Hace pocos días, el cardenal Fernando Chomali dirigió una carta a los empresarios de Chile, invitándonos a preguntarnos qué sociedad estamos construyendo con nuestras decisiones y qué país queremos dejar a las próximas generaciones. La respuesta del mundo empresarial fue inmediata y, me atrevo a decir, extraordinaria: la carta circuló de directorio en directorio, se comentó en comités ejecutivos y se compartió entre colegas. Pocas veces un texto dirigido a quienes lideramos empresas había generado una acogida tan amplia y sincera.

Esa buena recepción es, en sí misma, una noticia esperanzadora. Significa que el mundo empresarial no es indiferente a estas preguntas y que existe una disposición genuina a escuchar y a revisar cómo hacemos empresa. Pero esa misma acogida nos exige algo más.

Hoy, el llamado del cardenal adquiere una urgencia especial. El viernes pasado conocimos las cifras de empleo del INE: la desocupación llegó a 9,5%; quienes buscan trabajo por primera vez aumentaron un 20,9% y la desocupación femenina alcanza un 10,3%. Detrás de cada uno de esos números hay una persona, una familia, una historia y, muchas veces, la incertidumbre de quien necesita una oportunidad.

Por eso, la carta del cardenal Chomali no puede quedar como una linda reflexión para compartir y archivar. Si bien no podemos resolver todos los problemas del país, sí podemos preguntarnos qué está en nuestras manos hacer hoy. Y una de las respuestas más concretas es abrir oportunidades, especialmente para quienes enfrentan mayores dificultades para acceder al mundo laboral.

Necesitamos estar más dispuestos a formar, acompañar y confiar en los más jóvenes. Dar una primera oportunidad laboral significa mucho más que entregar un empleo: es abrir una puerta al desarrollo, a la autonomía y a la posibilidad de construir un proyecto de vida. Lo mismo ocurre con las mujeres: tenemos la tarea de avanzar hacia culturas laborales que permitan compatibilizar mejor el trabajo y la familia, con más flexibilidad e innovación real. Y además de otros temas urgentes como la delincuencia y la corrupción, que merecen nuestra total atención, también es clave la reinserción laboral y social. Una sociedad que cree en las segundas oportunidades no puede cerrar para siempre las puertas a quienes cometieron errores y buscan reconstruir su vida, recuperar su dignidad y recomponer sus vínculos.

Como escribió el cardenal Chomali, “no existen empresas sanas en sociedades enfermas”. Esa frase contiene una advertencia, pero también una oportunidad: entender que el bienestar de la empresa y el bienestar de la sociedad no son caminos separados, sino uno solo.

En USEC creemos que la empresa es, ante todo, una comunidad de personas al servicio de las personas. Por eso recogemos este llamado y queremos dar un paso más: generar espacios de encuentro entre empresarios, trabajadores, autoridades, academia y sociedad civil; escuchar con respeto miradas distintas y, sobre todo, transformar esas conversaciones en propuestas y compromisos concretos y medibles.

La buena acogida que ha tenido esta carta demuestra que estamos dispuestos a escuchar. Ahora corresponde demostrar que también estamos dispuestos a actuar. A cada empresario, ejecutivo o emprendedor le toca preguntarse: ¿qué puedo hacer desde mi posición? ¿Qué oportunidad puedo abrir? ¿Qué persona puedo ayudar a incorporarse, desarrollarse o volver a empezar?

Son desafíos que ningún actor puede resolver solo. Necesitamos que estos esfuerzos no sean iniciativas aisladas, sino parte de una convicción compartida: que hacer empresa en Chile también implica asumir una responsabilidad con el país.

La carta del cardenal Chomali ya cumplió su primer objetivo: nos convocó y nos hizo pensar. No dejemos que se quede ahí. Hagámosla acción.

Presidenta USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos

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