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Enade

El Enade 2024, realizado el jueves 25, deja de manifiesto algunos rasgos muy típicos de la dirigencia de la sociedad chilena y, particularmente, de su sector empresarial. Más allá del siempre valorable esfuerzo anual por reunir a los principales líderes políticos y empresariales del país y generar una instancia común para presentar posiciones y establecer cierto diálogo, esta reunión de la alta dirección suele dejar poco o nada en limpio. Morigerados discursos ad hoc, mensajes esperanzados, llamados a hacer lo obvio (que no se está realizando), alguna broma preparada con ánimo de distensión, un poco de glamur, saludos, fotos. No está mal, es mejor que nada, todavía más en tiempos de profundo desencuentro político-social, en el contexto del actual Chile “crispado”.

Qué decir de las declaraciones entre los asistentes, in situ o inmediatamente posteriores a la actividad: salvo excepciones, mostrarían ir “miel sobre hojuelas”. En fin, primacía del buenismo a costa, por supuesto, de la difuminación de la verdad.

En la instancia, el Presidente se desdice para mostrar su interés por efectuar reformas políticas imprescindibles, esta vez, claro, sin condicionamientos estrictos. El público parece caer en éxtasis por el notable giro exhibido (¿nunca le han visto otros?). Ahora sí las cosas parecen comenzar a enrielarse para dar posibilidad al tan anhelado crecimiento económico, extraviado hace rato del escenario nacional. ¿Todos más contentos ahora?

Predeciblemente, el baile de máscaras, la prevalencia del eufemismo, la mesura forzada que impregna el ambiente dura pocas horas. La ministra vocera de Gobierno y el ministro Secretario General de la Presidencia, en sendas intervenciones ante los medios de comunicación, se apuran a enmendar la plana, dándole una interpretación claramente menos concesiva a las palabras del primer mandatario. Reforma política sí, ¿cuál exactamente?, pero de la mano de otra de pensiones, ¿insistiendo con el sistema de reparto? Vuelta un poco a lo mismo de antes, formulado ahora en términos más agradables al oído.

Hay que dejar de “engañarse en el juego del solitario” y ser más asertivos. Qué distinto habría sido, por ejemplo, que los líderes empresariales hubiesen hecho ver la importancia de que Boric aprovechara la ocasión para sorprender realizando un anuncio concreto de reforma política estabilizadora para la marcha nacional; esto es, haber propuesto acciones en aras de mejoras reales. Sin embargo, parece que le sigue bastando con embolinar con su retórica genérica, demasiado zigzagueante y, por eso, a estas alturas nada creíble. ¡Lo cortés no quita lo valiente! Falta decir las cosas no sólo amablemente (eso siempre), sino con franqueza; especialmente, en oportunidades cara a cara como ésta. Una actitud condescendiente, tibia, no sirve; es más, colabora al desastre inevitable que presagia el derrotero profundamente errado por el que se está llevando al país.

*Álvaro Pezoa Bissières. Director Centro Ética y Sostenibilidad Empresarial. ESE Business School

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