fiscal

Luego de ocho meses de discusión, la Cámara de Diputados rechazó la idea de legislar el proyecto de reforma tributaria. Con este resultado que, paradójicamente, fue lo mejor que pudo ocurrirle al Gobierno, cuestión que ratificó por lo demás, el propio ministro Marcel, al declarar que en el exterior ahora lo felicitaban porque Chile estaba de nuevo devuelta, se iniciaron los denominados diálogos ciudadanos. 

Si bien la idea de los mismos es buena, porque busca que el proyecto tributario que se elabore sea consensuado por el mayor espectro social posible, observamos que estos se basaron en información parcial. 

Lo decimos porque sólo tras insistirle varias veces que compararan la brecha tributaria de Chile con los países OCDE cuando tenían el mismo ingreso per cápita, sólo el último día hicieron ese ajuste, pero parcialmente, porque no incluyeron el efecto de seguridad social, que según declaró la misma OCDE representa varios puntos del PIB. De hecho, si el cuadro comparativo hubiese incluido ese ajuste, Hacienda habría concordado con lo señalado por el anterior ministro, don Alberto Arenas que con el ajuste por seguridad declaró que la brecha con la OCDE se reducía en el mismo porcentaje que la recaudación subiría con la reforma tributaria que él promovió, y que recaudaría 3,5% del PIB.

Cabe subrayar que esta brecha, que ajustada en los términos correctos demuestra que Chile está en el promedio OCDE, se reduce aún más si consideramos el proyecto de Reforma Previsional (1,8% del PIB), y sumamos lo que los privados se ven obligados a gastar por seguridad, atendida la ineficacia del Gobierno que administra el Estado (3% del PIB) y lo que representa la informalidad y la evasión. Si a eso le sumamos el efecto que tiene el hecho que el país haya dejado de crecer, nos encontramos frente a un escenario francamente desafiante.

Todo lo anterior, sin considerar el efecto que tiene el mal uso de los recursos públicos, y lo mal que lo hace el país para reducir el GINI. No hay transferencias directas. Sólo gasto, muchas veces realizado por medio de proyectos que están mal evaluados. Para qué decir el aumento exponencial de funcionarios públicos. Parece que algunos olvidan que el Estado no produce, y que cuando lo hace, generalmente pierde plata, porque no preocupan los costos ni los gastos, para algunos las  ineficiencias se pueden pagar con más y más impuestos.

Reconocemos que un sistema tributario progresivo es más justo, pero declaramos que dicho sistema debe ser competitivo, y apuntar a la simplicidad, garantizar certeza jurídica, promover el ahorro, la inversión, y combatir la informalidad. Premiar y no ahuyentar a quienes deciden emprender. Tener presente que la recaudación tributaria no solo depende de las tasas. También de la conformación de las bases y los instrumentos que terminan gravándose. Las exenciones tributarias, no son un gasto prescindible . Son y pueden ser la forma que se revierte lo regresivo de un sistema. Para qué decir el crecimiento económico, que explica el 90% de la capacidad que tuvo el país para reducir la pobreza. Nos erigimos en un ejemplo. Lástima que mucha gente que ejerce en política no se ha dado el tiempo de repasar la exitosa historia económica de nuestro país, que se debilitó a partir del año 2014.

El año 2012, en el libro «Equidad con crecimiento sostenible», de Cieplan, se precisaba que si bien entre los años 1990 y 2010, el aumento en las tasas impositivas ayudó para financiar los mayores gastos sociales, la fuente principal fue el crecimiento económico sostenido. Señala y con datos objetivos que el 81% de la mayor recaudación de impuestos en ese periodo se explica precisamente con el crecimiento. Solo el 19% restante con los cambios en la legislación tributaria y la mejor administración con la consiguiente reducción de la evasión. 

Optar por recaudación con crecimiento económico, nos invita también a mirar el fin con que se recauda. Una recaudación eficiente implica corresponsabilidad y una adecuada gestión de los recursos públicos. Los países que han avanzado decididamente hacia el desarrollo, si bien han aumentado considerablemente su carga fiscal, también han mejorado en la misma medida la calidad de sus políticas públicas -a mayor calidad de las políticas públicas mayor efecto positivo en el crecimiento económico. Chile tiene déficits importantes en la calidad de sus políticas públicas y grandes desafíos en mejorar la calidad de su educación, salud, seguridad pública. 

Sin embargo, no basta con que crezcamos si no hay una mejora en la calidad de los servicios públicos. Subrayamos que no se trata solo de mayores recursos, sino que principalmente de una mejor gestión e innovación en los procesos. Así queda de manifiesto con la reforma tributaria del año 2014 que pese a que aumentó la recaudación y autorizó un mayor gasto en educación, no fue seguida de una mejor calidad. Es más, después de 8 años estamos entre los países con peor educación de la OCDE según el ranking PISA.

Nos dicen que no miremos a Estonia, porque es un país cuya población es muy reducida. Tampoco a Irlanda porque no es bien visto en Europa. Pero nos comparan con países OCDE cuya población y PIB es varias veces el de Chile (Alemania, Australia, Canadá, Reino Unido) o con países que están endeudados por sobre su PIB (Italia, Portugal, Francia, España, Grecia) y por lo tanto, virtualmente quebrados.

Insistimos en que miremos a Estonia, porque por nueve años consecutivos es el país más competitivo del mundo en materia fiscal, también recauda en niveles promedio de la OCDE, un fin que Chile anhela lograr en la medida que avanza hacia el desarrollo. Estonia ha ocupado el primer lugar en el ranking del Índice de Competitividad Fiscal todos los años desde que se ha publicado, Chile ocupa el puesto 27 de 33 países en el año 2021, por otra parte, Estonia recaudó el 34,5% del PIB en ingresos fiscales en 2021. Esto es mucho más que el 27% del PIB en términos equivalentes recaudado por Chile en ese mismo año, lo que muestra que competitividad fiscal y recaudación tributaria no son incompatibles.

Debemos consignar que estos datos que, demuestran que resulta factible conjugar la competitividad fiscal con la recaudación, no sólo nos entusiasma a nosotros, sino que también a otras organizaciones reconocidas mundialmente, como Tax Foundation, que modelaron incluso cómo sería la recaudación en la economía más importante del mundo (EE.UU.) si aplicaran el modelo tributario estonio. La conclusión de ellos, fue que la inversión, la capacidad de crecer  y generar empleos aumentarían en varios puntos, y que la recaudación que en principio no cambiaría, podría verse impactada favorablemente si las multinacionales, como consecuencia de estos cambios, decidieran volver a radicar su matriz en el país del norte.

Ahora que le corresponde especialmente al Senado de nuestra República buscar los acuerdos para lograr un verdadero pacto fiscal, esperemos lo haga replicando los modelos que funcionan y escuchando a quienes emprenden y dan trabajo. No hay que darle la espalda a la competitividad fiscal ni restarle valor al crecimiento económico, que aunque a algunos les moleste, es la base de la recaudación eficiente y sostenible para alcanzar el desarrollo.

*Christian Aste, presidente comisión tributaria CNC y Juan Alberto Pizarro, presidente Comisión Tributaria Colegio de Contadores de Chile

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