En medio de la crisis por las rebajas de condenas y los cuestionamientos a la permanencia del ministro Fernando Rabat, el gobierno del Presidente José Antonio Kast continúa enfrentando una caída en las encuestas. Además, han surgido versiones sobre un eventual cambio de gabinete, lo que ha sido desestimado por el mandatario desde su gira por Europa.

En conversación con El Líbero, el director de Panel Ciudadano UDD, Juan Pablo Lavín, analiza el impacto de la crisis y advierte que un eventual cambio de gabinete difícilmente se traduciría en una recuperación de la aprobación presidencial.

Además, revela que solo un 20% de los encuestados ha respaldado permanentemente a Kast durante las 16 mediciones que han realizado desde el inicio de su mandato, y que, entre quienes actualmente aprueban su gestión, un 35% votó por Johannes Kaiser en la primera vuelta presidencial. A su juicio, recuperar la confianza de los votantes obligados requerirá resultados económicos concretos y un cambio más profundo en la conducción del gobierno.

«Una aprobación del 24-25% se podría estar dando con o sin el caso Rabat»

—Las últimas encuestas que se han conocido muestran al Presidente Kast en su peor momento desde que llegó a La Moneda. ¿Qué están viendo desde Panel Ciudadano? 

—Si bien no tenemos el contrafactual, no sería descabellado decir que la aprobación del Presidente Kast, que en nuestro caso está en 24%, estaría en ese 24% o 25%, independiente del caso del ministro Rabat. Muchos analistas dicen que esta es la peor crisis del gobierno. Que es verdad, no sé si la peor, pero pega en el palo si no es la peor. Pero una aprobación del 24%-25% se podría estar dando en estas fechas con o sin el caso Rabat.

—¿Por qué?

—El declive que veníamos viendo en la aprobación no ha tenido tregua. En nuestro caso, que nosotros medimos a las mismas personas y hacemos la distinción entre los votantes habituales y los votantes obligados, vemos que los votantes habituales, ahí por las dos o tres semanas de gobierno, bajaron alrededor de un 30%. Y los votantes obligados sostenían una aprobación del Presidente Kast entre el 35% y 37%, dependiendo de la empresa que encuestaba.

—¿Y qué explica esa caída?

—Paulatinamente los votantes obligados han ido bajando semana a semana, mes a mes. Sin tregua. Los votantes obligados han ido bajando en cada medición, estructuralmente por la economía. Y siendo que los votantes obligados siempre han estado alrededor de 10 puntos más arriba en la aprobación comparando con los votantes habituales, ya se acoplaron, ya alcanzaron a los votantes habituales en el 30%, hace unas tres semanas atrás. Y ahora los dos en conjunto están bajando: los votantes obligados por economía, los votantes habituales puede ser por efecto de esto que estamos viendo últimamente del caso Rabat. Es muy importante recalcar que, con o sin este caso, la aprobación igual estaría en torno a lo que todas las encuestas están mostrando hoy.

—¿Y esta es una crisis política pasajera que podría revertirse, o es algo más profundo, en la que el Presidente está perdiendo a su electorado que lo llevó a La Moneda?

—Lo que vemos nosotros en los datos es que la aprobación del Presidente Kast es funcional, desde un principio la definimos así. Es decir, más que la identidad que proyectó el Presidente en su campaña, era algo totalmente funcional. La mayoría de la población compró, creyó en ese diagnóstico del gobierno de emergencia, y ese gobierno de emergencia no se va a meter en temas identitarios, sino que va a resolver los problemas, sobre todo de seguridad y de economía. Esa es una aprobación funcional. La aprobación de Boric era más emocional, tenía que ver con otras cosas, con una generación que quería hacer unos cambios estructurales (…). Desde ese contexto, uno podía predecir que la aprobación del Presidente Kast iba a ser mucho más volátil, porque tiene menos colchón ideológico. Ahora, lo funcional ha funcionado tan mal, valga la redundancia, por las malas cifras económicas, y en términos de seguridad, independiente de los datos duros que pueda haber, con la percepción o el temor, que eso ha hecho bajar a los votantes obligados y ha convertido a la aprobación en un encapsulamiento de voto o ciudadano identitario.

