En un mundo cada vez más multipolar y con reglas en constante evolución, la figura de Donald Trump emerge como un síntoma de esta nueva realidad geopolítica. Lejos de las reacciones emocionales que suele generar, es necesario analizar con detenimiento la lógica que subyace a las acciones del mandatario estadounidense.
Según la información disponible, Trump parece entender mejor que casi nadie los cambios que se están produciendo en el orden internacional. Su propuesta para la paz entre Rusia y Ucrania es un buen ejemplo de ello. En lugar de apostar por la solidaridad incondicional con Ucrania, Trump plantea la creación de un «negocio de explotación minero» que genere un interés genuino de Washington por ese país. De esta manera, buscaría que Rusia entienda que no puede seguir hostilizando a su vecino, sin necesidad de entrar en un conflicto bélico directo.
Esta aproximación pragmática y orientada a los intereses concretos, en lugar de a ideologías o valores abstractos, se observa también en otros ámbitos. Trump tiene un marcado afán proteccionista, pero de manera selectiva y estratégica. Por un lado, busca fortalecer el mercado interno estadounidense, creyendo que para ciertos productos clave, como los automóviles, sería suficiente con el mercado doméstico y no necesitarían del externo. Esto se condice con su estrategia de priorizar los intereses nacionales por sobre las dinámicas globales.
Pero este proteccionismo no es uniforme. De hecho, Trump lo aplica de manera diferenciada dependiendo de los países y productos involucrados. Por ejemplo, ha sido más duro con México y Canadá, imponiendo restricciones migratorias y en temas de seguridad como el narcotráfico, mientras que ha sido más permisivo con otros socios comerciales, priorizando en esos casos el acceso a ciertos mercados y productos. Así, el proteccionismo de Trump no responde a una ideología pura, sino a un cálculo pragmático de dónde y cómo aplicarlo para maximizar los beneficios para Estados Unidos. Lejos de ser un afán proteccionista indiscriminado, su estrategia parece más bien selectiva y orientada a objetivos geopolíticos más amplios, como fortalecer la posición de Estados Unidos frente a rivales como China.
Pero a la vez, Trump también exhibe un tinte colonialista, como se evidencia en sus intentos por adquirir Groenlandia o ejercer mayor control sobre Panamá. Lejos de ser un mandatario impulsivo o errático, como suele ser retratado, Trump parece tener una estrategia más compleja, orientada a adaptarse a la nueva realidad geopolítica y a defender los intereses de Estados Unidos de una manera más pragmática que ideológica. En este sentido, el tema de China juega un rol fundamental. Trump entiende que el ascenso de China como potencia global representa un desafío para la hegemonía estadounidense, por lo que su afán proteccionista y colonialista buscarían fortalecer la posición de Estados Unidos frente a este nuevo rival estratégico.
Su preferencia por la fuerza sobre la negociación en algunos casos, como en el conflicto ucraniano, no sería sino una herramienta más dentro de un abanico de opciones que buscan maximizar los beneficios para su país. Lejos de ser improvisado o impulsivo, el accionar de Trump parece responder a una lógica estratégica más compleja.
En un mundo en constante transformación, donde el orden liberal internacional basado en instituciones como la OTAN y la OMC está siendo reemplazado por un escenario más multipolar y nacionalista, comprender la lógica que guía a Trump será clave para entender las implicaciones de estos cambios en el escenario internacional. Más allá de las reacciones emocionales, este análisis estratégico puede ayudarnos a reflexionar sobre las tendencias que están moldeando el nuevo orden mundial y a desarrollar nuestra propia matriz de riesgos y oportunidades frente a estos desafíos globales en constante evolución.
El desafío radica en ir más allá de las posturas simplistas o ideologizadas, y asumir una postura crítica y proactiva que nos permita anticipar y adaptarnos a los vertiginosos cambios geopolíticos que se avecinan. Solo así podremos estar mejor preparados para enfrentar los riesgos y aprovechar las oportunidades que traerá consigo la reconfiguración del orden mundial.
