Boric lenguaje

Se ha dicho en muchas oportunidades que el lenguaje crea realidades, y, en los últimos años, hemos sido testigos de cómo, a través de su uso distorsionado, se puede conseguir el efecto contrario, descalificando a las personas y destruyendo realidades.

Una consigna que fue considerada como “verdad revelada” el 18 de octubre del 2019 fue que era intolerable el uso del agua para la producción de bienes y servicios, que eso era sólo una motivación de lucro por parte de aquellos que se beneficiaban gracias al extractivismo que perjudicaba al medio ambiente y dejaba a muchas personas sin agua para sus necesidades más básicas.

Recordemos que en ese escenario muchos decían que el déficit hídrico que sufría Chile no se debía a la sequía, sino que al saqueo.

Favorablemente, el tiempo ha aquilatado esta discusión. Sin embargo, aún quedan vestigios de esas “verdades reveladas”, que llevan a una persona a tener que buscar alternativas, o incluso eufemismos, para decir que el agua es un bien nacional de uso público que puede ser empleado para el desarrollo de actividades productivas y así mejorar la calidad de vida de las personas.

Un ejemplo de que el lenguaje ha vuelto a ser utilizado para construir, en vez de destruir, y convocar a todos para alcanzar la seguridad hídrica se vio hace algunas semanas en la Expo Agua Santiago 2024. Claudia Papić, directora de contenidos del evento, planteó la necesidad de converger, articular esfuerzos, trabajar colaborativamente y poner mayor velocidad en la tarea, porque “no hay agua que perder”.  Esto en sintonía con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 de Naciones Unidas, que es garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.

En la última versión de la Expo Agua se desarrollaron varios paneles y diálogos. Dentro de estos últimos hubo uno que se tituló «Colaboración público-privada para avanzar hacia la seguridad hídrica», en el cual quedó de manifiesto que con voluntad e iniciativa son posibles las soluciones innovadoras, el financiamiento sostenible y una gestión eficiente del agua, que permita garantizar un futuro resiliente y equitativo para todos.

La semana pasada hubo una segunda oportunidad de ver cómo el lenguaje se puede emplear para ilusionarnos con metas como alcanzar el bien común a través de la sostenibilidad hídrica.

El miércoles 16 de octubre fue la vigésima versión del Encuentro Nacional del Agro, Enagro 2024, organizada por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), en donde se destacó el potencial de Chile para ser una potencia eco alimentaria en la medida que use adecuadamente su capacidad productiva sostenible y la posibilidad de entrar a nuevos mercados internacionales como la India y la ASEAN. El planteamiento del presidente de la SNA pareció haber sido recogido por el Presidente Gabriel Boric quien, en el mismo acto, comprometió la participación del gremio, y de agricultores, en su próxima misión a la India.

Está claro que el agua es mucho más que un líquido para beber. Con un lenguaje positivo, ajeno a ideologías y lugares comunes, podemos facilitar y estimular un salto cuantitativo y cualitativo en la gestión sostenible de nuestros recursos hídricos, permitiendo que cumpla las funciones ambientales, sociales y productivas que el agua tiene lo que, en definitiva, ayuda a mejorar la calidad de vida de todas las personas en Chile.

Consultor en Asuntos Hídricos y Sostenibilidad

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