Diversas columnas de opinión se han escrito con el título de “derechita cobarde”, refiriéndose a aquellos que forman parte de la derecha, pero que serían más dialogantes que otra derecha más dura o intransigente. Se han generado muchas conjeturas y ficciones respecto de esta discusión epistemológica, pero también práctica. Es frecuente que, por decir las cosas de una manera directa, seamos acusados de intolerantes o conflictivos.
El defender principios que no admiten “negociación”, transforma a quien los defiende en un ser inflexible. En esa gelatina intelectual, en la que se desenvuelve nuestra sociedad, es donde hemos perdido nuestro rumbo. Es en medio de esa frivolidad del centro, en donde se han aprobado pésimas políticas públicas, como la reducción de la jornada laboral, con nefastos efectos en la economía. Ya antes, los dialogantes parlamentarios aprobaron el cambio del sistema binominal, con muy malos resultados para Chile.
Dialogando quieren darle feriado a los dueños de mascotas cuando se les muera el perro y dialogando quieren aumentar los costos del empleador, fomentando una indemnización a todo evento. Dialogando se ha avanzado en leyes de cuotas y en beneficios ampliamente discriminatorios para los hombres. Otro caso paradigmático, es que dialogando se acordó capitalizar al banco CAF, un ente paralelo al BID, pero sin EE.UU. Chile bajo Boric decide capitalizar con más de USD 1.000 MM a un organismo completamente innecesario que ahora se ha transformado en auspiciador de eventos de todos los sectores, invitando speakers que se cautivan con apariciones pomposas. Ahí trabaja Peñailillo, sí, el mismo del gobierno de Bachelet.
Se ha afirmado que quien busca acuerdos requiere de valentía. Eso es completamente cierto, en la medida que los acuerdos no impliquen traicionar a los electores o aprobar leyes imposibles de retrotraer y que son irreversibles. Al amparo de posiciones confusas ha sobrevivido la DC, partido al cual de pequeño recuerdo nuestros padres apoyaron, para después ser traicionados con la maldita reforma agraria. En esa medianía indefinida, la DC fue perdiendo apoyos para hoy ser parte de la historia, aunque un par de militantes aún sigan aleteando para no perder sus beneficios.
Aquí no se trata de derechita cobarde o derechita valiente, se trata de defender los principios y eso le corresponde a todos, incluyendo a los empresarios que no deben ampararse en los gremios para defender lo políticamente correcto. Debemos ir más allá y defender con fuerza la supervivencia de sectores clave para la economía, también apoyar a un ministro que pretende cortar el festín de los gastos de un Estado inepto que por años se rio de los contribuyentes, fundaciones y licencias falsas incluidas.
Chile necesita más personas que opinen y digan las cosas de frente y sin temor a ser estigmatizados por aquellos que navegan en una “prudencia” mal entendida. Todos sabemos que para gobernar hay que buscar acuerdos y conversar con quienes opinan distinto, pero sin olvidar la historia. Debemos ser conscientes que la última candidata presidencial comunista obtuvo casi un 42% de los votos. Es verdad que la izquierda obtuvo los votos dentro de un proceso democrático, aunque ellos apoyan todavía la dictadura cubana y no han evolucionado un ápice en sus principios doctrinarios.
En resumen, ha existido una derechita cobarde, que no debemos encasillar de manera antojadiza, pero que sí debe reforzar sus principios y no tener vergüenza a la hora de salir a la palestra para defender lo que a Chile y a los chilenos les conviene. No olvidemos a una pandilla que quiso derribar al gobierno con el estallido delictual -aún los dialogantes le llaman social- quemando iglesias, el Metro, robando y saqueando. Con ellos no se debe dialogar. Tampoco se le debe seguir pagando indemnizaciones fraudulentas a los exonerados de la UP, quienes amparados en las firmas de “famosos” parlamentarios como Isabel Allende, accedieron a beneficios que se les siguen pagando.
Los políticos no pueden ni deben seguir haciéndose los lesos, con temas importantes que deben ser resueltos y que le darían estabilidad al país. Finalmente, no debemos olvidar a aquellos militares presos de 80, 90 y más años, que mueren cada día encarcelados y enfermos, y que en su momento fueron llamados a salvar a Chile. Aquí estamos hablando de una “derecha insensible”, que es mucho peor que una derecha cobarde. Muchos que hoy defienden la libertad y la democracia, olvidaron la historia reciente de Chile.

Excelente Andrés como siempre y muy en línea lo último con mi columna de esta semana
https://ellibero.cl/columnas-de-opinion/sobre-indultos-y-conmutacion-de-penas-a-militares-y-policias/
Efectivamente, para llegar al estado actual del país se requirió la complicidad activa de la «derechita cobarde y corrupta», que se esconde detrás de un falso «dialoguismo» que ha sido, más bien, una postración de las ideas que definen a lo que se denomina derecha.
Muy de acuerdo con lo planteado por el autor y comentarios.
Toda la razón Andres. El daño que han hecho es inconmensurable.
Excelente Andrés, como siempre.
Felicitaciones!
Excelente columna, estimado Andrés.
Comparto especialmente su idea central: dialogar y buscar acuerdos puede ser una virtud democrática, pero solo mientras ello no signifique renunciar a los principios, traicionar a quienes se representa o aprobar decisiones irreversibles que después dañen a Chile. Esa advertencia, tan necesaria hoy, está expuesta con claridad y valentía en su columna.
Y precisamente en estos días prefiero rescatar la otra cara de esa reflexión: la de los jóvenes chilenos valientes. Los 77 chacabucanos de La Concepción no optaron por el acomodo cuando el deber exigía firmeza. Este 9 de julio, nuevos soldados renovarán su Juramento a la Bandera inspirados en ese legado de honor, lealtad y amor a Chile.
Sobre el Combate de La Concepción conversamos justamente en Voces de Mando:
https://youtu.be/qdvZd1yFA_E?si=Bu9CmTpmxMXet7C5