tributaria Marcel
Ministro de Hacienda, Mario Marcel

Con la colaboración activa de un grupo destacados de autores, la CNC el 28 de abril pasado, dio a conocer un libro que revindica la importancia que tiene o debe tener en un sistema tributario la confianza, el crecimiento y la competitividad.

Del mismo modo que las personas negocian con otros sólo cuando hay confianza, como decía Zig Zagler, los inversionistas radican sus capitales en los países cuando confían en sus instituciones y en las autoridades políticas (Ejecutivo y Legislativo) y el poder que resuelve las controversias (Judicial). Si lo más básico que es hacer cumplir la ley, no se cumple, nadie invertirá. Eso que es y parece tan de Perogrullo es la base de cualquier sistema. Lo grave de mentir, no es mentir, sino que impedir que exista confianza. Friedrich Nietzsche así lo afirmaba: “No me molesta que me hayas mentido, me molesta que a partir de ahora no pueda creerte”.

La convocatoria base que se hace en el libro citado es que recuperemos colectivamente la confianza, y castiguemos severamente al político que falta a la verdad. Tenemos que ser severos con los diagnósticos y propuestas que se basan en una mirada que no se condice con la realidad y la experiencia empírica. Requerimos consistencia, coherencia, consecuencia, y que el discurso sea seguido por la acción, y no se quede sólo en palabras.

El Banco Mundial lo advirtió: La confianza incide en la recaudación fiscal. Tanto es así que los países que muestran mayores niveles de confianza en los impuestos muestran menores niveles de evasión y de elusión. La confianza supone transparencia, la que implica saber en qué se gasta y cómo se gastan el dinero que se recauda.

Para que haya confianza es menester que el gasto se gestione con eficacia y eficiencia, que la administración sea corresponsable y se comprometa a servicios de calidad, y que en ningún caso exija mayores recursos, sin que aquello se traduzca en mejores servicios. La confianza también va de la mano de cifras confiables, en este sentido resulta sorprendente que se hable de la evasión y de elusión como el gran problema de nuestro sistema tributario, sin repararse en que para combatirla debemos saber a cuánto asciende, lo que hasta ahora no sabemos, porque nadie la mide oficial y responsablemente.

No basta, sin embargo, que volvamos a confiar. Requerimos además ser competitivos. La competencia como señalaba Herbert Clark Hoover es el incentivo del progreso. Karl Menger indicaba y con razón que la misma competencia, que es denostada por algunos sectores, y que representa el esfuerzo que se hace para obtener cualquier ventaja económica donde quiera que exista, es la que permite que los bienes lleguen incluso hasta los más pobres.

Chile debe atraer y no espantar a los capitales; bienvenida la riqueza. Aunque algunos les moleste, no es fácil emprender. Menos obtener una legitima ganancia en un modelo de mercado donde la competitividad no es defendida ni promovida.

Para ser competitivos es necesario que los impuestos no sean desproporcionados, ni debiliten la libertad económica. Desde la mirada global, en el Índice de Competitividad Fiscal Internacional que publica Tax Foundation y que clasifica a los países de la Organización para la Cooperación, estamos en el lugar 34 y bajando (38 países). Estonia que ostenta el liderazgo, presenta el sistema más simple, transparente, neutral y estable, y por si fuera poco, por lejos es más recaudatorio (34,5 % del PIB en ingresos fiscales en 2021, versus el 27% de Chile).

Reglas claras, uniformes y equitativas, son las que los emprendedores exigen. Es en esos pilares que se sostiene el crecimiento, mismo que según palabras de José Pablo Arellano es responsable del 80% de la recaudación fiscal de los últimos 30 años. Gracias al crecimiento y no a pesar de él, fue que nuestro país multiplicó su presupuesto fiscal por 6 en el mismo periodo. Claramente un sistema tributario que promueva el crecimiento y no lo debilite debe ser uno de los pilares de un sistema que busque recaudación fiscal sostenible.

Tener un sistema tributario bien estructurado, es relevante, porque facilita el cumplimiento de las normas por parte de los contribuyentes y favorece el desarrollo económico. Además, genera recursos de manera eficiente para las arcas públicas. Por el contrario, los sistemas tributarios mal estructurados pueden ser muy costosos para una economía, puesto que distorsionan la toma de decisiones económicas y dañan la capacidad de crecimiento de los países.

No podemos, como advertía Abraham Lincoln, otorgar fuerza al débil debilitando al fuerte. No se puede, aunque se quiera, ayudar al pobre arruinando al rico. La convocatoria del libro que presentó la CNC es a suscribir un verdadero pacto social, que otorgue seguridad y estabilidad, ya que los impuestos no son neutrales respecto a su impacto económico, y la estructura tributaria debe contenerse en cuerpo armónico, que reconozca el rol que cumple el ahorro y la inversión en el progreso económico y el bienestar social.

Hoy que nuestro país ha dado una potente señal para un nuevo proceso constitucional, donde la búsqueda de certezas en materia de seguridades y profundización de la libertad y progreso irrumpe con fuerza, bien vale la pena mirar el destino de las reformas del actual Gobierno; entre ellas la tributaria. La confianza, competitividad y crecimiento no pueden estar ausentes, tampoco la cooperación, ya que es la que nos permite mejorar incorporando las distintas miradas y percepciones

Hoy que nos encontramos embarcados en un proceso de diálogos tributarios para la construcción de una política fiscal de largo plazo, pensar en las 3 C del sistema tributario cobra más fuerza, sólo un sistema impositivo estable que de certezas y que favorezca el crecimiento sostenible, puede generar una palanca para el desarrollo y no una traba para los avances que el país requiere.

*Christian Aste, presidente Comisión Tributaria CNC y Juan Alberto Pizarro, presidente Comisión Tributaria Colegio de Contadores AG.

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