La última encuesta del CEP dio cuenta que el 53% de los votantes aun no ha decidido si vota a favor o en contra de la propuesta de texto constitucional el próximo 17 de diciembre. Un resultado sorprendente que llevó incluso a algunos a dudar de la validez metodológica de la encuesta. Sin embargo, y más allá de los cuestionamientos, lo que nadie duda es que el resultado es aún incierto, y que serán precisamente los indecisos quienes inclinarán la balanza a favor de una u otra opción.
Es en este escenario donde el ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle anunció su voto A favor de la propuesta constitucional, a pesar de la posición de su partido y de las públicas presiones del oficialismo para que, al menos, silenciara su posición.
Automáticamente, los unos salieron a celebrar al “estadista”, mientras, los otros, salieron a criticar y condenar al “empresario”.
Restando menos de tres semanas para los comicios, surge la interrogante de si esta declaración del ingeniero de 81 años tendrá el mérito de inclinar la balanza en favor de la opción que públicamente salió a respaldar. Y todo parece indicar que sí lo hará. Veamos por qué.
La elección del 4 de septiembre tuvo el mérito de ser la primera de la historia reciente que ha sido capaz de aunar en una misma causa a votantes del Sí y el No. O si se quiere, a los de la ex Concertación junto a quienes fueron su oposición en la década de oro del nuevo Chile (los 90). Sin embargo, muchos de los que cruzaron ese puente están con legítimas dudas de volver a hacerlo.
Eduardo Frei Ruiz-Tagle encarna, en el inconsciente colectivo, como ningún otro, la mezcla perfecta entre la ética de haber sido opositor al régimen militar y el coraje de haber dado un decidido impulso a las políticas económicas que se fundaron en los años de la dictadura.
El ex Presidente no genera pasiones, tal como el proceso constitucional. Y por lo mismo, encarna a los muchos que no saben, porque realmente ya no les interesa, por qué opción votar.
Inicialmente, la principal crítica que se hizo al texto era ser servil a los intereses de la extrema derecha. Y ahí los Rojo Edwards y los Johannes Kaiser y compañía se encargaron de desmentirlo. Luego, la crítica necesariamente se diluyó y quedó en que se trataba de la Constitución de la derecha y que votando en contra igual se cerraba el proceso. Y esto, Frei Ruiz-Tagle se encargó de demolerlo.
El ex Presidente -cuyos principales atributos son su elocuente fomedad y su característica nariz- es referente obligado no sólo de destacados líderes de opinión de centro y centro izquierda que aún no se han pronunciado, sino que también lo es de muchos “microlíderes” invisibles que ejercen decisiva influencia en las mesas de día domingo de nuestra orgullosa clase media.
“Votaré a favor y que se entienda bien, este no es un voto por la extrema derecha ni por sus ideas. Es un voto que se funda en mi convencimiento de que debemos cerrar esta etapa, y recuperar la estabilidad perdida. No podemos darnos el lujo de volver a cometer los mismos errores por tercera vez”.
Listo. Votar a favor ya no es pecado y es lo que el pragmático ciudadano de a pie debe hacer.
Y esa opción, que en jerga hípica se ve que viene por los palos, muy probablemente, terminará ganando por nariz.

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