El ex ministro de Salud del Reino Unido, Alan Milburn, director del plan de reforma a 10 años del NHS, expuso en el Forbes Healthcare Summit de abril en Madrid —instancia a la que fui invitado— que se requieren nuevas herramientas para enfrentar un gasto sanitario creciente, donde cerca del 70% del presupuesto se destina a enfermedades crónicas no transmisibles y prevenibles. El NHS, con 80 años de antigüedad, enfrenta hoy una demanda inédita derivada del aumento de obesidad, diabetes y patologías crónicas. Milburn sostuvo que el análisis de datos, la IA y la genómica deben permitir que los sistemas sanitarios migren desde el diagnóstico y tratamiento hacia la predicción y prevención, señalando incluso que uno de cada cuatro pacientes hospitalizados podría estar en su domicilio. Añadió, además, que “el paciente debe elegir su sanidad; no la que digan el Estado o su médico” y que el debate “no es público versus privado, sino efectividad y valor”.
En Chile, la situación es similar: listas de espera crecientes, alza de enfermedades crónicas, uso indebido de licencias, ausentismo y fallas de gestión en establecimientos públicos. Estos problemas responden a un sistema estatal de los años 50 que no ha tenido reformas estructurales importantes, y a una estrategia que, desde la década de los 90 expandió considerablemente el gasto curativo sin exigir resultados, desatendió la atención primaria y la prevención y debilitó la colaboración público-privada. El error de diagnóstico fue atribuir la precariedad del sector público a la falta de recursos, y no a las evidentes fallas de gestión, mientras se culpaba a la dualidad Fonasa/Isapres como el chivo expiatorio de los problemas del sistema.
La paradoja del gasto: más presupuesto, menos resultados
La evidencia empírica contradice la tesis del déficit de financiamiento. En dos décadas, el presupuesto estatal ha crecido más de 420% en términos reales, alcanzando una paridad en el gasto per cápita entre ambos subsistemas. Sin embargo, esta expansión —sumada a la incorporación de casi 100.000 nuevos funcionarios— no se ha traducido en mejoras sustantivas. La persistencia de un modelo centralizado, burocrático, rígido, centrado en lo curativo y condicionado por intereses gremiales politizados ha generado una caída de la productividad y una gestión inadecuada de inversiones en infraestructura. Además, un sistema privado entrampado en malas regulaciones, forzado a priorizar lo curativo por sobre lo preventivo, bajo una inestabilidad regulatoria que le impide proyectarse a largo plazo.
Este escenario evidencia que las políticas impulsadas por quienes han dirigido el sector salud para adaptarlo al desarrollo de la medicina moderna han fracasado de manera sistemática en este siglo.
Hacia un modelo sanitario moderno
Sin descuidar las necesidades de la crisis actual, superar este ciclo requiere un liderazgo fuerte capaz de diseñar el plan de una reforma en etapas para implementarse en una década, que capitalice lo logrado y se prepare para atender las necesidades futuras. El Estado deberá ejercer un rol rector y articular (no gestionar) una red mixta, innovadora y diversa. En provisión y seguros, el desarrollo debe darse en un entorno competitivo y flexible, orientado a resultados sanitarios y comprometido con equidad, justicia y libertad de elección. En mi opinión, sus pilares deberían desarrollarse en torno a:
1) Predicción y prevención moderna:
Avanzar hacia un sistema orientado a la anticipación y detección temprana de enfermedades crónicas mediante IA, telemedicina, análisis de datos y genómica. Se deberá avanzar en la digitalización de los procesos y la interoperabilidad de la historia clínica.
2) Mayor participación ciudadana:
Ampliar las posibilidades de participación ciudadana mediante sistemas centrados en las personas implica no solo mejores servicios, sino mayor adherencia terapéutica y mejores resultados clínicos:
* Transformar la red estatal en entidades autónomas con estándares de eficiencia, y acceso digital que acerque el consultorio y el hospital al paciente. ¡La consulta del médico y enfermera en el celular!
* Financiamiento y subsidios ajustados por riesgo e ingresos que sigan al paciente, eliminando monopolios y la captura de beneficiarios en sistemas paternalistas. La mutualización del riesgo permitirá a las personas elegir el sistema sanitario, independientemente de sus ingresos.
3) Integración público-privada:
Impulsar concesiones sanitarias integrales y de Atención Primaria, junto con convenios basados en resultados que optimicen la capacidad instalada. Los resultados clínicos de los proveedores de servicios sanitarios deben ser conocidos y públicos.
4) Reforma de gobernanza:
Despolitizar la administración sanitaria, otorgarle autonomía, establecer objetivos mensurables y asegurar rendición de cuentas.
El plan del gobierno británico reseñado por Milburn, nos muestra un camino que debemos observar. Se estima que en Chile en el año 2070 más del 50% tendrá más de 65 años. El crecimiento del gasto y el cambio epidemiológico que implica tal tendencia, así como la creciente complejidad de la medicina, son un imperativo para iniciar una reforma y no repetir los mismos errores.
La salida exige un sistema que permita una mayor participación ciudadana. Mantener el statu quo ya no es una alternativa.