«Sin haberlos llamado, Kast tiene una suerte de subsidio de Johannes Kaiser«

—¿Qué signfica esto?

—Que quienes están sosteniendo hoy al Presidente son prácticamente los que él no llamó en su elección. Sin haberlos llamado, Kast tiene una suerte de subsidio de Johannes Kaiser. Nosotros, al seguir a los mismos panelistas en el tiempo, nos podemos dar cuenta de que quienes votaron por José Antonio Kast en primera vuelta, ese 23%, no es el que está sosteniendo hoy a José Antonio Kast. Sé que hay muchos analistas diciendo eso porque es lo más intuitivo. Y si uno le pregunta hoy a las personas por quién votaron no te dan el dato real. Pero nosotros, que le preguntamos en noviembre del 2025 y lo comparamos, vemos que la aprobación de hoy tiene un 50% del voto de primera vuelta del 2025 de José Antonio Kast, y el resto es un subsidio de un 35% que viene de Kaiser, y el 15% restante eran votos entre Matthei y Parisi. De alguna manera, esto te dice que lo más identitario, que en la última elección lo encarnó Johannes Kaiser, es lo que está sosteniendo al gobierno hoy.

—¿De cuánto es ese procentaje?

—Nosotros hacemos un ejercicio, cuando seguimos a las mismas personas, de sacar una suerte de ratio de los que siempre aprueban y desaprueban, cambian. Los que siempre aprueban hoy, después de 16 mediciones en ocho meses, dos mediciones al mes, son un 20%. Nosotros lo publicamos a los 90 días y era un 30%… Ahora bajó a 20%. Un 20% siempre aprobó en las 16 mediciones (…) el núcleo es 20% que siempre ha aprobado. Y ese 20% tiene un subsidio de Johannes Kaiser.

—¿Y cómo se explica ese «subsidio» del 20%, ese apoyo firme al Presidente Kast?

—No quiere decir que el 20% nunca va a bajar, pero tiene bases mucho más sólidas que tienen que ver con lo identitario. Si uno empieza a cruzar datos de ese 20%, se da cuenta de que es un porcentaje de la población que tiene una visión del país totalmente distinta al resto, son personas que se sienten muy optimistas sobre lo que viene en Chile. Son personas que en un 50% dicen que se sienten más seguras que hace un mes, que ven avances en la seguridad. Cuando les preguntamos por temas democráticos, son personas que no le dan tanta relevancia a la democracia, estarían dispuestos a tener regímenes más autoritarios.

—¿Son personas ideológicas?

—Muy ideológicas, también algo de pragmáticas, porque no son solamente votantes habituales, que son los más ideológicos, también hay votantes obligados, pero con una visión muy clara de conservadurismo, de que el Estado se meta lo menos posible. Cosas que José Antonio Kast no ha dicho, pero saben que él de alguna manera representa eso.

«El gobierno de emergencia no se ha agotado»

—¿Y qué pasa con el Presidente Kast hoy?

—La gran virtud de José Antonio Kast para ganar la última elección no es que haya competido con una candidata comunista o que estaba polarizado. Yo creo que él tuvo mucho mérito en su diagnóstico del gobierno de emergencia. Eso sigue estando ahí.

—¿El discurso del gobierno de emergencia no se ha agotado?

—No se ha agotado. De hecho, pasa algo raro, a la vez puede empeorar la aprobación, y también te da más munición para subirla. ¿A qué me refiero con esto? Cada crisis hace que el gobierno de emergencia se haga más patente. No crisis políticas como la de Rabat, pero el millón de desempleados, que siga subiendo el costo de la vida, ese tipo de cosas le sigue dando munición o relevancia a un gobierno de emergencia.

—¿Pero pareciera que la emergencia estuviese instalada al interior del gobierno?

