Desde el primer Mundial en el año 1930, jugado en Uruguay, donde los uruguayos obtuvieron el primer título venciendo a Argentina 4×2, que no se enfrentan dos selecciones hispanoparlantes en una final planetaria. De esto han pasado 96 años. Argentina llega con canasta limpia, pues venció en sus 7 encuentro preliminares y España tiene a su haber 6 triunfos y un empate, con un 90,5% de rendimiento.

La final entre Argentina (avaluada en 817,50 millones de euros) y España es de dos cuadros muy parejos, con gran despliegue físico de sus volantes, con transiciones veloces para alimentar a los delanteros, y sus defensas son férreas, sobre todo la española, que tiene un solo gol en contra en el torneo. Ambas selecciones en sus enfrentamientos entre sí están empatadas en resultados, con seis triunfos para cada una y dos empates.

En mi opinión la gran diferencia de la final está en el factor Messi, que representa el eje futbolístico, el líder emocional y el símbolo máximo de la vigencia competitiva para la Selección de Argentina. A sus 39 años, su rol ha evolucionado de ser el velocista presente, para convertirse en el cerebro estratégico que define el ritmo de la Argentina.

Para llegar a esta final, la Albiceleste en un encuentro memorable derrotó a una Inglaterra sin alma ni convicción. A los 10’ del segundo tiempo los ingleses se ponen en ventaja y de ahí hasta el término de los 90’ se atrincheraron en la defensa. Argentina se les fue encima con todo, transformándose el portero Pickford en figura. Fue así como Argentina a los 85’ y a los 92’ cerró con dos goles un partido que lo tenía muy cuesta arriba. Por su parte, en Inglaterra no aparecieron ni Kane, tampoco Gordon y Rice, ni Rogers, solo el madridista Bellingham mostro chispazos de garra y buen fútbol. En el Estadio de Atlanta en las tribunas de Argentina (donde se encontraba mi yerno Crescente) los hinchas desataron una fiesta descomunal tras concretarse la remontada épica transandina. La tribuna inglesa era de desconsuelo total.

En la disputa por el tercer y cuarto puesto, podemos decir que las dos selecciones más valorizadas del planeta llegan a esta instancia, Francia (con un plantel de 1,53 mil millones de euros) e Inglaterra (valorizada en 1,31 mil millones de euros). Preliminarmente podíamos asegurar que uno de ellos, Francia, podía estar en la final y no fue así. ¿Por qué? Porque a Francia le faltó lo que creíamos le sobraba, que es JERARQUIA. Sus figuras no tuvieron el coraje ni la mente para reaccionar ante la adversidad cuando se vieron en desventaja, que fue a los 22’ del primer tiempo y después a los 58’. Tuvieron el tiempo suficiente para intentar algo distinto y no lo hicieron. Sus estrellas, Mbappe, Olise, Barcola, Dembélé y muchos etcéteras más, solo se dedicaron a reclamar y ofuscados se fueron diluyendo rindiéndose ante una España (valorizada en 1,26 mil millones de euros) que se los llevó por delante, con un fútbol que hasta entonces no le conocíamos.  

Es bueno puntualizar que esa creencia de que todo está arreglado y que la FIFA “manipula” a su antojo el fútbol en general, y el mundial en particular, yo creo que no es tan así. Por ejemplo, cómo se alzaron las voces por el foul de Messi en el primer partido. Que no se dijo el porqué no lo expulsaron. Pero la infracción de Mbappe al portero español también podría haber sido para expulsión y eso no paso. El español Lamine Yamal le entró fuertísimo al capitán galo y sólo fue amonestado. Si los réferis se equivocan, ha sido de forma pareja y sin mala intención.

En cada partido del mundial hay entre 45 y 50 cámaras de TV, lo cual se hace muy difícil que se produzcan situaciones que perjudiquen de manera alevosa a una selección determinada. Lo que sí pasa es que los árbitros “protegen” a las figuras, que son 7 u 8 en total, que son los que el planeta futbolero quiere ver y que son el atractivo del espectáculo. Si revisan el cuadro estadístico de abajo, verán los números de los cuatro finalistas que están en el podio y que merecidamente son los que han estado siempre. No se produjo lo que muchos vaticinaban de que aparecería algún “tapado”, como Noruega, Portugal, Marruecos, Croacia, Países Bajos, Costa de Marfil o Bélgica, todas estas selecciones muy respetadas y prestigiadas, pero… 

Al terminar este comentario, solo les puedo decir que disfrutemos de estos dos partidos finales. No le busquemos la quinta pata al gato viendo conspiraciones en donde no las hay, hagamos de un posible triunfo español o argentino como si fuera nuestro, divirtámonos porque esto es un juego y un espectáculo que es convocante. En lo particular estaré muy contento si gana Argentina y, si es al revés, seguro que no voy a llorar.

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