En la alta dirección de las empresas chilenas se está repitiendo un patrón. Se presenta un piloto de inteligencia artificial con métricas prometedoras. El directorio aprueba el presupuesto, pero al cabo de un tiempo, el proyecto se desinfla. No avanza y termina congelándose.

El último informe sobre Inteligencia Artificial Responsable, elaborado por el ESE Business School junto a PwC Chile en el que se entrevistaron a más de 600 altos directivos, entrega un retrato que debería incomodarnos: el 73% de las empresas chilenas declara haber «adoptado» la IA en alguna medida. Pero solo el 5% lo ha hecho de manera integral y un 68%, que celebra su modernidad tecnológica, está en etapa de exploración o experimento. En otras palabras: en el piloto.

La evidencia global no es más alentadora. Según un estudio de IDC, el 88% de los proyectos piloto de IA nunca llegan a producción real y el MIT agrega que de los que sí llegan, el 95% no genera impacto financiero medible. No son cifras de mercados inmaduros: son el resultado de estudiar miles de organizaciones en industrias líderes.

¿Por qué fracasan los pilotos de IA? No es por razones técnicas. Los modelos LLM funcionan y mejoran día a día (literalmente). El problema radica en la organización: nadie rediseñó los procesos, nadie definió quién toma decisiones con los resultados, nadie resolvió qué pasa cuando el algoritmo se equivoca. Se injerta tecnología nueva en estructuras viejas y después se culpa a la tecnología.

El directorio que evalúa la IA como una licencia de software, como un gasto TI que se amortiza y se olvida, se está haciendo la pregunta equivocada. La pregunta no es qué hace esta herramienta, sino qué aprende de su negocio y a quién le pertenece ese aprendizaje. La IA acumula conocimiento con cada proceso que toca. Si ese conocimiento lo está construyendo un proveedor externo con sus datos, usted no está adoptando tecnología: le está regalando su ventaja competitiva a un tercero.

El mismo estudio de PwC agrega un dato que pocos mencionan: el 67% de las empresas chilenas no tiene ningún enfoque formal para identificar los riesgos del uso de la IA. Ninguno. Lo que significa que la mayoría de los directorios del país está invirtiendo en algo que no sabe cómo medir, con una tecnología que no sabe cómo controlar, sin un marco que les diga si están avanzando o retrocediendo.

La pregunta que todo director debería hacerse hoy no es si la IA funciona. Eso ya está probado. La pregunta es si su organización está acumulando inteligencia propia con ella, o si está pagando para que otro lo haga.

Su empresa tiene un piloto de IA. Bien. Ahora decida qué va a hacer con él.

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