Hace algunos días, en nuestro Seminario Anual de USEC, nos reunimos bajo una pregunta: ¿Cómo pasamos del desencanto al optimismo y volvemos a creer en Chile?
Puede parecer difícil hablar de optimismo cuando enfrentamos incertidumbre, cansancio y una cierta pérdida de confianza. Chile tiene desafíos importantes por delante y no podemos desconocer esa realidad. Pero tampoco podemos permitir que la dificultad de estos tiempos termine paralizándonos.
Para USEC, optimismo y esperanza van de la mano. El optimismo depende muchas veces de cómo vienen las cosas, pero la esperanza nace de algo más profundo que es nuestra fe en Dios.
Uno de nuestros principales desafíos como país es no confundir realismo con pesimismo y reconocer nuestras dificultades sin dejar de mirar nuestras posibilidades.
Chile tiene personas talentosas, emprendedores que innovan, empresas que crean valor, universidades que generan conocimiento y organizaciones comprometidas con el bien común. Tenemos capacidades, experiencia y creatividad. Lo que necesitamos es recuperar la confianza para poner todo ese potencial nuevamente en movimiento.
Durante el seminario, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, hizo un llamado a los empresarios a identificar las trabas que dificultan la inversión y a trabajar conjuntamente para removerlas. Pero hubo una frase suya que, personalmente, me quedó resonando: “Recuperar el crecimiento requiere de un cambio cultural que permita volver a valorar la actividad empresarial, partiendo por respetarnos con un buen uso del lenguaje”.
Esa afirmación va mucho más allá de la economía. Recuperar Chile también significa reconstruir confianzas, volver a escucharnos y entender que ningún sector tiene por sí solo todas las respuestas.
Desde USEC creemos profundamente en la colaboración y de que todos compartimos un desafío común: contribuir a construir un país donde las personas puedan desarrollar sus proyectos de vida con dignidad y esperanza.
Y aquí el sector privado tiene mucho por hacer. Especialmente si entendemos que las empresas son, ante todo, una comunidad de personas. Cada decisión empresarial tiene un impacto: invertir, contratar, formar, escuchar, innovar, abrir oportunidades y cumplir la palabra.
La confianza no llega sola, se construye. En las grandes decisiones, pero también en las pequeñas acciones de cada día. Y la esperanza tampoco es pasiva. Quien espera, trabaja. Quien confía, se compromete. Quien cree que el futuro puede ser mejor, comienza a construirlo desde hoy.
Por eso, más que preguntarnos solamente “¿Qué le está pasando a Chile?”, quisiera que nos hagamos una pregunta mucho más personal y exigente: ¿Q
ué puedo hacer yo por Chile?
Esa es la convicción con la que desde USEC queremos seguir trabajando: que el mundo empresarial no está llamado simplemente a adaptarse a los cambios, sino a ser protagonista de ellos, poniendo siempre a la persona en el centro.
El desafío es grande: pasar del desencanto a la esperanza, y de la esperanza a la acción. Ese es, quizás, uno de los caminos que hoy Chile necesita recorrer.
Volver a creer también depende de nosotros.

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