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El miércoles pasado fui invitada a la celebración de navidad que hace la fundación Chile Unido a madres que optaron por tener a sus niños, cuando inicialmente querían abortarlos. Como ginecóloga, junto a otros médicos ayudamos en este proceso. Del 100% de mujeres que se acercan a Chile Unido queriendo abortar, el 80% de ellas decide finamente no hacerlo, al encontrarse con el acompañamiento y acogida de sus miedos, junto a la resolución concreta de sus problemas. Uno de ellos, la atención adecuada y con tiempo de calidad del médico a quien cursa un embarazo vulnerable. No importa cuál sea la vulnerabilidad de la mujer ni la razón por la cual no quiere el embarazo, la seguridad de escuchar que tendrá a quien acudir libera a esa mujer de su miedo más profundo de soledad frente a un embarazo inesperado, muchas veces sin pareja, o sin los medios económicos básicos. Defender la dignidad y el derecho que tiene todo ser humano de venir a este mundo implica defender a la mujer que lo gesta, tratándola con la dignidad que merece.

Debemos trabajar y defender con más fuerza la dignidad de esa mujer que termina siendo víctima del aborto provocado, con todas las secuelas que éste conlleva; las que se desconocen o se niegan abiertamente. Poco se habla de las consecuencias que tendrá esa mujer posterior al aborto provocado.

El estudio publicado el 2004 en la American Journal of Obstetrics & Gynecology (2004;190:422–427) realizado en Finlandia, analizó la mortalidad de mujeres al año posterior al embarazo cursado, incluyendo a las que habían terminado en un parto, un aborto espontáneo y un aborto inducido. Se examinaron 15 años de registros de ese país. Este estudio concluyó que el aborto inducido tenía un riesgo total de muerte de 2.9 veces mayor tras abortar, en el año posterior al embarazo (Tasa mortalidad 28.2/100.000 embarazos posterior a un parto, 51.9/100.000 posterior a abortos espontáneos, y 83.1/100.000 posterior a abortos inducidos).

Entre las causas de muerte posterior a un parto predominan las causas llamadas naturales (hemorragia, infección, tromboembolismo). Mientras que tras el aborto espontáneo predominaban causas de muerte naturales y externas, entre las causas de muerte posteriores a un aborto inducido, predominaban las no naturales, como suicidios y accidentes.

Además de concluir que el aborto inducido se asocia a mayor mortalidad materna global que el parto, al año posterior del embarazo, se evidencia la gran vulnerabilidad psicológico y social de la mujer en el periodo del postaborto inducido. Los autores de este trabajo recomiendan el seguimiento médico, apoyo psicológico especializado e invitan a reforzar estrategias de prevención y salud mental en mujeres vulnerables. Conociendo estos datos, cabe preguntarse por qué un gobierno, más allá del análisis de la dignidad del ser humano, querría como política de salud implementar una prestación de la cual sabe y conoce sus riesgos en términos de mortalidad materna.

Necesitamos crear conciencia y educar no solo en la importancia que tiene todo ser humano de ser respetado para venir a este mundo, sino también en los daños que la madre tendrá al optar por el aborto. Ella puede convertirse en víctima de falta de políticas públicas adecuadas, incapaces de hacerse cargo en forma real y concreta de la situación. Es necesario darle las medidas básicas para poder gestar y traer al mundo a su niño en las mejores condiciones posibles.

Lo que hace Chile Unido es un ejemplo de cómo la gran mayoría de las mujeres que piensan en abortar en sus primeros momentos, luego se retractan. Porque, en el fondo, lo que ellas necesitan es apoyo. No quieren abortar, no rechazan la maternidad por sí misma, sino que tienen miedo y están solas. La gran mayoría de las mujeres que se acercan a pedir ayuda no quiere una ley de aborto libre que les permita terminar con su embarazo. Ellas quieren poder ser madres con la dignidad que toda mujer sueña, quieren soluciones dignas. No hay nada más indigno que ofrecerles terminar con su embarazo porque es lo más fácil, rápido y barato.

Las mujeres que celebraban junto a sus niños nacidos en esta fiesta de navidad no solo sonreían porque estaban junto a sus hijos, lo hacían porque estaban vivas, esperanzadas de un futuro mejor, con un propósito que cumplir hacia delante. Chile Unido no solo logró que eso niños nacieran, también renacieron esas mujeres. Esperemos que el gobierno que viene sea capaz de lograr resultados de este tipo, sin depender de la buena voluntad de quienes donan y trabajan gratuitamente en fundaciones de este tipo. Que la maternidad digna sea un derecho de toda mujer chilena.

Vocera de Voces Católicas, Médica Ginecóloga

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