuesto corporativo se baja al 23%, y eso provocó un gran debate. Pero eso está por sobre los niveles de los países nórdicos y bálticos, para no hablar de Irlanda, etcétera. Y Chile tiene que entender que es un pequeño país que está lejos y que debe competir en un mercado de capitales y de atracción de empresas. Eso es lo que nos permitiría atraer empresas importantes, superar el llamado extractivismo. O sea, el estar únicamente dependiente de los recursos naturales, que son muy importantes, lógicamente, pero hay que ir mucho más allá (…). A mí me hubiese gustado que hubiésemos seguido el modelo de Irlanda. El impuesto corporativo en el 12,5% para todas las empresas, excepto las más grandes que tienen, por los acuerdos internacionales, que tributar un 15%. Es un mínimo para un país como Chile, si quisiera realmente atraer grandes flujos de capital, tratando de superar las deficiencias que tiene… Pero en Chile el debate a veces es tan provinciano que parece que viviésemos en otro planeta.
—¿Hacen una buena evaluación del gobierno?
Rojas: Lo que el Presidente ha hecho va en el buen camino, pero hay que ir mucho más lejos en ese camino. Yo entiendo los límites políticos, que políticamente en Chile hoy día no hay condiciones para hacer las profundas reformas que habría que hacer para darle fuerza al país. Eso es lamentable. Pienso que Chile, que es un país muy inquieto, necesita un Presidente tranquilo. Como me parece que es el Presidente Kast. Además, busca bastante una amplitud política, ha sorprendido incluso con su voluntad de incorporar distintos sectores políticos. Eso está muy bien.
—En su tribuna ustedes plantean que Chile podría volver a crecer al 4% anual. Pero el Banco Central proyecta que en 2027 la economía crecería entre 2% y 3%, y Hacienda es más optimista, con una estimación de 3,3%. ¿Cuánto tiempo necesita Chile para llegar a ese 4% y de qué manera?
Rojas: Tenemos que hacer una gran inversión en capital humano, indudablemente. La incorporación a los mercados mundiales tiene que ser mucho más amplia, sobre todo para atraer empresas, empresas que puedan diversificar nuestra economía. El Estado de Derecho, combatir la criminalidad, la inmigración irregular y buscar esos consensos políticos. Ahí está el hueso duro de roer. ¿Cómo se puede lograr un consenso político para dar el salto al desarrollo? Eso es lo que los países que estudiamos en el libro lograron en cierto momento (…). Creo que sería la gran tarea del Presidente Kast lograr las bases de ese consenso que nos permita iniciar un camino sostenido al desarrollo.
Cheyre: Un premio Nobel de Economía, Paul Krugman, decía que en crecimiento económico, la productividad no es todo, pero es casi todo. Y tiene mucha razón en eso, porque detrás de la productividad está flexibilizar los permisos, permitir que los trabajadores puedan migrar de un sector a otro, la educación, desde luego, la capacitación, la recapacitación, el que tenga espacio la destrucción creativa, para que nuevos entrantes puedan desafiar a los incumbentes de los distintos mercados y sacar productos nuevos. Todo eso se puede hacer y todo eso se está haciendo. Ahora, no va a ser inmediato (…). El 4% es la meta hacia la cual tenemos que tender para cruzar el umbral del desarrollo. Pero ahora estamos con los vaivenes de corto plazo. Este año va a ser un año malo, probablemente bastante cercano a cero. El próximo sería 3,3%. Pero creo que podemos irnos estabilizando en torno a 3,3%, 3,5%. Y después, el gran cuello de botella, para el salto final, es el tema capital humano. Pero hay que avanzar en esa línea y hay que generar los consensos y los acuerdos políticos para convencerse de que vamos a ir para allá. Y esto de la destrucción creativa genera muchos ganadores, pero también genera grupos que pierden. Los que sean desempleados, los que han estado en sectores cuyas tecnologías pasan a ser obsoletas. Y es clave tener un apoyo hacia esos grupos. Que exista un consenso político y social para ir en apoyo de esos grupos, porque eso es lo que valida y legitima el modelo que estamos siguiendo. Y creo que en esa parte todavía estamos también al debe.
Rojas: «El no tener una aprobación ciudadana lastra una gestión y puede incentivar a los partidos más extremos que están esperando la oportunidad para lanzarse a la calle y crear una situación violenta«
—Hay otro elemento que complejiza este escenario. Las últimas encuestas muestran una caída importante en el apoyo al Presidente. ¿Qué efectos políticos puede tener esta pérdida de apoyo para un gobierno que necesita impulsar reformas profundas?
Rojas: Es muy difícil cuando hay un malestar, un país descontento, y Chile es un país que tiende al descontento muy rápidamente, quizás porque el desarrollo rápido de los 30 años generó expectativas que son muy difíciles de cumplir. Es una cosa que yo llamo el malestar del éxito, algo que ha estado penando en Chile mucho tiempo, por lo tanto, cuando está latente ese malestar, el no tener una aprobación ciudadana es un hecho que lastra una gestión y que puede incentivar a los partidos más extremos que están esperando la oportunidad para lanzarse a la calle y tratar de crear una situación violenta.
—¿Y qué habría que hacer?
Rojas: Creo que hay que hacer algunas cosas populares. Por ejemplo, movilizar inversión pública en este momento, especialmente en infraestructura. No en dar ayudas que se consumen hoy día y no sirven para mucho, sino que realizar inversiones fundamentales, especialmente pienso en el sur de Chile, donde hay muchísimo que hacer para fortalecer incluso la presencia, la soberanía chilena. Hay que mitigar impactos como el impacto del alza de los precios de los combustibles, etcétera. ¿Por qué? Porque si no se toman esas medidas, si no se reduce a través de medidas como el desempleo, por ejemplo, el país está muy expuesto, muy vulnerable a los extremismos. Y como dije, un país muy inquieto fácilmente puede derivar en hechos de violencia. Y creo que la capacidad del Presidente para llevar adelante los cambios de largo plazo que está encaminando va a tener mucho que ver con esta capacidad de lograr una quietud, un apoyo social. Eso se logra con medidas a veces de corto plazo, que incluso pueden ser populares en el sentido de que van más allá de una cierta ortodoxia de no gastar más, porque es muy importante conseguir una base, un respiro para llevar adelante las medidas de largo plazo de las cuales Hernán ha hablado y que estamos todos fundamentalmente de acuerdo.
Cheyre: Entiendo la lógica de lo que señala Mauricio. Yo soy un poco más ortodoxo en eso en cuanto a la importancia de mantener los equilibrios fiscales y la credibilidad en la política fiscal, porque si el tema fiscal se nos desbarranca, arriesgamos a perder la clasificación de riesgo muy buena que tiene Chile, que le permite al Estado y a las empresas privadas poder acceder a crédito, a endeudamiento, en condiciones que son mucho más favorables que los otros países. Esa es una ventaja competitiva que hemos construido a través de los años y que no podemos perder. Pero habiendo dicho eso, yo creo que ya el presupuesto contempla mayor inversión pública, mayor gasto en concesiones, incluso en el programa que se anunció, hay obras públicas, por así decir, de fácil ejecución, digamos, que puedan ser también intermediadas por las municipalidades. Hay plena conciencia de eso. La pregunta es cómo uno lo va calibrando.