—Efectivamente. Obviamente, mucha gente empieza a decir que hay una emergencia cada vez peor y este gobierno no sabe hacerse cargo, que hay que hacer cambio de gabinete, cambio de estrategia, etc. Por eso digo que es un poco paradójico y que retroalimenta el caso de la emergencia, porque por un lado te hace daño en la aprobación, pero por otro lado te da más argumentos para decir que Chile está en una emergencia y tenemos que hacer algo. Entonces, creo que ahí está la oportunidad de José Antonio Kast o del gobierno de retomar esa emergencia, porque eso no se ha acabado, todavía la mayoría de la población cree que estamos en una emergencia. Ahora, mucha más proporción de la población cree que esa emergencia no es por una herencia, sino que es por cómo lo ha hecho el gobierno, pero independientemente de eso, la emergencia está. Y ahí está la clave para que José Antonio Kast pueda empezar a mejorar su estándar de aprobación.

—¿El gobierno podría seguir empeorando en su aprobación?

—Podría quedarse con una aprobación del 20%, pero para bajar sobre el 20% se va a necesitar algo más, algo bastante potente.

«Un cambio de gabinete no va a influir en la opinión pública»

—¿Algo más allá que la crisis del caso de Rabat?

—Efectivamente. Y un cambio de gabinete, por ejemplo, que son como las típicas medidas que se toman cuando hay una crisis, creo que de todas maneras hay que hacerlo, en el caso de Rabat, pero un cambio de gabinete no va a influir en la opinión pública. ¿Y por qué no? Porque el daño ya está hecho.

—¿No se puede revertir el daño provocado por esta crisis?

—No, hoy es súper complejo que ese ministro pueda ser un interlocutor válido con el Congreso y pueda sacar sus proyectos adelante. Por ese lado lo tienes que cambiar, porque es muy difícil una conducción política así. Pero que tú lo cambies y después te digan «ahora subiste», no veo por dónde.

—¿Es decir, incluso con un cambio de gabinete no se va a generar un efecto en la opinión pública?

—No, y si llegara a pasar, va a durar esa semana, quizás la próxima, y va a volver a bajar. Porque hay un daño estructural. El efecto que veo yo de eso es súper político (…) es súper marginal.

—¿Y cuánto porcentaje de votantes responde específicamente a esta crisis y cuánto venía acumulándose por el desempleo o factores externos?

—Es difícil sacar el porcentaje. Pero solo viendo el caso de Rabat, de lo que pasó en octubre y ahora a principios de noviembre, yo no le daría más de un 3% de influencia. Porque ya tenían una decepción gigantesca.

—¿Qué oportunidad tiene el Presidente para revertir esta situación y volver a repuntar en la encuesta?

—No hay de dónde bajar más porque lo que tienes es una base muy identitaria, muy ideológica, que cree que el país efectivamente está creciendo o tiene mucho optimismo, que estás más seguro. Va a ser muy difícil roer esa base del 20%. Poder subir sobre ese 20% no viene por el cambio de gabinete y no viene por cosas tan pragmáticas y simples, porque es más estructural. Tienes que empezar a ganar la confianza de nuevo de las personas que se defraudaron, sobre todo los votantes obligados, y eso solamente se va a hacer con un repunte económico potente.

—¿Se necesita más que la ley de Reconstrucción?

—Bastante más. Eso puede ser una línea a seguir. Desde ahí, quizás llegue más inversión y empezamos a crecer más, pero necesitas mostrar una percepción de crecimiento mucho mayor, a este votante obligado le da lo mismo que le digas que estás creciendo al 3% y antes creciste al cero o no creciste.

—¿Y en seguridad también se necesita un cambio?

—La seguridad ha quedado muy botada. Cuando asumió el ministro Arrau fue como con bombo y platillo, y ha pasado muy desapercibido. Sin lugar a dudas, y sé por fuentes que él está trabajando mucho y sacando nuevos proyectos, pero está un poco invisibilizado por este tipo de escándalos. Quizás su agenda no es tan atractiva desde el punto de vista mediático, pero el gobierno debería enfocarse en eso. Recordemos que lo eligieron por eso, no solamente por la economía. Y tú tienes que cambiar la percepción. Se publicó un estudio del PNUD que muestra que la percepción es lo peor que tenemos. Comparas internacionalmente con Latinoamérica o con años anteriores y hay cifras mejores en muchos aspectos de la seguridad, y nadie tiene idea. Entonces, falta un ministro que esté todos los lunes dando cifras, una vez a la semana.

