Quienes tenemos 65 años y más, vivimos cosas muy distintas a las de los jóvenes de hoy. Una breve descripción de lo que fue nuestra juventud, podrá hacer reflexionar a quienes les corresponde tomar el testimonio -el palo de la posta.
Nosotros vivimos la cruel e injusta reforma agraria, vivimos el desabastecimiento y el caos de la UP, anduvimos siempre en micro o en trolley, cuidábamos la ropa y teníamos poca plata en los bolsillos, éramos austeros, invitábamos a amigas a salir y les pagábamos la entrada en la discoteca. No salíamos en la noche de lunes a jueves y el domingo nos acostábamos temprano.
Adorábamos a nuestros padres y los respetábamos mucho. La gran mayoría íbamos a misa todos los domingos y almorzábamos en familia con larga sobremesa, sin celulares. Los perros no entraban a la casa, y sólo unos pocos amigos tenían piscina. El deporte fue clave en nuestra juventud. Nos sabíamos de memoria los teléfonos de los compañeros de curso, las amistades eran estables y no cambiábamos de amigos a cada rato.
Entrar a la universidad era difícil y una vez adentro había que estudiar mucho. Al recibirnos nos poníamos a trabajar inmediatamente, en muchos casos había que aportar a la casa. Los abuelos eran verdaderos dioses y los respetábamos y los queríamos.
Tomábamos alcohol de manera moderada y sólo a algunos se les pasaba la mano. En el verano nos íbamos al sur, alojando en carpa, viajando a dedo y con poca plata. Los hermanos mayores eran ídolos y la mayoría aspiraba a casarse y tener hijos. El egoísmo no era bien visto y las lealtades en general funcionaban. Chile era importante para nosotros y el himno patrio y la bandera, motivos de respeto. La música era variada y mucho más sentimental que hoy. Cuando salíamos a comer, éramos respetuosos del valor de las cosas. Sabíamos que a nuestros padres les costaba mucho ganar su salario.
Nos enfermábamos menos y los doctores eran grandes profesionales de buen diagnóstico. Leíamos el diario físico y escuchábamos radio. No nos tatuábamos ni nos poníamos alambres en las narices o las orejas. Había buenos colegios públicos, como el Instituto Nacional, con cuyos egresados nos hacíamos amigos en la Universidad. Íbamos al fútbol y no había disturbios y los jugadores eran menos malos que ahora. Santiago y las demás ciudades eran seguras. Viña del Mar era preciosa. Viajábamos en tren. El tren japonés a Linares volaba. Viajar a Puerto Montt en tren era maravilloso. Chile tenía muy buenos trenes. Cruzábamos el Panguipulli en el Enco, un vapor de sueños. Pucón era top, sin los tacos de hoy. Reñaca atraía a la juventud.
Los profesores eran respetados y queridos, por la mayoría de los alumnos. Viajar a Mendoza era un sueño y a Buenos Aires para qué decir. Comprar un gamulán era un logro.
Han pasado 50 años y Chile ha progresado, pero el alma de los jóvenes está desorientada. Falta más amor a la Patria de todos, falta repotenciar la fe católica, faltan más jóvenes que quieran ser papás y mamás y que se sacrifiquen como lo hicieron nuestros padres. Las bajas tasas de natalidad dan cuenta de una enfermedad social, que se resigna a reconocer que procrear y hacer familia es un deber ético y patriótico. A trabajar más, a estudiar más y a reclamar menos, esos deberían ser los objetivos. El Estado en su limitado lugar y la responsabilidad individual es la que permite llegar lejos. Jóvenes: de ustedes depende su futuro y el de Chile. Recuerden a esos jóvenes chilenos que abrazaron la causa de nuestra soberanía y se enrolaron voluntariamente en la Guerra del Pacífico. Ellos dejaron de disfrutar, dando la vida para que nosotros y quienes nos antecedieron y quienes nos sucederán, disfrutaran de las riquezas del norte y del sur. Como dijo León XIV, “alzad la mirada”. El futuro es vuestro.

Que buena y linda columna , querido Andrés !!!👏👏👏👏
Me reconocí en todas ls descripciones que hiciste !
Que simple que éramos y para tener un buen jeans íbamos en Cocha a Mendoza a comprarlo, si es que podíamos
..
Tb íbamos mucho al zapatero !
Y a comprar a la esquina …
Y cada prenda de ropa nueva , si
la
Lográbamos , era un lujo !!
Una vida muy muy diferente !!!
Como exinstitutano de mediados de la década de los 50 del siglo pasado, me siento plenamente identificado con la semblanza de esa época tan bien descrita por el columnista y por la fotografía que se acompaña.
Adolfo Paúl Latorre
También bailábamos música normal, y lentos. Y pololeábamos.
👏👏👏👏