En tiempos donde la conversación pública parece fragmentada y el consumo audiovisual se desplaza velozmente hacia lo individual, la televisión abierta mantiene una potencia única: la capacidad de reunirnos en torno a imaginarios y debates comunes. Por lo mismo, reflexionar sobre el rol de Televisión Nacional de Chile (TVN) no es una discusión técnica ni nostálgica; es una pregunta fundamental sobre qué identidad estamos construyendo y qué espejo le ofrecemos al país.

El canal público nació con la misión implícita de ser un motor de desarrollo cultural, un espacio de información, pensamiento y una gran vitrina para la sociedad chilena. Sin embargo, al sintonizar la pantalla los domingos y reencontrarnos, semana tras semana, con emisiones continuas de Cantinflas, es inevitable sentir una profunda desconexión con ese propósito originario.

Nadie desconoce el valor histórico ni el entrañable humor del cine clásico mexicano. El problema no radica en la figura de Mario Moreno, sino en la renuncia implícita que evidencia esa programación. Un domingo —el día de pausa e introspección familiar por excelencia— debiese ser la ventana hacia el conocimiento y el patrimonio de Chile. Debiese ser el espacio en el que la televisión pública eduque y profundice: desde documentales sobre nuestra historia y geografía, hasta programas de divulgación científica, entrevistas a nuestros Premios Nacionales, análisis de las mentes brillantes del país y difusión de la creatividad nacional.

Programar de forma inercial contenidos ajenos a nuestra realidad actual no solo desaprovecha la señal pública; profundiza una deuda con nuestros pensadores, científicos, creadores y audiencias. Un canal estatal no puede medirse únicamente bajo la lógica del rating o la programación de bajo costo; su verdadero indicador de éxito radica en su contribución al capital intelectual y cultural de la nación.

Chile cuenta con una riqueza científica, humana y cultural extraordinaria que hoy lucha por espacios de difusión masiva. La ciencia, la literatura, las artes, la innovación y tecnología, el emprendimiento y el pensamiento crítico no son temas de nicho: son las herramientas esenciales con las que una sociedad procesa sus desafíos, reflexiona sobre el presente y proyecta su futuro.

TVN tiene la oportunidad —y el deber moral— de volver a liderar ese diálogo articulador. Es momento de exigir una pantalla que confíe en la inteligencia de sus espectadores y ponga en el centro el desarrollo integral de nuestra identidad. Nos merecemos una televisión pública que no solo entretenga por costumbre, sino que nos desafíe a pensar quiénes somos y hacia dónde vamos.

Director Ejecutivo del Centro para las Artes Zoco

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.