Credit: Web Colegio San Lucas

En Chile, miles de organizaciones de la sociedad civil se levantan a diario para responder a urgencias sociales, contribuir a resolver problemas públicos y brindar oportunidades a sus beneficiarios. En total son 5.592.799 la cantidad de personas alcanzadas directamente por fundaciones y corporaciones sin fines de lucro en un año, según el último estudio de Sociedad en Acción del año 2026. Vale decir, 3 de cada 10 chilenos.

El hecho de que los individuos busquen agruparse es la máxima expresión de nuestra naturaleza social. Demostración de aquella inherente sociabilidad del ser humano que mencionaba Aristóteles y que hoy, a través de su capacidad de organizarse, permite además una capilaridad territorial en cada rincón de nuestro país. Sin embargo, ese rol de las organizaciones de la sociedad civil no solo reconoce la riqueza que hay en reunirse libre y espontáneamente por un fin en común, o por la urgencia que puede significar acortar una brecha social, sino que también pone en manifiesto esa necesidad de poner en valor un elemento fundamental: la estética en una intervención.

Al respecto, Immanuel Kant defendía que cada persona debe ser tratada como un fin en sí mismo y nunca como un medio. Esta autonomía individual, sumada a su visión de que la imaginación y la estética son claves del conocimiento, nos recuerda que la belleza no es un lujo accesorio, sino una condición habilitante. Cuando entregamos espacios o servicios de «buena factura», estamos validando la dignidad de quien los recibe y reconociendo que su subjetividad merece ser estimulada por la excelencia.

Lo vemos, por ejemplo, cuando una fundación incide en que un paradero en una zona rural no debe ser solo un refugio funcional, sino una pieza de arquitectura que dialogue con su entorno y respete el paisaje. Lo vemos también en proyectos de mayor envergadura, como la recuperación del Humedal del Río Maipo por la Fundación Cosmos en San Antonio o el Colegio San Lucas de la Fundación El Camino en la comuna de Lo Espejo, donde el estándar de la infraestructura comunica un mensaje potente: que el diseño de calidad debiera ser el estándar a usar.

Tampoco se trata de opulencia, ni de imponer un diseño. Es un maridaje perfecto entre una estrategia bottom up en donde se recogen las expectativas, historia, prioridades, contexto social y natural de una comunidad, con una estrategia top down que incorpora formas, estudios, tendencias y materialidad acorde a ese espacio y a su sostenibilidad futura. En el fondo, hablamos de un co-diseño y de pertinencia local.

Suele ser también, que estas intervenciones -una vez terminadas- actúan como verdaderos oasis en medio de contextos muchas veces marcados por la pobreza, el olvido, la violencia o la indiferencia. Un centro comunitario bien iluminado, con materiales nobles y diseño cuidado, tiene el poder de transformar la percepción que una comunidad tiene de sí misma. No es solo una casa o un edificio; es una señal de respeto que eleva las expectativas y fomenta el sentido de pertenencia.

Muchos dirán que, ante la crisis educativa, de seguridad o habitacional, la estética es secundaria frente a los conocimientos técnicos o a la solución inmediata. Y es cierto que en educación la vocación de un profesor es el motor del aula, al igual que las experiencias pedagógicas significativas que pueda desarrollar, pero si esa entrega se acompaña de equipamiento y materiales de primer nivel, como libros y espacios de calidad, la intervención como un todo se cierra con un broche de oro.

De esta manera, la belleza es, en última instancia, el lenguaje visual de la ética. De entender la belleza como expresión de libertad porque cuando juzgamos algo como bello, lo hacemos desde nuestra libre facultad de juicio, sin coerción ni cálculo. También de una forma desinteresada donde no se busca poseer lo bello, sino solo contemplarlo, y aunque hablar de belleza sea subjetivo, esperamos que otros compartan nuestra apreciación.

Por lo tanto, elevar el estándar de lo que entregamos no es un gasto; es el reconocimiento básico de que la dignidad humana exige, necesariamente, belleza.

Es de esperar, que todos se sientan convocados con esta invitación.

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4 Comments

  1. Notable Armando Holtzapfel, para el bronce: La belleza es el lenguaje visual de la ética.

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