—Eso nos lleva al cambio de relato, al tema comunicacional, a los rumores de un diseño más profundo, con cambios en el «segundo piso», en la estructura de gobierno, ¿cree que con eso se lograría revertir la situación?

—Yo no sé si se lograría mejorar la aprobación actual de la noche a la mañana, lo que sí creo es que es necesario para estabilizar, para parar el desangramiento.

—¿Un cambio de eje frenaría el desangramiento?

—Sí, requieres que la gente note que se está trabajando por ellos 24/7. Quizás se está haciendo en el Ministerio de Seguridad, pero la gente no tiene idea. Empiecen a mostrarlo, digo.

—¿Y lo de la salida del subsecretario Silva de qué modo movió la aguja?

—Es irrelevante desde la opinión pública. Fue una torpeza en lo interno, él era una figura potente del Partido Republicano. Fuera de eso no tiene repercusión en la opinión pública ni en contra ni a favor.

—¿Cómo influye la acusación constitucional contra el ministro Rabat?

—Es difícil entender por qué no lo han sacado todavía. No sé si tiene que ver con lealtades tan fuertes que desconocemos, porque políticamente hablando, independiente de si la acusación constitucional se gana o no, estás alargando un proceso donde cada vez se va a hablar más de lo que sucedió. Y todo lo que se habla es negativo para el gobierno. Ellos tienen que sacar ese tema de la agenda y la única forma de sacarlo es sacar al ministro. Asumamos o supongamos que se da la acusación constitucional y que la gana el gobierno o el ministro Rabat y sigue en su cargo, igual va a ser un interlocutor no válido con el Congreso, entonces no tiene mucho sentido mantenerlo. No sé dónde está la ganancia de eso. Que vaya a mover la aguja o no, creo que va a seguir siendo marginal porque ese 20% es súper duro y se mueve por otras cosas, pero de todas maneras es negativo tener la agenda encapsulada en ese tipo de tema. Lo mejor que debiera hacer es cortar ahí y tratar de instalar un tema nuevo.

—¿Qué efectos genera para Chile la victoria demócrata en Estados Unidos?

—Ya se sabía hace bastante tiempo, o las encuestas y Polymarket preveían que arrasaría el Partido Demócrata. El Presidente Trump habló de que lo vieran a él en la papeleta cuando votaran, entonces que haya arrasado el Partido Demócrata lo deja muy mal parado a él. Eso de cierta manera nos indica que lo pragmático es lo más relevante en el mundo de hoy. Porque, independiente de la ideología y cosas más de fondo, si no cumples lo que proyectaste o la gente siente que su costo subió o que tiene un peor pasar que el que tenía antes, te va a castigar sí o sí. No va a estar esperando esas promesas, la gente ya no lo compra. El experimento más fuerte de eso es el de Milei, cuya aprobación ha bajado mucho. Lo esperaron por mucho tiempo y no ha satisfecho la expectativa de la gente. Entonces, lo que yo sacaría de ahí para Chile, independiente de temas más técnicos, de si van a bajar o no los aranceles, si hay que firmar o no el tratado, es que la gente está ávida por castigar al que no cumple.

—¿Y considerando también la elección en Brasil, cree que se está revirtiendo una ola de gobiernos de derecha en la región?

—No, esa es una lectura con el tejo pasado, porque yo lo miraría por el otro lado: que la excepción es lo que pasó con Lula. Por toda su trayectoria, él es un personaje excepcional, cuatro veces Presidente, saliendo electo a los ochenta y tantos años. Él es la excepción que logró ser reelegido. Lo que sigue mandando es que la gente te castiga y gana la oposición. No por Lula borras lo que está pasando en todas partes. Y lo que está pasando en Estados Unidos responde un poco a eso.

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