Cuando en septiembre el Presidente José Antonio Kast se reunió en Cerro Castillo con el Partido Republicano -en medio de las críticas a la reforma de Seguridad-, el Mandatario pasó un mensaje que llamó la atención en algunos parlamentarios. Desde la cabecera de la mesa les pidió no caer en el juego de los intelectuales y líderes de opinión que buscaban reducir la agenda de Seguridad del gobierno a la cuestionada reforma constitucional, obviando las otras propuestas, la gestión, el trabajo en terreno y los resultados que ha habido.
El reclamo del Mandatario revelaba un análisis que se ha instalado en el corazón de La Moneda a siete meses de iniciado el gobierno: la resistencia que han encontrado en algunos sectores de la elite política, económica e intelectual del país, incluso del propio oficialismo más ligado a Chile Vamos.
El plan del gobierno para cambiar el ánimo de la elite y el rol clave de Quiroz
El Mandatario y su entorno creen que hay una resistencia en este sector a conceder éxitos al gobierno. Un ánimo que se ha mantenido, dicen, pese a logros como la reforma de Reconstrucción, la mejora en las cifras de seguridad o la inclusión de Chile Vamos al diseño del gabinete y los equipos de primera línea.
El problema, advierten, radica en que ese discurso crítico ha sido clave en transmitir pesimismo a la ciudadanía y abrirle una puerta a la izquierda. La última encuesta Cadem dada a conocer esta semana arrojó que la desaprobación del Presidente alcanzó un nuevo máximo de 65%.
A pocas semanas de que se realice un nuevo encuentro empresarial de Enade, donde el Presidente hablará frente a parte de esta elite, en La Moneda creen que si bien estas instancias son importantes para motivar y convencer, no son suficientes. Por eso ya se está trabajando en intensificar el diálogo uno a uno o en grupos de manera más reservada.
El Ejecutivo ha puesto en marcha en las últimas semanas un plan para reunirse, explicar y defender el plan del gobierno con analistas e intelectuales. Parte importante de este despliegue se le ha encargado a los propios ministros.
En los últimos días, ya han participado de estas reuniones con líderes de opinión el ministro de Seguridad, Martín Arrau; del Trabajo, Tomás Rau; de Desarrollo Social, María Jesús Wulf; de la Segpres, José García Ruminot; y de Medio Ambiente, Francisca Toledo.
Una pieza fundamental de este despliegue, sin embargo, sería el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. En La Moneda hay una evaluación positiva del efecto que genera Quiroz en el mundo empresarial, económico e intelectual, especialmente en el diálogo uno a uno.
La figura de Quiroz, además, ayuda aplacar las dudas que existe en el mundo más experto respecto a los rostros nuevos que tiene el gobierno. En La Moneda aseguran que se está trabajando para intensificar la presencia y diálogo del ministro con estos sectores, pero también con panelistas y líderes de opinión de la centro derecha, con el objetivo de neutralizar los cuestionamientos.
Las conversaciones con los centros de estudio
Asimismo, en el gobierno están intensificando las conversaciones con los centros de estudio del sector, lo que creen es un punto central para sellar un verdadero respaldo de la centro derecha al gobierno.
Si bien en el Ejecutivo no sorprende la línea crítica de columnistas como Carlos Peña, cuya postura analítica y severa hacia la actual administración ha sido una constante en el debate público, sí ha llamado profundamente la atención cómo a esos cuestionamientos se han sumado activamente pensadores y figuras de la propia centroderecha.
De hecho, resienten que destacados pensadores del sector estén abriendo flancos de manera permanente a las medidas y políticas gubernamentales. En las huestes oficialistas aseguran que este fenómeno se hace evidente en materia económica, donde figuras como el exministro Ignacio Briones han mantenido un cuestionamiento constante a la gestión financiera. De la misma manera, en el plano de la seguridad pública, admiten que fue un impacto importante que el exministro Gonzalo Blumel, junto a investigadores de los principales centros de pensamiento de la centroderecha, salieran a poner un énfasis tan marcado en las falencias y debilidades de las reformas planteadas por La Moneda.
Estas opiniones, dicen, ayudan a desordenar el plano y le dan sustento a los cuestionamientos políticos que hace, por ejemplo, la exalcaldesa Evelyn Matthei. Pero el verdadero problema, sostienen, radica en que se le ha terminado dando un relato a la izquierda.
Mirada «frívola»
Aunque en el entorno del Presidente no creen que haya una suerte de «boicot» por parte de la elite de centro derecha, sí preocupa que habría una supuesta mirada «frívola» respecto a donde podría llevar esto.
En el Ejecutivo y en el entorno del Partido Republicano sostienen que en la centro derecha tradicional no están leyendo que un eventual fracaso del gobierno terminará no en una vuelta de ellos ni de la social democracia a La Moneda, sino probablemente de un líder populista o de la izquierda radical.
El retorno de la ex Presidente Michelle Bachelet a la arena política local, dicen, es una muestra de que la izquierda no está dispuesta a dar espacios. De hecho, desde La Moneda leen que la exmandataria viene a asegurar que no se produzca un quiebre entre el socialismo democrático y la izquierda más extrema.
