Muchas empresas creen que adoptar IA consiste en dar acceso a nuevas
herramientas. Pero la IA no resolverá procesos desordenados ni datos mal
gobernados: hará más visible la transformación digital que quedó pendiente.
Chile no necesita otra conversación abstracta sobre IA. Necesita distinguir entre usar herramientas y transformar organizaciones. Ahí se juega quién captura valor
y quién queda mirando.

Muchas empresas creen que están adoptando IA porque sus equipos usan asistentes para escribir correos, resumir documentos o preparar presentaciones. Eso es útil: permite aprender y perder miedo. Pero no basta. En ese nivel, la IA mejora tareas individuales; no necesariamente a la empresa.

El problema es que la IA no llega a organizaciones neutras. Llega a empresas con sistemas que no conversan entre sí, datos incompletos, procesos heredados y decisiones que siguen pasando por las mismas capas de aprobación. Llega, muchas veces, sobre una transformación digital que quedó a medias. Y esa deuda digital no desaparece con IA: se vuelve más evidente.

Por eso, el riesgo para las empresas chilenas no es solo adoptar tarde. Es adoptar superficialmente. Dar acceso a herramientas, hacer talleres y celebrar pilotos puede crear la ilusión de avance. Pero el valor aparece cuando la IA permite rediseñar procesos, tomar mejores decisiones y hacer trabajo antes inviable.

La evidencia global muestra esa tensión. El AI Index Report 2026 de Stanford
señala que la adopción organizacional de IA llegó al 88%, pero también advierte
que el despliegue de agentes de IA sigue en niveles de un dígito en casi todas las
funciones de negocio. La señal es clara: la IA ya entró a las empresas, pero
todavía no necesariamente cambió cómo operan
.

La pregunta estratégica ya no es solo “qué tareas puede acelerar la IA”. Esa es apenas la entrada. La pregunta relevante es otra: ¿cómo debería funcionar este proceso si la IA estuviera integrada desde el diseño? ¿Qué datos deberían estar disponibles? ¿Qué decisiones podrían tomarse mejor? ¿Qué roles deberían cambiar?

La IA puede volver más rápida a una persona sin volver más productiva a una organización. Si un informe se prepara en minutos, pero queda detenido una semana por revisiones o aprobaciones, el cuello de botella no estaba en la redacción. Estaba en el proceso.

Ahí está la diferencia entre usar IA y adoptarla en serio. La oportunidad no está
solo en hacer más eficiente lo que ya existe, sino en cambiar cómo se trabaja. Para eso se necesita menos fascinación por la herramienta y más disciplina organizacional: buenos datos, procesos claros, métricas relevantes y liderazgo desde el negocio.

También se necesita imaginación. Aún cuesta anticipar cómo será una empresa diseñada con IA desde el origen. Pero esa dificultad no puede ser excusa. Cada directorio debería preguntarse: si un competidor naciera hoy, diseñado desde cero con IA, ¿qué haría distinto?

La transformación digital fue, para muchos, una oportunidad parcialmente perdida. La transformación con IA no debería repetirse como una colección de pilotos, licencias y discursos. Esta vez el desafío es tomarse la adopción en serio.

La IA no transformará Chile porque escribamos correos más rápido, sino porque
rediseñemos cómo trabajamos, decidimos y entregamos valor.

Directora Instituto de Data Science de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo.

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